El Rincón de Miguel Ángel
Es la incertidumbre permanente por salir a la calle a enfrentar la ruleta rusa, a ofrecer la mercancía que no todo consumidor está dispuesto a demandar.

Miguel Ángel Echeverri/Cultura/El Pregonero del Darién
El día a día de un nadie.
El rebusque, la informalidad o en términos más eufemísticos, el emprendimiento, la autogestión, el pequeño empresario.
El día a día hay que trabajarlo, sino no tendrás con qué comprar el diario para poder comer o para el arriendo o el medicamento o el pasaje o algo de vestido.
Es la incertidumbre permanente por salir a la calle a enfrentar la ruleta rusa, a ofrecer la mercancía que no todo consumidor está dispuesto a demandar.
El pálpito del desasosiego invade, mientras los hijos y la esposa esperan en casa.
No hay prestaciones sociales, ni subsidios, ni ayudas gubernamentales.
El «pequeño empresario», empujando su carreta con aguacates, son las 4 de la tarde y sólo ha podido obtener una ganancia que invertirá en una gaseosa con un pan y un medio de sus aguacates que se le están quedando.
Parece que hoy muy pocos clientes comieron sancocho.




