Cultura

Maestra de 90 años entre versos y rimas

Con problemas de movilidad, pero con una mente lúcida, doña Isabel Cartagena Garcés, activa sus neuronas escribiendo poesía y contemplando los atardeceres desde el corredor de su casa.

(Foto principal/Doña Isabel Cartagena Garcés)

En la vereda Calima de Apartadó, encontramos a una mujer que dedica su existencia a crear poesía en medio de rimas y versos, siempre acompañados de una moraleja, cree que es la enseñanza que le puede llegar a otros el objetivo de su trabajo, al fin y al cabo, maestra.

Doña Isabel es oriunda de Santa Fe de Antioquia, más precisamente de la vereda Las Azules.

Muy niña salió de la vereda, rumbo a Manizales, siempre guiada por curas y monjas a quienes recuerda con una claridad meridiana.

En esos andares terminó afectada por una tuberculosis que la mantuvo por casi dos años inactiva internada en sanatorios y en cuidados de sus familiares, hasta que se logró recuperar y postularse para una plaza de maestra, entre el 53 y el 58 vivió en Manizales, cuando fue nombrada maestra en el corregimiento Guazabra de Sabanas en Santa Fe de Antioquia, donde se desempeñó por diez años.

En el año 1972 llegó al colegio rural Pedro Nel Urango en Zungo Carretera de Apartadó, desempeñándose hasta 1999, tras renunciar por quebrantos de salud y lograr su pensión en el magisterio.

Doña Isabel a lado de sus mejores amigos: Los libros.

También recuerda con tristeza y nostalgia la época de la llamada violencia liberal-conservadora, que anegó la patria de tumbas y regó su suelo de sangre.

En su poesía está la paz, la naturaleza, la amistad, la tala de bosques, los animales e infaltables versos a su Antioquia del alma a la que compone con alegría de campo de riqueza y grandeza.

Comerciante

Más adelante y con el fin de no quedarse quieta intentó como comerciante en la Plaza de Mercado de Apartadó y en Carepa, vendiendo ropa, textiles, zapatos, cacharros y otros cachivaches, hasta el año 2019 cuando la pandemia del Covid la confinó definitivamente en su residencia.

Allí tampoco se quedó quieta, se entregó por completo a la lectura, leía los clásicos latinoamericanos, novelas, psicología e historia y prácticamente cuanto texto estaba a su alcance.

Del hábito de sus lecturas resultó contagiada de otro hábito, la poesía en versos y rimas, género literario en el cual se fue adentrando, sin dejarse derrotar de los 90 almanaques que ya comienzan hacer mella en su humanidad, se apoya en una lupa para escribir y leer, además ya sus manos comienzan a recibir señales del Parkinson.

“Creo que empecé a escribir poesía para mantenerme ocupada, además mi padre Lázaro María Cartagena Gil y mis hermanos también escribían. Creo que eso viene de familia, también tengo una hija y una nieta que pintan” relata con una sobriedad pasmosa.

El legado

Esta veterana maestra tiene un sueño, un propósito, poder reunir sus más de 150 poemas en un libro. “Me gustaría dejar este legado a las nuevas generaciones, en cada poema, en cada verso en cada rima hay un mensaje, una enseñanza, esa moraleja que aspiro les llegue a muchas personas, ese sería mi verdadero legado” asegura con firmeza.

Apoyada en su caminador que le sirve de apoyo para moverse en su casa, observa la naturaleza, desde el amplio corredor, los pájaros que le traen prolongados conciertos, ve las nubes y los soles caniculares, atardeceres y amaneceres que le sirven de inspiración para cuando se sienta frente en su voluminoso cuaderno a plasmar sus versos y sus rimas.

Es doña Isabel Cartagena Garcés, una mujer inspiradora, creativa, ejemplo de superación, nada la derrota, a sus noventa abriles, sigue haciendo planes para mañana, mientras que muchachos de veinte ya tiraron la toalla y se inclinaron ante la adversidad. Eso la mantiene viva, sus neuronas siempre están en funcionamiento.

Una mujer que no se deja derrotar y alimenta su espíritu con versos y rimas

La Cigarra

Bajo el polvoriento sol de medio día la cigarra entona su estridente canto,

no es una suma para la alegría y de su cruel ruido tristeza y quebranto.

Va creciendo el coro, la monotonía, el calor arrecia, ruido sombría confusión

cesan un momento en su algarabía y luego reanudan su horrible canción.

Repiten y siguen, siguen y repiten por horas sin término y tiempo sin fin

Dicen los que saben y los que saben dicen, que por tanto esfuerzo revienta su piel,

que esta cantora audaz y valiente, tenaz y ruidosa deja de existir. (Doña Isabel Cartagena Garcés)

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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