Opinión

Viajar en el tiempo: el futuro no se sueña, se construye

Imaginar está bien. Construir es mejor. Y en Colombia, hoy, tenemos una herramienta para hacerlo: el proyecto del Pacto Histórico.

Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién

 Viajar en el tiempo. ¿Un sueño? ¿Una realidad  distante? ¿Una posibilidad tecnológica en un futuro lejano? Durante mucho tiempo hemos creído que desplazarnos hacia adelante o hacia atrás en el tiempo era cosa de la ciencia ficción o, en el mejor de los casos, de la memoria y la imaginación.Y no está mal. La memoria nos retrotrae a espacios y sentimientos del pasado; la imaginación nos aventura a mundos de ensueño y realidades fantásticas.

Pero hay un viaje al futuro más poderoso, más urgente y, sobre todo, más humano. No es el que ocurre solo en nuestra mente. Es el que construimos con nuestras  manos, con nuestras leyes, con nuestros artefactos  físicos y sociales. Es el viaje que implica dejar de ser espectadores para convertirnos en ingenieros del  tiempo que está por venir.

Los seres humanos tenemos una capacidad extraordinaria, y a menudo subutilizada o usada para privilegios particulares. Podemos diseñar y materializar el futuro. No a través de máquinas hipotéticas, sino mediante la construcción de puentes, hospitales, escuelas, sistemas de riego, redes eléctricas, pero también mediante instituciones más justas, reformas agrarias, sistemas de salud universales, democracia participativa y economías que pongan la vida en el centro. Cada política pública, cada decisión colectiva, cada artefacto que  fabricamos es un viaje real hacia un porvenir distinto.

Entonces, ¿a cuál viaje nos referimos cuando pensamos en el futuro? ¿Al viaje físico de la ciencia ficción? ¿Al viaje pasivo de imaginación de un mejor futuro? ¿O al viaje activo que todos podemos emprender hoy para mejorar nuestra situación de existencia, nuestro bienestar y la equidad de nuestra sociedad?

No creo que debamos negarlo. Nos consume más la preocupación por el futuro que la nostalgia por el pasado. Pero la preocupación no basta. La imaginación tampoco, si no va acompañada de acción. La imaginación es democrática, sí, pero sus frutos solo se vuelven reales cuando se organizan voluntades, se construyen mayorías políticas y se implementan transformaciones concretas.

Y aquí quiero ser claro. En Colombia, hoy, existe una opción que nos permite emprender ese viaje real hacia  un futuro mejor. El proyecto de país del Pacto Histórico. No es una ocurrencia pasajera ni una mera consigna proselitista. Es una propuesta de país que entiende algo elemental: el futuro no se improvisa, se construye. Se construye con artefactos sociales como la reforma agraria integral, que transforman la propiedad y el trabajo; con artefactos físicos como la transición energética justa, que cambian la matriz productiva y prohíben que el extractivismo siga devorando territorios; y con artefactos institucionales como la paz total y la justicia social, que reescriben las reglas del Estado y hacen posible una convivencia digna y duradera.

Tres tipos de artefactos, una sola dirección: dejar de soñar el futuro desde la tribuna para empezarlo a levantar, con las manos y sin excusas, desde la tierra misma.

Elegir en las elecciones para presidente al Pacto Histórico es elegir viajar hacia un destino donde el bienestar no sea privilegio de unos pocos, donde el territorio tenga voz, donde la vida campesina, indígena, afro y popular sea digna. Es decir, preferimos construir un país más equitativo y justo, aunque eso signifique enfrentar resistencias, antes que quedarnos soñando despiertos en un presente que nos duele.

Por supuesto, no existe una única interpretación del viaje en el tiempo. Pero hay una que nos convoca hoy  como colombianos. El viaje hacia adelante no es solo  imaginación, es voluntad política organizada. La  memoria nos da identidad; la imaginación nos da esperanza; pero solo la acción colectiva transforma la realidad.

Así que viajemos en el tiempo, sí. Pero no hacia atrás, para muchos doloroso. Viajemos hacia el futuro que podemos edificar con nuestras manos, con nuestros votos, con nuestros pactos. El proyecto de país del Pacto Histórico es, hoy, la máquina social más avanzada que tenemos para hacerlo realidad. No dejemos pasar esta oportunidad. Porque el futuro no  espera. Se construye. Y se construye ahora.

*Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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