Despiden a Petro con nostalgia
Urabá no olvida las deudas pendientes. Pero tampoco olvida quién abrió las puertas para discutir un país más justo, más incluyente y más humano.

Manifiesto de despedida al Presidente Gustavo Petro desde La Urabá Humana, Atrato Gran Darién.
Hay despedidas que no nacen de la derrota, sino de la gratitud. Hay ciclos que terminan, pero dejan sembrada una esperanza que ya nadie podrá arrancar del corazón de un pueblo.
Hoy, desde Urabá, despedimos al presidente Gustavo Petro con un sentimiento profundo de nostalgia, de reflexión y de esperanza.
No fue un gobierno perfecto. Sería un error afirmarlo. Urabá esperaba más. Esperábamos una presencia más cercana, mayor inversión, decisiones más oportunas y un reconocimiento acorde con el respaldo decidido que este territorio entregó al proyecto del cambio. Hubo errores, oportunidades perdidas y promesas que quedaron inconclusas. Es necesario decirlo con la misma sinceridad con la que acompañamos este proceso.
Pero también es necesario levantar la voz frente a quienes pretenden borrar lo que sí cambió.
Porque durante estos años millones de colombianos dejaron de ser una cifra para convertirse en el centro de las políticas públicas. La pobreza retrocedió para muchas familias. Jóvenes que nunca imaginaron llegar a la universidad encontraron una oportunidad. Mujeres históricamente excluidas recibieron mayor respaldo y reconocimiento. Los adultos mayores recuperaron parte de la dignidad que durante años les fue negada. Las comunidades negras e indígenas dejaron de ser invisibles para ocupar el lugar que les corresponde en la construcción del país. Los campesinos volvieron a ser escuchados y los trabajadores recuperaron derechos que parecían olvidados.
Ese legado pertenece al pueblo colombiano.
Quienes venimos de las regiones sabemos que la dignidad no siempre se mide en kilómetros de carretera o en grandes obras de cemento. También se mide en la posibilidad de estudiar, de comer mejor, de acceder a un servicio de salud, de recibir un ingreso para la vejez, de tener un trabajo más digno y de sentir, por primera vez, que el Estado mira hacia quienes siempre estuvieron en la periferia.
Por eso hoy no despedimos únicamente a un presidente.
Despedimos un tiempo en el que millones de personas volvieron a creer que la política podía servir para transformar vidas y no solamente para administrar privilegios.
A los jóvenes les corresponde mantener viva la esperanza.
A las mujeres, seguir liderando las transformaciones sociales.
A las comunidades negras e indígenas, continuar defendiendo su identidad y sus derechos.
A los campesinos, seguir sembrando no solo alimentos, sino futuro.
A los trabajadores, proteger las conquistas alcanzadas.
Y a todos los colombianos nos corresponde cuidar la democracia, defender la justicia social y no permitir que la indiferencia vuelva a convertirse en política de Estado.
Que nadie nos obligue a escoger entre la crítica y la gratitud.
Podemos reconocer los errores sin renunciar a la verdad de los avances.
Podemos exigir más sin desconocer lo conquistado.
Podemos mirar hacia el futuro sin olvidar de dónde venimos.
Desde Urabá decimos gracias por haber puesto en el centro del debate a quienes durante décadas permanecieron olvidados.
Nos despedimos con nostalgia, pero no con resignación.
Porque las ideas no terminan cuando termina un gobierno.
Los gobiernos pasan.
Los pueblos permanecen.
Y cuando un pueblo descubre que tiene voz, dignidad y esperanza, ya no vuelve a caminar de rodillas.
Gracias, presidente Gustavo Petro.
Desde Urabá reafirmamos que la lucha por una Colombia más justa, más solidaria y más democrática continúa. El cambio no pertenece a un gobierno; pertenece al pueblo que decidió ponerse de pie.
Apartadó, agosto 5 de 2026.
Coordinación Urabá humana, Atrato Gran Darién.

Adolfo Alean Ruiz – Félix Amin Tovar Tafur






