Opinión

Cepeda no es un hombre de apariencias

Quizás me indignan esas críticas porque veo en Iván Cepeda Castro a mi padre, filósofo e historiador de izquierda, profesor de universidad pública, en la que creyó sin reparos.

María Luisa Restrepo Arango*/Opinión/El Pregonero del Darién

Dicen que Iván Cepeda debe sonreír más para conseguir votos, para seducir a los indecisos, como si estuviera en un reinado de belleza, no librando la batalla más dura que ha dado en su vida: salvar de la debacle a la democracia colombiana y a los derechos de quienes habitamos este país. La realidad no está para risas, ni Cepeda tiene por qué rebajarse a la fantochería y el espectáculo vacuo de su contrincante. Él busca convencer desde la seriedad y el peso de los argumentos, con base en hechos tangibles y verdades, aunque resulten incómodas a tanta gente.

Tampoco tiene que cambiar su “saquito de lana de jubilado” para parecer más actual y moderno, como “De la espriella style”, porque Cepeda no es hombre de apariencias sino de convicciones y principios. No necesita desviar la atención del público de su discurso serio y veraz; ni con fachas modernas, ni con luces artificiales, ni con bailes ridículos, como le toca a su contrincante, para disimular las falacias de sus consignas de campaña, vacías en contenido, pero llenas de violencia.

Quizás me indignan esas críticas porque veo en Iván Cepeda Castro a mi padre, filósofo e historiador de izquierda, profesor de universidad pública, en la que creyó sin reparos hasta el último día de su vida, y por la que luchó con la fuerza de la palabra, convencido siempre de la importancia del pensamiento crítico, que suscitó en sus alumnos desde la lectura de la historia, la filosofía y la literatura. Mi padre, como Cepeda, era inmune a los avatares de la moda, se rehusaba a modificar su estilo atemporal, haciendo de su chaqueta de dril un rasgo característico de su personalidad.

Él, como Iván, nunca renunció a sus convicciones políticos, sin importar que tantos de sus amigos y colegas de izquierda, optaran por la amargura de quienes, con el cansancio y las desilusiones de los años, deciden renunciar al sueño de una sociedad más democrática, igualitaria y pacífica.

Por eso estoy convencida que mi padre, aunque seguramente habría cuestionado cosas del gobierno Petro, reconocería en Iván Cepeda las luchas que él mismo dio desde las aulas; con su libro “Proceso histórico de los derechos humanos en Colombia”; con su icónica investigación sobre baldíos (escrita con Jorge Villegas), y con cada uno de los números de las revistas universitarias que publicó, convencido siempre, como Iván, de que a la gente no hay que darle espectáculos superficiales, sino herramientas para pensar y elegir críticamente.

* María Luisa Restrepo Arango es licenciada en Historia de la Universidad Nacional de Colombia; ha escrito artículos en Las Dos Orillas y Universo Centro; es autora del libro ilustrado La leyenda de los Jardines de Babilonia y está próxima a publicar su primera novela.

NOTA ACALARATORIA: Nota aclaratoria: las opiniones que vierto en este texto responden única y exclusivamente a mi percepción individual y subjetiva, no comprometen en ningún modo las opiniones políticas del resto de mi familia.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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