LA DEMOCRACIA BAJO ASALTO DIGITAL
El destino de ese camino conduce a lo que la filósofa Wendy Brown denomina un pueblo sin atributos. Una sociedad despojada de ciudadanía, soberanía y capacidad de decisión.

Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién
Hay un credo siniestro que está reconfigurando el poder mundial. El profesor Jorge Aguilera lo ha descrito con claridad —en https://www.facebook.com/share/v/1Cp2vDyvCF/— y conviene prestar atención a su advertencia. Para esta visión del mundo, la democracia incomoda, la igualdad estorba, las mayorías resultan prescindibles y el Estado deja de existir para proteger a sus ciudadanos. Su única función consiste en servir a quienes concentran dinero, datos, algoritmos y, cada vez más, capacidades de coerción privada.
No estamos frente a una simple reforma institucional ni a un ajuste del sistema, afirma el profesor Aguilera. Lo que está en marcha es un proyecto orientado a destruirlo desde su interior. Su propósito consiste en sustituir el gobierno de los ciudadanos por el gobierno de las corporaciones tecnológicas y las élites financieras, donde el mercado se imponga sobre la política y el poder económico quede liberado de cualquier control democrático.
En distintos lugares del mundo avanza un movimiento impulsado por magnates tecnológicos y grupos de poder que aspiran a instaurar un orden gobernado por una minoría convencida de su propia superioridad. Consideran que el Estado, con sus regulaciones y su soberanía, limita la expansión ilimitada de las grandes corporaciones tecnológicas. Por eso no buscan transformar las instituciones, sino vaciarlas de contenido, desmontar las reglas de convivencia, someter a los países, apropiarse de sus recursos y convertir la riqueza pública en patrimonio de sus imperios privados.
Este mecanismo opera como una plaga silenciosa. Como langostas tecnológicas. Utiliza algoritmos como auténticas armas de destrucción matemática para intervenir los procesos democráticos desde adentro. Primero condiciona la conversación pública mediante la manipulación de la información y las emociones. Después influye sobre las decisiones electorales. Finalmente emplea el aparato estatal para desmontar las instituciones que limitan el poder económico. El resultado es un modelo de extracción y dominación cuyos costos sociales y humanos son inmensos.
La doctrina que inspira este proyecto es el pensamiento neorreaccionario, conocido también como la Ilustración Oscura. Hugo Thornton Rawley explica, al analizar las ideas de Curtis Yarvin, que esta corriente considera la Revolución Francesa y sus principios de libertad, ciudadanía y soberanía popular como un error histórico que debe corregirse. La expresión Ilustración Oscura encierra una paradoja reveladora. Invoca el lenguaje de la Ilustración para combatir precisamente los valores que esta consagró. La oscuridad representa la necesidad de apagar los derechos para consolidar el poder de unos pocos.
El destino de ese camino conduce a lo que la filósofa Wendy Brown denomina un pueblo sin atributos. Una sociedad despojada de ciudadanía, soberanía y capacidad de decisión. Un orden donde las elecciones pierden su sentido porque el poder efectivo deja de residir en la voluntad popular. Este escenario no pertenece únicamente a la ficción distópica. Tiene un laboratorio activo en Gaza, donde, según el análisis de Donatella Di Cesare, el tecnofascismo perfecciona tecnologías de vigilancia, control y gestión de poblaciones que después buscan expandirse hacia otras regiones, incluida América Latina. Es el regreso de un sistema en el que las personas dejan de ser sujetos políticos mientras una minoría administra los recursos colectivos para su propio enriquecimiento.
Comprender lo que puede ocurrir en Colombia y en la región exige mucho más que intuición. Requiere una lectura estructural de las transformaciones que están en curso. Suficiente literatura se ha publicado para explicar ese fenómeno:
• Tecnofeudalismo, de Yanis Varoufakis y Cédric Durand, muestra cómo el capitalismo evoluciona hacia un sistema de extracción de rentas digitales que convierte a los usuarios en siervos de una nueva gleba tecnológica.
• Armas de destrucción matemática, de Cathy O’Neil, revela el poder opaco de los algoritmos para reproducir y profundizar desigualdades.
• Manipulados, de Frenkel y Kang, expone la lógica implacable de las plataformas digitales.
•¿Por qué callan los corderos?, de Rainer Mausfeld, junto con La hora de los depredadores, de Giuliano da Empoli, describen el deterioro de la política democrática y el ascenso de nuevos centros de poder que están rediseñando el orden mundial.
Estos autores no relatan una conspiración imaginaria. Analizan tendencias verificables y documentan la hoja de ruta de un sistema que, bajo el prestigio de la innovación tecnológica y el poder financiero, busca debilitar los Estados democráticos para sustituirlos por un régimen de vigilancia, extracción de riqueza y dominación.
Desde esa perspectiva, varios procesos políticos recientes en América Latina pueden interpretarse como expresiones de un mismo patrón. Los acontecimientos electorales en Perú, Honduras, Chile y las pasadas elecciones en Colombia muestran campañas cada vez más condicionadas por el poder de las plataformas digitales, la manipulación algorítmica de la opinión pública, la polarización inducida y el progresivo debilitamiento de las instituciones democráticas.
Colombia no constituye una excepción. Hace parte de un tablero geopolítico mucho más amplio donde las elecciones ya no representan únicamente una competencia entre proyectos nacionales. También son escenarios de una disputa global por el control de los Estados, los recursos estratégicos y los datos de millones de ciudadanos. Comprender esa dimensión resulta indispensable para interpretar el presente y defender la democracia antes de que el saqueo deje de necesitar ejércitos y termine ejecutándose, casi por completo, mediante algoritmos.
[1] La bibliografía sugerida por el profesor Jorge Aguilera para comprender este fenómeno incluye las siguientes obras:• Tecnofeudalismo (de Yanis Varoufakis y de Cédric Durand, dos títulos homónimos y complementarios)
• Armas de destrucción matemática: Big Data (Cathy O’Neil)
• Manipulados (Sheera Frenkel y Cecilia Kang)
• La invisible cárcel cibernética (Alfredo Jalife-Rahme)
• Curtis Yarvin & The Neoreactionary Canon, Made Simple (Hugo Thorton Rawley)
• Un pueblo sin atributos (Wendy Brown)
• El laboratorio palestino (Antony Lowenstein)
• Tecnofacismo (Donatella di Cesare)
• ¿Por qué callan los corderos? (Rainer Mausfeld)
• La hora de los depredadores (Giuliano da Empoli)
• La era de la crueldad (Fernando Pitaron y Marti Szulman) y
• Civilización o barbarie (Alan Barroso).
Enlace recomendado:
*Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.






