Política Colombiana

Medios poder y elecciones

Debates vacíos, campañas emocionales, influencers convertidos en actores políticos y un ecosistema digital que alteró la competencia por el poder. La nueva realidad de los medios.

Análisis de la Noticia/Germán Rey*/RazonPublica/El pregonero del Darién

Quien a estas alturas y con el mayor respeto piense que los medios de comunicación son ajenos a la política, sufre de un preocupante ataque de amnesia o de un rasgo alarmante de ingenuidad. Y eso sucede prácticamente en todo el mundo, incluido, por supuesto, el Vaticano. Solo basta seguir los rifirrafes entre Trump y el papa León.

Sólo que en este preciso instante las cosas están cambiando dramáticamente y existen realidades abismalmente diferentes, unas mejores que otras, experimentos en camino que ojalá cuajen y alguna que otra idea evidentemente nefasta.

Y dentro del mundo de la política y de los medios, las elecciones son sin duda un campo floreciente y minado que se replantea de fondo.

Medios en declive, medios que cambian

Desde la época colonial existieron periódicos en Colombia. Ya desde entonces estaban los supeditados a la Corona y los que buscaban promover su independencia. Pero solo fue hasta entrado el siglo XX cuando empezaron a aumentar los índices de alfabetización y crecieron los lectores más allá de las elites ilustradas, es decir, de aquellas que precisamente mandaron durante siglos.

Fue ese mismo siglo el que vio aparecer en los años 30 a la radio comercial y en los cincuenta, de la mano del teniente general Gustavo Rojas Pinilla, nada menos que la televisión.

Por eso quizás el momento decisivo de la relación entre medios y elecciones fue paradójicamente aquel en que se pactó durante 16 años el Frente Nacional entre liberales y conservadores.  Antes existían púlpitos y casullas, balas y guerra civil, poetas de endecasílabos, jefes de directorios partidistas y gamonales (“Cóndores, los llamaban”, como en la novela de Álvarez Gardeazábal). En ese entonces, las elecciones se pactaron de Alberto Lleras Camargo a Misael Pastrana Borrero. Y al general de marras todo indica que le robaron… las elecciones.

El panorama mediático colombiano es por supuesto más diverso e interesante. El 1 de febrero de 1940 nació la Radio Nacional que hoy tiene nada menos que 73 emisoras descentralizadas, 20 emisoras de la paz y la reconciliación, uno de los inventos colombianos más interesantes de los años recientes, Señal Colombia, Radiónica, Señal Memoria, Señal institucional y un conjunto de medios regionales públicos que vinieron a mover en los 80 el mundo de los medios de comunicación del país y sus territorios. 

Pero como si fuera poco, y de verdad que no lo es, Colombia tiene una de las agrupaciones mayores de radios comunitarias del continente y el mayor número de medios nativos digitales de América, como lo confirmó el estudio sobre el Hormiguero, de la Fundación Gabo y la Google News Initiative y las investigaciones sobre el tema que hizo en tres ocasiones la Pontificia Universidad Javeriana con Consejo de Redacción.

Un cambio a profundidad: la digitalización de los medios

La gran conmoción de estos años es la revolución digital que como escribió uno de sus pensadores más lúcidos, Roger Chartier, “modifica todo a la vez, los soportes de la escritura, la técnica de su reproducción y diseminación, y las maneras de leer. Tal simultaneidad resulta inédita en la historia de la humanidad”.

Y esta transformación radical ha empezado a influir en el cambio del rostro de las elecciones en el mundo.

Lo que ha significado la migración de los medios tradicionales a su versión digital, la modificación del modo de funcionamiento de los medios como se conocían hasta hace unos años, el cambio de las audiencias y la aparición de nuevos medios digitales como La Silla Vacía, Razón Pública, Las dos orillas, La Cola de la rata, El cuarto mosquetero, Agenda propia, Casa Macondo, Raya o Agenda Baudó, para mencionar solo algunos de ellos. En otras palabras: está cambiando el escenario donde se escenifican la política, el poder y las elecciones.

Uno de esos cambios ha sido la presencia de los influencers y creadores de contenidos en el ámbito de la política, no solo hablando sobre ella, sino participando activamente en la movilización electoral de otros y por supuesto de sí mismos. De esta manera se han concentrado el comunicador, la comunicación y el político en un ser hibrido, una especie de cyborg.  Y por eso no resulta extraño que Westcol hable con el expresidente Uribe en medio de una audiencia gigantesca, especialmente de jóvenes, que le sería imposible reunir hoy a un medio tradicional.

La pauta oficial, que con frecuencia aprovechan los gobiernos, entra hoy en el terreno de las disputas sociales, como sucedió bajo el gobierno del presidente Petro al convocar a un congreso en Cali de medios alternativos, comunitarios y digitales, incentivando su presencia en una narrativa y una agenda que los alinderaba frente a los llamados medios hegemónicos, tradicionales o de la oposición. Flaco favor y bastante conservador, porque el destino de tales medios debería ser más la libertad que el adoctrinamiento, la creatividad que la obediencia, el pensamiento crítico que la ideología.

Lo que se advierte es un nuevo mapa que hace mucho más complejo el paisaje de los medios y más diverso el sentido de lo público y el proceso electoral.

Caben entonces varias reflexiones sobre el rumbo que tomaron las relaciones entre medios y elecciones en estos meses.

Mucho candidato y poco programa

A estas alturas los colombianos se acercarán a las urnas sabiendo más sobre la superficie de los candidatos que sobre la profundidad de sus programas de gobierno. 

La funcionalización de las campañas, acompañadas por grupos expertos, fórmulas conocidas y una vigilancia en detalle de la exposición pública del candidato-a, ha sido básicamente un despliegue estratégico, en que el país se escondió entre eslogans, en la ausencia de debate y en una mecánica emocional de las afiliaciones.

El candidato del Pacto Histórico eludió los debates por casi todos los medios, llegando a inventarse curiosas exigencias, pegado de pequeños papeles que en los colegios y escuelas suelen llamar “las copialinas”. Tiene pleno derecho, pero es muy posible que sus evasiones hayan causado justo recelo.

El candidato de la Espriella se hundió en su propia vergüenza, con planteamientos misóginos, maltrato a mujeres e irrespeto a periodistas.

La candidata del Centro Democrático quedo atrapada en su propio invento, al proponer como ministro a su jefe, que rápidamente sacó el cuerpo entre la débil gana de su candidato a vicepresidente, quien es mucho más original para proponer temas que resuenen en los deseos de los votantes.

Los candidatos centristas quisieron enriquecer el debate para el que tenían más deseos que posibilidades.

En fin, el diálogo público fue lánguido, poco original y sobre todo alejado de las necesidades más urgentes de un país en crisis.

Los vaivenes de las estadísticas

La ley que vino a replantear el papel de las encuestas empezó a mostrar sus huecos: sondeos presentados como encuestas,  muestreos criticados entre la tramoya de los datos digitales, compañías llamadas al orden, expertos profesores contribuyendo al batiburrillo, algoritmos que cuentan a partir del tráfico virtual de los consumidores y hasta casas de apuestas entrando al jolgorio, fueron temas críticos que en las penumbras del 31 de mayo pondrán en escena el divertimento nacional de saber cuán lejos o cerca quedan los aciertos de las fallidas premoniciones de las mediciones.

Un gesto interesante han sido los procesadores de datos que agregan algo de análisis a la competencia de las encuestas, que continúan debiéndole al país su dosis de verdad o de debida sorpresa.

La legislación sobre las consultas previas se ha convertido en parte importante del proceso electoral: son un calentador previo, se han convertido en una decisión crucial, enfocan a la competencia y dirimen alternativas.

Las amarguras del mensajero

La famosa metáfora que recuerda el peligro que corren los mensajeros, es pariente cercana de la máxima del Quijote a su amigo y compañero: “Ladran, Sancho. luego cabalgamos”. 

Las dos figuras se cumplieron al pie de la letra en el proceso electoral de este año y tuvo como objetivo un medio de comunicación. La Silla vacía es, sin duda, el medio digital más importante del país.  Centrado en el análisis de las diferentes formas del poder, ha logrado construir un tipo de periodismo independiente, documentado y original, que combina el centro de la política con la diversidad de realidades de los territorios, otras aproximaciones a los problemas con un conjunto de narrativas y metodologías en que cabe un país complejo. 

Como lo escribió su directora Juanita León “Las campañas de desprestigio contra un medio buscan precisamente eso: aislarlo. Convertirlo en sospechoso. Reducir años de trabajo a una etiqueta: “vendidos”, “activistas”, “enemigos”. Pero cuando hay una comunidad que conoce la trayectoria de un medio, que ha leído sus investigaciones, que ha celebrado sus aciertos y también ha señalado sus errores, esa estrategia pierde fuerza”.

Que los extremos se tocan es un lugar común. Y tanto Trump como Petro se han definido en sus mandatos como enemigos de los medios. El listado de las críticas tiene puntos en común y singularidades propias y los medios de comunicación suelen “tallar” en algunos de los puntos que más duelen. El asunto no es simplemente anecdótico. Tiene que ver con uno de los aspectos que se redefinen en las democracias contemporáneas, al mismo tiempo que se lleva a cabo un replanteamiento de dimensiones centrales de los medios y el periodismo.

Medios, poder y elecciones

Mirados desde el mundo

Las elecciones son pensadas habitualmente como uno de los procesos internos más propios e identificables. No puede ser de otro modo. Lo que se decide es nada menos que la selección social del poder, lo que un país desea hacer y proponerse para su próximo futuro. Así de crucial

Pero cada vez la preocupación de otras sociedades es mayor sobre este proceso idiosincrático, por una sencilla razón. La interconexión es cada vez mayor y más imprescindible. Lentamente han ido apareciendo medios de comunicación internacionales que tienen versiones nacionales como sucede con El País de Madrid, probablemente el mejor medio de comunicación en español, que cuenta con equipos periodísticos propios y agendas que se diferencian de las de los medios nacionales y regionales.

Desde hace un tiempo se ha venido fortaleciendo France 24 en español, dirigida por Álvaro Sierra, que aporta una perspectiva diferente y en muchos casos original y sin el peso de los resabios conocidos de la cobertura interna, que en buen momento abre las ventanas a otros aires y otros diálogos necesarios.

Hay finalmente algunos informes de medios internacionales que refrescan el panorama y plantean preguntas que terminan incidiendo en un conocimiento más crítico del proceso electoral.

De lo gubernamental a lo público

Uno de los grandes debates que se le adeudan al país es el de sus medios públicos. Milei utilizó la motosierra en Argentina y hace poco el nuevo Primer ministro húngaro puso en entredicho el modelo de Orban mientras lo somete a una cirugía minuciosa. 

La actual administración de Inravisión apostó más por la televisión gubernamental que por la pública. Un asunto delicado y que debe ser discutido. Ha sido así por varios motivos: la confusión que se deriva del nombramiento presidencial del director de la entidad, las relaciones con procesos estatales de diferente naturaleza y exigencia, la capacidad informativa de los gobiernos o las limitaciones para el desarrollo de sus propuestas en las realidades de la oposición.

Se han hecho esfuerzos por atender las realidades de los territorios con frecuencia abrumados por la desatención y el centralismo, han ingresado a la representación mediática sectores sociales excluidos o invisibilizados, se ha buscado fortalecer el sistema informativo propio e intentado la integración de medios y lenguajes, entre ellos el digital

En un momento decisivo de la reconsideración de la democracia, lo que se abren son numerosos interrogantes sobre las nuevas relaciones entre poder, medios y elecciones.

German Rey

*Profesor e investigador en comunicación y cultura, fue defensor del lector del periódico El Tiempo.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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