Opini贸n

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Heberto Tapias Garc铆a*/Opini贸n/El Pregonero del Dari茅n

El f煤tbol tiene en Colombia una virtud extraordinaria que trasciende ampliamente lo deportivo. La selecci贸n nacional constituye una de las expresiones m谩s s贸lidas de identidad colectiva que ha producido nuestra historia reciente. En una sociedad marcada por profundas diferencias pol铆ticas, econ贸micas, sociales y regionales, el equipo nacional se convierte en un s铆mbolo compartido capaz de convocar a millones de personas alrededor de una misma emoci贸n.

La memoria colectiva conserva momentos que ilustran ese poder de uni贸n. El ag贸nico gol de Freddy Rinc贸n frente a Alemania en Italia 90, la clasificaci贸n a los cuartos de final del Mundial de Brasil 2014 y tantas otras jornadas inolvidables forman parte de un patrimonio emocional que pertenece a todos los colombianos. En esos instantes, la selecci贸n deja de ser un simple equipo de f煤tbol para convertirse en una representaci贸n viva de la naci贸n.

Cuando juega Colombia, la bandera, el escudo y el himno recuperan un significado que pocas instituciones logran despertar. Durante noventa minutos, las diferencias ideol贸gicas pierden protagonismo, las tensiones sociales se aten煤an y las rivalidades regionales parecen diluirse bajo una misma camiseta. Personas de distintas edades, clases sociales y visiones pol铆ticas comparten la misma expectativa, celebran los mismos triunfos y sufren las mismas derrotas.

La selecci贸n funciona como un espacio de encuentro donde la naci贸n se imagina a s铆 misma como una comunidad unida. All铆 se reconstruyen temporalmente v铆nculos que la vida cotidiana suele fragmentar. Es uno de los pocos escenarios donde el sentimiento de pertenencia colectiva logra imponerse sobre las divisiones que habitualmente dominan el debate p煤blico.

Ese poder de cohesi贸n social constituye una riqueza que merece ser protegida. La polarizaci贸n pol铆tica, que ha penetrado numerosos 谩mbitos de la vida nacional, amenaza hoy, tambi茅n, este espacio de encuentro. Cada vez que figuras deportivas, dirigentes o actores pol铆ticos intentan vincular la selecci贸n con intereses partidistas, se abre una grieta en un s铆mbolo que deber铆a permanecer al servicio de todos los ciudadanos.

La historia demuestra que el deporte posee una enorme capacidad para movilizar emociones y construir legitimidades. Gobiernos de muy distintas orientaciones ideol贸gicas han intentado apropiarse de los 茅xitos deportivos para fortalecer su imagen p煤blica. No se trata de un fen贸meno exclusivo de Colombia. El prestigio de una selecci贸n nacional puede convertirse f谩cilmente en un recurso pol铆tico debido a que el f煤tbol llega a lugares emocionales donde los discursos tradicionales encuentran mayores dificultades para penetrar.

La selecci贸n no le pertenece a nadie en particular. Por esa raz贸n, la responsabilidad de jugadores, entrenadores, dirigentes y l铆deres pol铆ticos es particularmente grande. La enorme visibilidad de la selecci贸n exige prudencia y sentido de responsabilidad p煤blica. Cada gesto, cada mensaje y cada posicionamiento en el debate pol铆tico tiene la capacidad de influir sobre millones de personas que reconocen en la camiseta nacional un s铆mbolo de unidad.

La discusi贸n no consiste en negar la libertad de expresi贸n de los deportistas, ni de sus dirigentes, ni en exigir una neutralidad imposible. Se trata de comprender que la selecci贸n representa algo m谩s amplio que las preferencias individuales de quienes circunstancialmente la integran. Su valor principal radica precisamente en su capacidad para reunir a ciudadanos que piensan distinto y que, sin embargo, encuentran en ella un motivo leg铆timo para sentirse parte de una misma comunidad.

Colombia necesita preservar aquellos espacios que todav铆a permiten reconocernos como miembros de un proyecto com煤n. La selecci贸n nacional es uno de ellos. Cuidarla de la confrontaci贸n partidista no es una cuesti贸n menor ni un simple asunto deportivo. Es una forma de proteger uno de los pocos escenarios donde el pa铆s logra encontrarse consigo mismo.

En tiempos de polarizaci贸n creciente, la camiseta de la selecci贸n debe seguir siendo un s铆mbolo de unidad y no una bandera de ning煤n partido, movimiento pol铆tico o candidato. Su verdadero valor reside en recordarnos que, m谩s all谩 de nuestras diferencias, todav铆a existen causas, emociones y esperanzas capaces de reunirnos bajo los mismos colores.

*Acad茅mico-Analista/ Profesor de Ingenier铆a Qu铆mica de la UdeA.

Wilmar Jaramillo Vel谩squez

Comunicador Social Periodista. Con m谩s de treinta a帽os de experiencia en medios de comunicaci贸n, 25 de ellos en la regi贸n de Urab谩. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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