La polémica autonomía universitaria
Es de cobardes no tomar partido, pues de acuerdo con la sentencia atribuida erróneamente a Dante Alighieri, las pailas más profundas y calientes del infierno están reservadas a quienes en tiempo de crisis optaron por la neutralidad.

Jaime Bedoya Medina/Opinión/ El Pregonero del Darién
Pensando en voz alta
Se armó la de San Quintín, con el anuncio del presidente de entrar a las universidades, por los vándalos y terroristas. Los defensores de la medida dicen que la autonomía universitaria no puede ser patente de corso para la delincuencia. Los enemigos, que por esa puerta entra la violación a los derechos humanos, y se fundamentan en datos históricos de los abusos de las fuerzas armadas porque nadie desconoce las atrocidades que cometieron en tiempos de Vega Uribe, Landazábal Reyes, Bedoya Pizarro, Yanine Díaz, Lema Henao, Camacho Leyva, formados en la doctrina del enemigo interno, imbuida en su mente por la Escuela de Las Américas.
La llegada de Juan Manuel Santos al Ministerio de Defensa desveló las atrocidades y produjo las primeras bajas de altos mandos, con la tristeza del presidente Uribe a quien, según sus palabras, no le cabía en la cabeza que las fuerzas armadas pudieran delinquir. La evidencia de los hechos, las denuncias y la presión internacional lo obligaron a tomar la para él, dolorosa decisión de purgar 27 altos mandos. Santos es el arquitecto de la limpieza de nuestros organismos armados que más tarde se afinaría con las purgas del expresidente Petro y la llegada de centenares de uniformadas a declararse culpables ante la JEP. Así que, ambos tienen razón.
Pero como es de cobardes no tomar partido, pues de acuerdo con la sentencia atribuida erróneamente a Dante Alighieri, las pailas más profundas y calientes del infierno están reservadas a quienes en tiempo de crisis optaron por la neutralidad, creo que el Estado no puede tener lugares vedados cuando hay delitos. No me gustan los encapuchados, ni la quema de carros, ni las bombas molotov. Salí a todas las manifestaciones de protesta y nunca tiré piedras y menos me encapuché, ni siquiera en los peores tiempos del Estatuto de Seguridad promulgado por el grotesco presidente Turbay Ayala, cuando los organismos secretos seguían a los manifestantes para fotografiarlos, buscarlos y luego desaparecerlos. El vandalismo no tiene nada de revolucionario.
Tumbar torres y volar oleoductos no es patriótico, aunque por ese tubo se lleven el petróleo y el gas, pues con las acciones terroristas, los más sacrificados son los campesinos pobres que ven envenenar las aguas, sustento de su vida, de los cultivos y de los animales; los crímenes de esos “revolucionarios” que dicen defenderlos de las atrocidades del Estado no me cuadran. Gracias, prefiero al Estado, aunque imperfecto y con necesidad de criticarse y reformarse. Como seguramente la fuerza pública va a entrar, espero y confío en que los uniformados respeten el derecho a la protesta pacífica y la medida no la conviertan en espada afilada para reprimir las ideas críticas al gobierno. La derecha protestó contra el expresidente Petro y a nadie le pasó nada. Duque, en Cambio, sacó los ojos a muchos.






