Política

¿Qué nos está pasando?

Contra esa caricatura humillante que pretende gobernar a Colombia con el miedo y desde un grotesco exhibicionismo sin razón, debe levantarse la Antioquia trabajadora y rebelde.

Carolina Corcho Mejía*/Opinión/El Pregonero del Darién

Antioqueños y antioqueñas:

N os encontramos en una encrucijada decisiva para el destino del país. A pocos días de la segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026, y tras una primera vuelta en la que la mayoría de los votantes de Antioquia respaldó a Abelardo de la Espriella, surge con fuerza una pregunta que interpela y sacude nuestra conciencia: ¿qué nos está pasando? En este tránsito de la historia se enfrentan dos proyectos de sociedad. Uno representa la vida, la aspiración legítima a la paz, la justicia social y la garantía de derechos fundamentales como la salud, la educación, el trabajo, el acceso a la tierra; la decencia.

El otro, representa la muerte, la guerra, el retorno a la violencia como método político; la estruendosa vulgaridad; la subordinación del interés nacional y la aniquilación de conquistas sociales construidas durante décadas. Lo que está en juego es más que una elección: se trata del rumbo ético, democrático y social de Colombia.

Desde los centros del poder tradicional nacional y regional, y los micrófonos de la reacción nos quieren imponer la idea de una Antioquia monolítica condenada al conservadurismo puro y duro; un feudo del egoísmo mercantil, del latifundio despojador y de las lógicas autoritarias de la mafia. Nos pretenden convencer de que el pueblo antioqueño está condenado, sin remedio, a abrazar propuestas de muerte como la del candidato de la extrema derecha; un proyecto político que pregona la motosierra para los subsidios de los viejos, la privatización de los derechos y la violencia punitiva.

Es cierto que de nuestra región han surgido liderazgos que contribuyeron a ciclos mafiosos de violencia, corrupción y sometimiento social. Pero Antioquia también ha dado al país mujeres y hombres que dignificaron el trabajo, ampliaron las libertades y defendieron las causas populares. La historia antioqueña ha sido fruto del esfuerzo y pujanza de quienes abrieron caminos, enfrentaron la injusticia y construyeron esperanza.

 “Forjen déspotas tiranos largas y duras cadenas para el esclavo que humilde sus pies de rodillas besa. Yo que nací altivo y libre sobre una sierra antioqueña llevo el hierro entre las manos porque en el cuello me pesa”. — Epifanio Mejía– Canto del Antioqueño.

Contra esa caricatura humillante que pretende gobernar a Colombia con el miedo y desde un grotesco exhibicionismo sin razón, debe levantarse la Antioquia trabajadora y rebelde. Las montañas de la libertad y sus gentes no seremos quienes condenen la patria a la ignominia, al atraso y la impunidad. Para derrotar esta propuesta de muerte y pobreza, basta desenterrar las raíces de nuestra propia historia y rescatar a los próceres de nuestra cultura y pensamiento social. Ellos y ellas son el espejo de la Antioquia que hoy debe levantarse con dignidad. Mientras aquellos se arrodillan ante el altar del pensamiento retrógrado, nosotros elegimos nutrirnos de la identidad antioqueña, hecha de rebeldía intelectual, amor profundo por los desposeídos y una sed inquebrantable de justicia social. Esa convicción explica mi decisión como mujer antioqueña de respaldar el proyecto político del Pacto Histórico.

Por eso, frente a ese insultante estereotipo que pretende pintarnos como una sociedad dócil y sumisa reivindicamos la herencia de Rafael Uribe Uribe, pionero de las ideas que dieron origen al Estado Social de Derecho y defensor de los derechos de los trabajadores. Su legado nos recuerda que las transformaciones duraderas no dependen únicamente de las disputas por el poder, sino de la capacidad de movilizar ideas que amplíen la democracia y fortalezcan la igualdad.

Esa tradición dialoga con el ejemplo de María Cano y Débora Arango, mujeres que enfrentaron los prejuicios de su tiempo y demostraron que la organización popular y la expresión libre son herramientas esenciales para la transformación social. Su legado confirma que ninguna meta colectiva resulta inalcanzable cuando una sociedad actúa con convicción y esperanza.

También nos inspira la palabra libre de León de Greiff, símbolo de una Antioquia creadora, crítica e inconforme. Su obra nos recuerda que la libertad cultural y el pensamiento independiente son fundamentales para enfrentar cualquier intento de imponer una única visión del país; porque nuestra libertad creativa es la lumbre inextinguible con la que daremos la gran batalla cultural en cada rincón de esta hermosa región.

Hechos sin retórica: Los logros del cambio en Antioquia

Frente a quienes afirman que el cambio social conduce a la incertidumbre, los hechos demuestran que es posible gobernar con resultados concretos. A diferencia de modelos políticos que privilegiaron intereses particulares, hoy existen avances tangibles en regiones históricamente excluidas como Urabá, el Bajo Cauca y el Magdalena Medio.

El proyecto político que defendemos, y que tendrá continuidad con el liderazgo de Iván Cepeda y Aida Quilcué, ha dejado resultados verificables en Antioquia. Entre ellos se encuentra el avance de la reforma agraria y de una política minera orientada a la vida y la sostenibilidad. Más de 2.900 hectáreas han sido entregadas a familias campesinas en zonas de alta conflictividad como Yondó; se consolidó la Zona de Reserva Campesina de Valdivia y se recuperaron otras 427 hectáreas para fortalecer la producción rural y la seguridad alimentaria.

El Bajo Cauca representa un escenario estratégico para demostrar que la transformación económica y democrática puede avanzar de manera simultánea. En esa dirección se impulsa la creación de la ADIMAPAZ en Caucasia, una Agencia de Distrito Minero con amplia participación comunitaria, orientada a promover la formalización, la inclusión y la sostenibilidad de la actividad minera.

La educación pública también ha sido una prioridad. Se han adelantado esfuerzos para contribuir a la estabilidad financiera de la Universidad de Antioquia, garantizando oportunidades para miles de jóvenes y fortaleciendo el papel de la educación superior como motor de movilidad social y desarrollo regional.

De igual manera, se avanza en la descentralización de los servicios de salud de alta complejidad. El fortalecimiento del hospital de Yarumal permitirá ampliar la cobertura para municipios del Norte y para Ituango. En Urabá se ha impulsado la recuperación del hospital público de tercer nivel de Apartadó; en Caucasia se han desarrollado acciones de saneamiento fiscal y en Puerto Berrío se proyecta un nuevo centro asistencial de alta complejidad que contribuya a cerrar brechas históricas de acceso.

Senadora Carolina Corcho Mejía

Entre los proyectos estratégicos para Antioquia se destaca el financiamiento del Metro Ligero de la 80 en Medellín, con una inversión nacional superior a los tres billones de pesos, iniciativa que transformará la movilidad de cerca de un millón de ciudadanos. Asimismo, avanza la reactivación del corredor férreo La Dorada–Chiriguaná, una apuesta multimodal que fortalecerá la competitividad y la integración económica de municipios como Puerto Berrío, Puerto Nare, Puerto Triunfo y Sonsón. A ello se suma la modernización de la ruta Necoclí–Arboletes, fundamental para la conectividad de la región.

¡Unidad para la Acción!

 Lo que está en juego es el futuro de millones de colombianos. Quienes proponen desmontar estos avances, reducir la inversión social y restringir derechos no pueden encontrar en Antioquia una plataforma para profundizar la desigualdad. Iván Cepeda y Aida Quilcué representan una visión democrática comprometida con los derechos humanos, la pluralidad y el reconocimiento de los pueblos indígenas, campesinos, afrodescendientes y sectores populares.

Por ello hago un llamado a las ciudadanías libres de Antioquia para que conversemos con nuestros vecinos, recorramos barrios, veredas, plazas y municipios, y enfrentemos los prejuicios con argumentos, respeto y memoria histórica. La democracia se fortalece cuando la ciudadanía participa, escucha y debate. Demostremos en las urnas que las montañas de Antioquia no están destinadas a respaldar el autoritarismo, sino a formar mujeres y hombres libres. Honremos el legado de quienes lucharon por la justicia, la igualdad y la dignidad humana. Que la esperanza sea más fuerte que el miedo y que la unidad prevalezca sobre la división. Desde las montañas de mi hermosa, pujante y rebelde tierra. Afectuosamente, *Carolina Corcho Mejía Senadora Pacto Histórico

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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