Opinión

¿SERÁ QUE SOY IMBÉCIL?

Tampoco logro comprender las explicaciones sobre los cuestionamientos que ha recibido por su cercanía profesional con personajes vinculados a estafas, paramilitarismo o narcotráfico.

Iván González/Opinión/El Pregonero del Darién/Columnista invitado.

Durante muchos años viví engañado. Creí ser una persona razonablemente inteligente. Pensé que leer mucho servía para algo, que estudiar ayudaba a comprender mejor el mundo, que investigar era una buena costumbre y que el sentido común tenía alguna utilidad práctica. Llegué incluso a suponer que mis opiniones podían tener cierto valor. Tamaño error.

Esa equivocada percepción me llevó a ser asesor de dos ministros, de varios secretarios de despacho y de más de un rector. También dediqué buena parte de mi vida a la docencia. Pobres mis alumnos: ahora comprendo la desgracia que significó para ellos tener como profesor a semejante incompetente intelectual.

No satisfecho con ello, cometí una imprudencia aún mayor: escribí dieciocho libros. Dieciocho. Una cifra que hoy me produce vergüenza retrospectiva. Si alguno de ustedes no los ha leído, por favor, no empiece ahora. No quisiera cargar con nuevas culpas.

Mi repentina revelación se produjo al descubrir que soy absolutamente incapaz de entender cómo más de diez millones de colombianos pudieron votar por un personaje que, a mis limitados ojos, resulta caricaturesco, estridente y profundamente inquietante. Un hombre que parece haber encontrado inspiración estética en ciertos gánsteres de comienzos del siglo XX; que habla con admirable ligereza de “destripar” a sus contradictores; que relata episodios de maltrato animal sin el menor asomo de incomodidad; que llegó incluso a exhibir en televisión una parte muy íntima de su anatomía para ilustrar, según dijo, las razones de su éxito sentimental.

Seguramente todo ello posee una profundidad filosófica que mi escasa inteligencia no alcanza a descifrar.

Tampoco logro comprender las explicaciones sobre los cuestionamientos que ha recibido por su cercanía profesional con personajes vinculados a estafas, paramilitarismo o narcotráfico, ni las acusaciones que algunos de ellos han formulado en su contra. Debe existir una lógica superior que conecta todas esas piezas y que, por desgracia, permanece fuera del alcance de mis limitadas capacidades analíticas.

Mi ignorancia tampoco me permite apreciar adecuadamente a alguien que desprecia expresiones fundamentales de nuestra cultura popular, que considera que el sancocho y el ajiaco son comida impropia de seres humanos, que vive lejos del país que aspira a gobernar, que posee varias nacionalidades y que ha proclamado con entusiasmo su compromiso prioritario con intereses distintos a los de Colombia.

Y, para completar mi torpeza, tampoco consigo descubrir las extraordinarias virtudes de un programa de gobierno que muchos consideran brillante. Seguramente las tiene. El problema, insisto, debe ser mío.

Lo que más me desconcierta es que varios amigos, familiares y antiguos alumnos, personas a quienes considero inteligentes, defiendan con tanto fervor a este personaje. Algunos incluso se molestan profundamente cuando expreso mis reservas. Otros llegan a insultarme, quizá movidos por la noble misión de corregir mi evidente estupidez.

Por eso he decidido asumir mi condición con humildad. Les pido disculpas por pensar diferente. Les pido perdón por no comprender las razones que consideran tan evidentes. Les ruego paciencia con mis limitaciones intelectuales.

Solo espero que, pese a mi notoria incapacidad para entender los nuevos tiempos, no me borren de sus afectos. Que sigan apreciándome como antes. Que a ninguno se le ocurra destriparme, perseguirme, señalarme o castigarme por el simple hecho de ser tan rematadamente torpe.

Porque, aunque reconozco mi ignorancia, debo admitir algo más: tengo miedo.

Y cuando una sociedad empieza a castigar las preguntas y a premiar las adhesiones incondicionales, el miedo deja de ser un asunto individual para convertirse en un problema colectivo.

Mis disculpas, entonces, a todos mis inteligentes amigos. Perdónenme tanta estupidez.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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