Opinión

Sigamos construyendo un país para todos

Es la expresión de una ciudadanía que desea vivir con dignidad y que ha decidido convertir esa aspiración en una fuerza de cambio.

Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién

El mandato expresado por millones de colombianos es claro. Los cambios iniciados en estos años deben continuar y consolidarse. Ese fue el compromiso que Iván Cepeda asumió ante la nación el 30 de mayo, interpretando la voluntad de amplios sectores ciudadanos que aspiran a profundizar las transformaciones sociales, económicas y políticas emprendidas en los últimos años.

Durante este período, amplios sectores de la población han experimentado mejoras en sus condiciones de vida. Esos avances son el resultado de luchas sociales de larga duración, de la ampliación de derechos postergados durante décadas y de la construcción de un Estado más cercano a quienes históricamente permanecieron excluidos. Los cambios han sido reales y han dejado una huella profunda en la conciencia colectiva. Cada vez más ciudadanos comprenden que la participación organizada, pacífica y democrática puede transformar sus condiciones de existencia y ampliar sus oportunidades.

A lo largo de la campaña, Iván Cepeda recorrió el país de extremo a extremo. Participó en 155 actos multitudinarios en ciudades, municipios y territorios de todas las regiones, con la presencia directa de más de un millón de personas. En esos encuentros recibió algo que ninguna encuesta puede registrar plenamente. Recibió la confianza y la esperanza de una ciudadanía que se niega a aceptar la exclusión, la pobreza y la desigualdad como destinos inevitables.

En cada territorio escuchó historias de esfuerzo y resistencia. Encontró comunidades orgullosas de los derechos conquistados y conscientes de la necesidad de protegerlos y profundizarlos. También percibió una convicción compartida. Colombia puede avanzar hacia una sociedad más justa si mantiene el rumbo de las transformaciones emprendidas.

De ese recorrido surge un mensaje contundente. Una parte significativa del país aspira a la continuidad de un proyecto progresista que consolide las transformaciones sociales, económicas y políticas necesarias para construir una nación más equitativa, democrática y próspera. Es la expresión de una ciudadanía que desea vivir con dignidad y que ha decidido convertir esa aspiración en una fuerza de cambio.

La tarea principal de esta nueva etapa consiste en enfrentar de manera decidida la pobreza y la desigualdad. Ninguna democracia puede alcanzar su plenitud mientras millones de personas carezcan de oportunidades reales para desarrollar sus capacidades y construir un proyecto de vida digno. Colombia tiene las condiciones para avanzar en esa dirección y garantizar el acceso efectivo a los derechos, bienes y servicios esenciales para una vida plena.

La visión de país que inspira esta propuesta reconoce que nadie debe ser condenado a vivir en condiciones indignas, discriminatorias o inhumanas. También comprende que la riqueza natural, cultural y humana de la nación debe orientarse al bienestar colectivo y al fortalecimiento de un auténtico Estado Social de Derecho.

El programa de gobierno se fundamenta en cuatro grandes compromisos. El primero consiste en profundizar la transformación social con equidad, entendiendo que la justicia social constituye una condición indispensable para el desarrollo sostenible y la prosperidad duradera. El segundo busca fortalecer la presencia efectiva del Estado en los territorios y acercar las decisiones públicas a las realidades concretas de las comunidades. El tercero plantea una acción permanente contra la corrupción y contra las estructuras que durante décadas han debilitado las instituciones y erosionado la confianza ciudadana. Y, el cuarto reafirma el compromiso con la paz, la reconciliación y la reparación de las víctimas como bases para una convivencia democrática estable y duradera.

En el ámbito económico, la apuesta es por una Colombia moderna, productiva y diversificada. El desafío consiste en avanzar hacia una economía sustentada en el conocimiento, la ciencia, la innovación y el aprovechamiento responsable de la biodiversidad. La bioeconomía, la educación de calidad y el desarrollo tecnológico deben convertirse en motores fundamentales del crecimiento y la generación de bienestar.

Esa visión coincide con las recomendaciones formuladas por la Misión Internacional de Sabios, que identificó la necesidad de transformar la estructura productiva del país para aprovechar plenamente su potencial humano y natural. Se trata de un propósito que requiere la participación activa de empresarios, trabajadores, universidades, organizaciones sociales e instituciones públicas. Los grandes desafíos nacionales demandan concertación, confianza y acuerdos amplios que permitan avanzar hacia objetivos comunes.

Colombia tiene más razones para encontrarse que para distanciarse. Compartimos una historia, habitamos el mismo territorio y estamos unidos por los principios consagrados en una Constitución que reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Sobre esa base es posible construir soluciones colectivas a los problemas que nos afectan y fortalecer una cultura democrática fundada en el respeto, la participación y la búsqueda de propósitos compartidos.

La invitación es a fortalecer el diálogo democrático y la construcción colectiva de país. A los empresarios se les convoca a participar en los acuerdos que permitan impulsar el desarrollo y la prosperidad compartida. A los sectores de oposición se les invita a contribuir, desde sus visiones y propuestas, a la construcción de un Gran Acuerdo Nacional. A las organizaciones sociales, comunitarias y territoriales se les reconoce como protagonistas indispensables de cualquier proyecto de transformación duradera. Colombia necesita sumar capacidades, experiencias y voluntades alrededor de metas comunes que beneficien al conjunto de la sociedad.

La construcción de un país para todos también exige una profunda responsabilidad de las instituciones educativas. Las universidades y los educadores están llamados a desempeñar un papel fundamental en la formación de ciudadanos capaces de participar activamente en los asuntos públicos, deliberar con respeto, ejercer su autonomía y comprometerse con el bien común. Esa tarea trasciende las aulas y debe proyectarse hacia cada comunidad y cada territorio. La decisión que el 31 de mayo tomará Colombia está relacionada con la sociedad que desea construir en las próximas décadas. El desafío consiste en ampliar las oportunidades, fortalecer la democracia y avanzar hacia mayores niveles de justicia social. El mensaje de Iván Cepeda convoca a fortalecer la esperanza, la unidad y la confianza en las capacidades colectivas del país. Con pleno respeto por la Constitución y la ley, con la participación activa de la ciudadanía y con la convicción de que Colombia pertenece a todos sus habitantes, sigamos construyendo un país donde cada persona tenga un lugar, una oportunidad y una razón para creer en el porvenir.

Artículo de opinión basado en el mensaje de Iván Cepeda a la nación del 30 de mayo de 2026, así como en los artículos de opinión «Una sola Colombia» https://bit.ly/3SGidSN y «Un nuevo proyecto de país… sí es posible» https://bit.ly/3j93Qpx, de Heberto Tapias García (Universidad de Antioquia).

*Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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