Liberalismo: triste final de un partido histórico
¿Dónde está hoy el pueblo liberal? Gran parte del liberalismo nutre actualmente al Pacto Histórico. No de otra manera se explica el crecimiento exponencial de esta colectividad de centroizquierda.

Ramón Elejalde Arbeláez/Opinión/El Pregonero del Darién
Para saber qué pasó con el Partido Liberal, debemos mirar retrospectivamente algunos datos: en el año 1994, el liberalismo obtuvo cincuenta y seis (56) senadores de los ciento dos (102) que integraban la Cámara Alta. En esas mismas elecciones, la colectividad roja consiguió ochenta y ocho (88) representantes de los ciento sesenta y tres (163) de la Cámara. Es decir, el liberalismo era mayoría absoluta en ambas corporaciones, con capacidad decisoria sin necesidad de requerir de otras colectividades.
Para 1998, a pesar del desgaste provocado por el proceso ocho mil, el Partido Liberal obtuvo cuarenta y ocho (48) escaños en el Senado y ochenta y cuatro (84) en la Cámara. Seguía siendo mayoría absoluta en esta última. Hoy los resultados son paupérrimos: el partido escasamente alcanza trece (13) escaños en el Senado y treinta y dos (32) en la Cámara, con una escasa participación del 12 % del electorado colombiano, cuando hace treinta años representaba más del 50 %. Los números no mienten y los resultados están a la vista.
La debacle liberal comenzó, valiente es reconocerlo, con el proceso ocho mil, pero se intensificó durante los gobiernos del doctor Álvaro Uribe, quien se convirtió en el verdadero sepulturero del liberalismo colombiano. Uribe se retiró de las huestes rojas acompañado de un grupo importante de líderes y, posteriormente, desde el gobierno se dedicó a atraer parlamentarios liberales para sus propósitos políticos y gubernamentales. Recuerdo claramente cómo el 7 de septiembre de 2002 asistimos cerca de setenta (70) parlamentarios liberales a visitarlo, recién posesionado, con el propósito de fijar las posiciones del liberalismo frente a su gobierno. Al finalizar ese primer mandato, ya no éramos ni la mitad de quienes habíamos asistido a aquel encuentro; muchos habían emigrado hacia las colectividades uribistas. Uribe se convertía así en el verdugo de un partido otrora glorioso.
¿Dónde está hoy el pueblo liberal? Sencillamente, gran parte del liberalismo nutre actualmente al Pacto Histórico. No de otra manera se explica el crecimiento exponencial de esta colectividad de centroizquierda. También es lógico que ese liberalismo empresarial, ganadero y terrateniente haya migrado, muy naturalmente, hacia partidos como Cambio Radical, el Partido de la U y el Centro Democrático. Así queda absuelta la pregunta.
¿Qué queda entonces del Partido Liberal? Sencillamente, los prisioneros del aval liberal. El partido ya no es opción de poder; ya no presenta candidatos propios para la Presidencia de Colombia ni para las gobernaciones y alcaldías de las grandes ciudades. Es simplemente una agencia de avales para personajes que, por la ley de bancadas, quedaron allí atrapados. Triste final para un partido otrora grandioso y portentoso. Tan grave es la postración ideológica del liberalismo, que hoy tiene parlamentarios cercanos a los tres candidatos más importantes de la contienda presidencial; es decir, tiene representación para todos los gustos y sabores ideológicos. El partido va sin rumbo, escasamente sobreviviendo y bajo una dirección familiar —César, Simón y María Paz Gaviria— que lo conduce a un desenlace triste y lamentable.
El liberalismo se alejó de la clase obrera, de los campesinos, de los olvidados por la fortuna, de las minorías y de los excluidos; de todos aquellos que, en épocas memorables de Uribe Uribe, Gaitán y Galán, decía defender. Para colmo de males, hoy se asocia con quienes fueron sus verdugos, en contra de aquellos que otrora fueron sus protegidos. Para poder subsistir, le va quedando un camino claro al liberalismo de los Gaviria, fusionarse con el Centro Democrático y esa unidad es fácil, ya piensan igual.
Por todo lo aquí dicho, yo me niego a votar por mis verdugos. Por lo pronto, haré liberalismo en otros lares para ser consecuente con mis ideas.





