Opinión

¡Manos fuera de Colombia!

Miles de trabajadores y empresarios han sufrido las consecuencias de unas medidas adoptadas con fines políticos.

Ramón Elejalde Arbeláez/Opinión/El Pregonero del Darién

El 1 de febrero de este año, el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa Azín, decidió imponer un arancel del 30 % a las importaciones de productos colombianos. Posteriormente, el 1 de mayo, elevó esa carga impositiva al 100 %. Noboa bautizó esa especie de sanción con el nombre de “tasa de seguridad”, una denominación claramente peyorativa, pues según él los problemas que aquejan a la hermana república tienen su origen en nuestro país.

Sin embargo, este viernes, durante una conversación sostenida con el candidato presidencial Abelardo de la Espriella, ampliamente difundida por medios de comunicación y redes sociales, donde se anuncia la suspensión de esos aranceles, la jugada política quedó al descubierto. La verdadera intención del mandatario ecuatoriano al imponer esas medidas era influir en la política colombiana y en el proceso electoral que actualmente se desarrolla en nuestro país.

En Colombia se especuló ampliamente que los aranceles habían sido impuestos pocos días después de la visita de un reconocido expresidente colombiano a Ecuador. El segundo intento de Noboa por intervenir en la política nacional fue cuando afirmó que reduciría esos aranceles en caso de una victoria electoral de la señora Paloma Valencia. Como este intento no produjo ningún efecto político visible, ahora decidió repetir la estrategia con un candidato que, según las encuestas, podría llegar a una eventual segunda vuelta.

Resulta preocupante que quienes aspiran a la Presidencia de la República estén dispuestos a hipotecar o poner en riesgo la soberanía nacional de esa manera. Hay asuntos en los que no todo vale, y este es uno de ellos. Ni los estadounidenses, ni los europeos, ni los ecuatorianos pueden decidir por nosotros cuestiones tan fundamentales como la elección de nuestro jefe de Estado. Esa es una decisión exclusiva e indeclinable de quienes ostentamos la nacionalidad colombiana. Del mismo modo, a los ciudadanos ecuatorianos tampoco les agradaría que nosotros intentáramos intervenir en asuntos que les corresponden únicamente a ellos.

También resulta contradictorio presentarse como el candidato de “Firme por la Patria” mientras se recibe respaldo de maniobras políticas promovidas desde gobiernos extranjeros. Cabe entonces preguntarse: ¿de cuál patria estamos hablando? ¿De Colombia, de Ecuador, de Estados Unidos, de Italia o de todas a la vez? Ningún colombiano que se respete debería aplaudir las injerencias externas en la vida política nacional. Hacerlo equivale a desconocer un principio elemental de soberanía.

Pero la mayor miseria de esta jugada política radica en la grave situación a la que Noboa ha sometido a los habitantes de las poblaciones fronterizas con Colombia. Miles de trabajadores y empresarios han sufrido las consecuencias de unas medidas adoptadas con fines políticos. Provocar el cierre de empresas y afectar el sustento de familias enteras para intentar influir en la política de otro país constituye una muestra de mezquindad difícil de justificar.

Los colombianos tampoco pueden olvidar que la Comunidad Andina de Naciones ya había ordenado al Ecuador levantar esos aranceles, mediante una decisión obligatoria y de cumplimiento inmediato. Por eso, el espectáculo protagonizado por Noboa y por quien algunos han llamado el “tigre del Ecuador” no pasó de ser una puesta en escena sin mayores efectos jurídicos.

Por favor, señores extranjeros: ¡manos fuera de Colombia! Y los colombianos salgamos a votar masivamente por quienes no venden la patria y defiendan su soberanía.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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