Política Colombiana

Vargas Lleras, un destino para presidente que no fue

Tuvo todo para ser presidente: el apellido, la disciplina, el conocimiento de la tecnocracia, pero le faltó uno de los elementos más importantes: el carisma para ganarse a la gente y sus votos.

Foto principal- Minvivienda/ Entró al gobierno Santos primero como ministro de Interior y de Justicia y después como ministro de Vivienda, y empezó allí a pavimentar su camino a la Presidencia.

Análisis de la noticia/Daniela Garzón/razonpublica/El Pregonero del Darién

En 2016, en un perfil sobre Juan Manuel Santos después de anunciarse el Nobel, Rodrigo Pardo escribió que él era el designado por la historia para ser presidente. Muchos pensaban que ese era el mismo destino de Germán Vargas Lleras, justo después de Santos, pero eso nunca ocurrió. 

El video de un coscorrón a uno de sus guardaespaldas y la pérdida del plebiscito lo dejaron en cuarto lugar en la primera vuelta de 2018. No volvió a ser candidato presidencial. Aun así, dejó un legado en la política colombiana reconocido más por la clase política que por el electorado, porque nunca fue un líder de plaza pública, sino un político profesional que navegó cómodamente entre el clientelismo, pero al que nunca señalaron de haberse robado un peso. 

La carrera política 

Vargas Lleras no se saltó ninguno de los eslabones que construye una carrera política, que arrancó desde la cuna. Nació en 1962, en una casa en la que se respiraba política, por ser nieto de Carlos Lleras Restrepo, presidente de Colombia entre 1966 y 1970. De su abuelo, Vargas Lleras heredó la tradición de ejecutor, pues Lleras Restrepo modernizó a Colombia con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), el Instituto Colombiano de Ciencias (Colciencias), el Instituto Colombiano para la Educación Superior, entre otros. Vargas Lleras lideró uno de los proyectos más ambiciosos de vivienda para los más pobres durante el gobierno Santos, las cien mil casas gratis, y prometía en su programa de 2018 “no ser el más simpático, pero sí el mejor ejecutor que haya tenido este país”. 

Arrancó su trayectoria política en las juventudes galanistas recién entrado a la Universidad del Rosario, donde estudió Jurisprudencia. Fue director departamental del Nuevo Liberalismo en Cundinamarca, después concejal de Bojacá en 1984, y aspiró fallidamente al Concejo de Bogotá en 1988. La cercanía con Galán fue tan grande, que lo acompañaba el 18 de agosto de 1989 cuando lo asesinaron en Soacha. 

En 1990, Vargas llegó por primera vez al Concejo de Bogotá y en 1993 se lanzó al Senado, avalado por el Partido Liberal. Fue senador por un largo período, primero por el Partido Liberal, después a través de su propia lista y finalmente por Cambio Radical (CR), del que se hizo el jefe único desde 2003, cuando la reforma política obligó a la fusión de diversas colectividades y a la disminución del número de partidos. 

Durante su paso por el Congreso se destacó por proyectos como el Estatuto Anticorrupción, uno para regular el cabildeo, por sus críticas a las zonas de distensión del Caguán y por liderar durante el gobierno de Uribe la bancada oficialista. Vargas Lleras fue uno de los primeros liberales en sumarse a la campaña de Uribe Vélez a la Presidencia, justo después de que se suspendieron los diálogos con la guerrilla de las Farc en 2002. 

La relación de Vargas Lleras y Uribe fue de encuentros y desencuentros. Vargas abandonó las filas de los liberales oficialistas en 2002 porque para ese momento estaban apoyando la candidatura de Horacio Serpa. Durante el primer mandato de Uribe fue uno de los promotores del referendo constitucional que, con quince preguntas, intentó modificar la Constitución, y del proyecto de reelección presidencial inmediata. Aunque no entró en el nuevo partido que congregó a los uribistas en el Congreso —el Partido de la U—, junto con Cambio Radical, Colombia Nueva y Colombia Democrática, compitieron por cuál era el partido más uribista. 

Pero las grietas con Uribe comenzaron en la discusión del proyecto de ley de Justicia y Paz, para la desmovilización paramilitar. Vargas cuestionó al Gobierno por esperar que los congresistas cargaran el costo político de ofrecer condiciones muy favorables para los paramilitares y la posibilidad de que entraran narcos en la desmovilización. 

«En 2018, a pesar de recolectar más de cinco millones de firmas para su inscripción y de intentar desmarcarse de su partido, Vargas se apuntó el mayor fracaso de su vida política: perdió en la primera vuelta«

A partir de 2006 el uribismo de Vargas se transformó por peleas por la repartición burocrática. En 2010, después de haber renunciado al Congreso y de no acompañar la promoción del referendo para un tercer mandato de Uribe, anunció su candidatura presidencial, y entró con Santos en la disputa por quién sería capaz de mantener la seguridad democrática de Uribe. 

Durante ese tiempo comenzó a liderar en Cambio Radical la agregación de políticos regionales, para constituir una de las primeras fuerzas políticas en el Congreso. Para ello, reclutó políticos como los de la familia Char, y en efecto se vieron los resultados de esa coalición durante algunos períodos congresionales, en los que el poder de CR aumentó. Esa misma agregación, una suerte de todo vale ha llevado a que el partido sea uno de los que han tenido más grandes escándalos y más políticos condenados por corrupción del último tiempo. 

Aunque Vargas quedó en tercer lugar en las elecciones de 2010, entró al gobierno Santos primero como ministro de Interior y de Justicia y después como ministro de Vivienda, y empezó allí a pavimentar su camino a la Presidencia. 

El fallido camino a la Presidencia 

Al frente de la cartera de Interior durante el gobierno Santos, Vargas Lleras tuvo a su cargo el manejo de las famosas ‘locomotoras’ que condensaban las principales banderas del presidente. También se aprobó bajo su liderazgo como ministro la Ley de Víctimas y de Ordenamiento Territorial. Al pasar a la cartera de Vivienda, lideró el programa de cien mil casas gratis, y gracias a este, recorrió el país y se convirtió en uno de los ministros más populares del gobierno. 

«Germán Vargas Lleras, el presidente que no fue»

En 2014, Santos lo eligió fórmula vicepresidencial. Vargas estuvo al frente de concretar algunas de las alianzas políticas más polémicas, que se hicieron para asegurar la victoria frente a Óscar Iván Zuluaga, el candidato del recién nuevo partido de Uribe, el Centro Democrático. Como señala Laura Ardila, Vargas estuvo encargado de sellar las alianzas y aceitar las maquinarias que permitieron materializar los votos de la costa atlántica, determinantes para lograr el segundo mandato de Santos, en medio del gran riesgo que supuso la candidatura uribista.

Vargas Lleras convirtió la Vicepresidencia, por fin, en un cargo útil. Impulsó aún más la cartera de vivienda, consiguió avances notables en materia de infraestructura, y buena parte de las obras públicas del país pasaron por sus manos. El camino para ser el sucesor de Santos parecía asegurado.

Pero hubo dos puntos de inflexión para que hoy se hable de la vida de un ex vicepresidente y no de la de un expresidente. El primero fue la pérdida del plebiscito por la paz, en octubre de 2016. Aunque la principal política de Juan Manuel Santos fueron las conversaciones y el posterior acuerdo firmado con las Farc, Vargas Lleras mantuvo silencio durante todo el mandato sobre sus posturas acerca de la mesa de La Habana. 

En el momento más decisivo, la campaña por el Sí, Vargas estuvo muy alejado de las tarimas y su partido aportó poco en la obtención de votos. Ignoró el llamado de Santos a hacer parte de los apoyos electorales y, después de la pérdida del Sí y la refrendación vía congreso del Acuerdo, Cambio Radical fue una piedra en el zapato para el trámite de los proyectos necesarios para poner en marcha lo firmado. 

A su vez, en 2017, Vargas anunció que su partido no iba a apoyar la aprobación de la Justicia Especial para la Paz en el Congreso, lo que marcó el divorcio definitivo con la política de paz de Santos. Hay que decir que Vargas tenía razones de sobra para ser un detractor abierto de cualquier beneficio para las Farc, pues dos veces atentaron contra su vida. 

La distancia de Vargas con el acuerdo de paz hizo que durante la campaña a la Presidencia de 2018 recibiera críticas de quienes apoyaron el plebiscito, pero a la vez no podía acercarse al uribismo, renovado por la victoria del No, que lo consideraba un traidor. Eso lo dejó en una especie de limbo en el que su bandera de gran ejecutor perdió fuerza, pues el tema en disputa seguía siendo el acuerdo con las Farc. 

Para ese momento ocurrió el segundo punto de inflexión: la publicación de un video donde se mostraba cómo golpeaba a uno de sus escoltas durante un evento de campaña. El video significó un desplome de su imagen favorable, que se había mantenido casi siempre por encima del 50% desde 2010. Ese episodio reveló el mal carácter y la poca capacidad de Vargas para caer bien. Las disculpas se vieron forzadas y el episodio marcó la percepción de la gente sobre él a partir de ese momento, y enterró sus aspiraciones presidenciales. 

En 2018, a pesar de recolectar más de cinco millones de firmas para su inscripción y de intentar desmarcarse de su partido, Vargas se apuntó el mayor fracaso de su vida política: perdió en la primera vuelta con 1.400.000 votos, quedó de cuarto y se desvió de lo que parecía escrito en su destino. Extrañamente, esa fue la elección en la que CR consiguió más curules en su historia política. 

El legado político y lo que no fue  

Vargas Lleras murió con una candidatura a la Presidencia pendiente. Tuvo todo para serlo, el apellido, la disciplina, el conocimiento de la tecnocracia, la carrera política y la capacidad para rodearse de políticos tradicionales, mejores para las transacciones que para las ideas. Pero le faltó uno de los elementos más importantes, el carisma para ganarse a la gente y sus votos. Desde 2018 se especuló con frecuencia sobre su regreso a la política, que nunca se concretó. Le hizo una oposición tímida a Duque y una más recia a Petro, a través de sus columnas en El Tiempo, pero ya sin el orden y la disciplina que caracterizaron a su bancada, que ha pasado a la intrascendencia. 

Vargas Lleras deja a CR como un partido en cuidados intensivos, sin liderazgo y sin ideas, dependiendo de la poca fuerza que tiene el patriarca Fuad Char en Atlántico, la cabeza de una dinastía también en declive. A pesar de que CR logró, gracias a Vargas, ser un partido sobreviviente del deshielo bipartidista y una de las fuerzas políticas importantes de los últimos veinte años, hoy al cada vez más disminuido grupo de políticos les hace falta la voz cantante de un hombre al que todos reconocían como jefe político por su conocimiento del Estado colombiano, su capacidad y su obsesión con el trabajo. 

Germán Vargas Lleras fue un político profesional en todo el sentido de la palabra, no solo porque le dedicó al oficio de político su vida entera, sino porque nunca tuvo reparos en reconocer que la política se hace con los políticos de todos los pelambres, no solo con los que ética y políticamente se parecen a uno. Por eso se movió como pez en el agua de las alianzas, las maquinarias y los favores, cambió de ideas, fue uribista y a veces crítico de Uribe, en la mezcla que constituye la manera como se hace política en Colombia. 

Y, sin embargo, pocas personas conocedoras de su vida podrían negar que luchó con fiereza por sus convicciones y que hizo más por el país de lo que muchos políticos con buenas intenciones, pero con poco conocimiento sobre lo que significa e implica la función pública, han hecho.  

Daniela Garzón

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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