Opinión

Indígenas y afrodescendientes en Colombia: un tema prioritario

Tanto las diferentes comunidades indígenas como las afrodescendientes viven en la Colombia profunda todo un calvario de abandono que el actual gobierno ha traído al primer plano.

Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/el Pregonero del Darién

El problema con las comunidades más vulnerables en Colombia, es gravísimo. A los blancos descendientes de la criollería colonial nos asiste un sentimiento de rechazo y segregación que no podemos negar. Por más que tratamos, algo nos presiona tendiendo a confirmar un racismo estructural y un fastidio por todo lo que no sea «blanco, inteligente y bonito». Los ejemplos más evidentes están en las sociedades capitalistas más desarrolladas, en donde los conflictos raciales perviven atenuados por legislaciones que tratan de regularlos casi en forma forzosa, o convertirlos en evidentes posturas ideológicas reaccionarias como las diferentes formas del fascismo neonazi, o en la actualidad, con políticas antimigratorias violentas y descaradas.

En Colombia hay cientos de comunidades indígenas, afrodescendientes y raizales que viven en la precariedad como consecuencia del despojo centenario de sus tierras, el etnocidio, en el caso de los indígenas, y el desprecio, el abandono y la corrupción, en el caso de los afrodescendientes.

A partir de la colonia el proceso de deterioro social de estas comunidades es evidente y los hechos están a boca de jarro en la historia: es el caso de las comunidades negras que desde su origen esclavista hasta el intento de emancipación con la aparición de los primeros palenques y la conformación de territorios extensos habitados por los descendientes de las primeras generaciones de esclavos que como en el Chocó, viven en condiciones muy precarias a pesar de habitar una de las zonas más ricas en recursos del planeta compartida en mínimo porcentaje con la población indígena originaria.

En el Cauca y en el Valle la expoliación poscolonial trajo consigo la conformación de grandes latifundios de monocultivo de caña de azúcar y el asentamiento urbano de múltiples conglomerados de negros, mestizos y zambos sumada a la migración indígena hacia las fronteras agrícolas de las selvas ocupando baldíos y pedregales estériles; el ejemplo del distrito de Agua Blanca en Cali es representativo, también los cada vez más numerosas barriadas de campesinos desplazados por los diferentes tipo de violencia política, guerrillera y paramilitar, dan buena cuenta del fenómeno como resultado del afán  de una élite blanca que siempre quiso despojar y esclavizar, todo ello magnificado en los últimos cuarenta años con el advenimiento del narcotráfico.

Ahora bien, los componentes culturales de todas estas comunidades se han mantenido en una triste simbiosis con la población blanca. En los indígenas – muchos de ellos católicos a la fuerza-, pervive el respeto por la tierra a la cual consideran como sujeto de adoración y origen, así mismo en el negro la tendencia natural al jolgorio, la solidaridad y la alegría, prevalece como característica que no les pudo ser confiscada por la violencia y la corrupción.

Tanto las diferentes comunidades indígenas como las afrodescendientes viven en la Colombia profunda todo un calvario de abandono que el actual gobierno ha traído al primer plano en busca de soluciones y redención en un país francamente fragmentado sin una visión etnocultural clara, y que sólo ahora vislumbramos tratando de vincularlos al desarrollo con propuestas de educación y reformas sociales prioritarias de acuerdo a las necesidades de cada región.

El trabajo por realizar es muy grande y el reto es de la mayor dificultad en un país que como Colombia apenas empieza a emerger del caos luego de más de dos siglos de gobiernos neocoloniales por parte de una élite blanca dependiente culturalmente de «amos y reyes, religiosos y caudillos» todo ello reforzado por la impronta cultural de un racismo y una aporofobia vergonzantes.

Tratar de estructurar un vínculo del componente indígena y afrodescendiente al aparato productivo de tipo blanco y capitalista mediante las reformas sociales requeridas respetando los derechos y deberes de cada grupo étnico consignados en la Constitución, se impone como meta fundamental de los próximos gobiernos; de no ser así, el país se seguirá fraccionado y la inequidad con el recrudecimiento de la violencia continuará siendo una triste realidad.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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