Opinión

Los atentados terroristas

Prefieren el Plan Júpiter y la manipulación, si bien Uribe quiere la guerra y el escándalo, de ahí su presencia y la intriga desde el Ecuador. ¡¡No hay derecho!!

Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/el Pregonero del Darién

Todos estamos aterrados por el accionar terrorista de las llamadas «Disidencias» de Iván «Mordisco». El argumento de que el ejército tienes las manos atadas y que el gobierno es un cobarde o un aliado al permitir estos atentados, es la voz que corre condenando y denigrando.

El problema de la guerra en Colombia es bien distinto y oculto por los medios y por la falta de educación cívica, histórica y política en la población, máxime si el espíritu crítico de nuestros estudiantes se perdió hace ya muchos años cuando del pensum escolar se suprimieron prácticamente todas las humanidades.

La guerrilla tiene una historia de 60 años. Durante todo ese tiempo han pasado generaciones enteras de guerrilleros nacidos, criados, y muertos en la guerrilla. Padres, madres, hermanos, sobrinos, tíos y abuelos, todos guerrilleros. Pueblos, caseríos y centros poblados, muchos de ellos prósperos y agradecidos por la acción de la guerrilla que les ha brindado una buena calidad de vida con carreteras, hospitales, escuelas, ornato y trabajo, todo en los últimos cuarenta años solventado ahora por la minería ilegal, los cultivos y la producción ilícita de cocaína y marihuana, como también las divisas provenientes del contrabando en unos territorios clásicamente olvidados por el estado. Ya el romanticismo político de una guerrilla luchando por una sociedad igualitaria se perdió al ser permeadas por la cultura del narcotráfico.

De ahí la desmovilización de las antiguas FARC con la persistencia de unos frentes disidentes de tipo narcotraficante dirigidos por caudillos nacidos y criados en territorios y ambientes guerrilleros como lo son gran parte de los departamentos del Cauca, Nariño y Norte de Santander, también grandes extensiones de los llamados Territorios Nacionales, norte de Antioquia y Tolima. Todo ello herencia del despojo campesino a partir de la violencia interpartidista originada en las luchas agrarias desde los años veinte del siglo pasado y convertida en guerra civil entre liberales y conservadores luego del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán.

En 1.964 el presidente Guillermo León Valencia, cazador y beodo – abuelo de Paloma- bombardeó a un grupo de cincuenta campesinos en Marquetalia, norte del Tolima, que tildó de comunistas y a quienes venía persiguiendo con más de dos mil soldados para negarles la restitución de sus tierras. Tal fue el origen de las FARC. Lo mismo sucedió en el noreste de Antioquia y Norte de Santander con el ELN, de cuya conformación el ala progresista de la iglesia católica aportó tanto la sangre como el corazón: allí perdió la vida el sacerdote Camilo Torres sociólogo y decano de la facultad en la Universidad Nacional, quien con varios compañeros sacerdotes fundaron y dieron consistencia a un movimiento que ya en la actualidad pervive como grupúsculos de combatientes en disputa por las rutas y rentas del narcotráfico y la minería ilegal, todos bajo el mando de la llamada Junta Internacional del Narcotráfico con sede en las grandes capitales del mundo, entre ellas Dubai.

La guerra, como se entenderá, es desigual, pues el poder de la guerrilla es aterrador: además de estar apalancado en los dinerales y la tecnología que el dinero del narcotráfico puede comprar, su actuar es clandestino. No es el enfrentamiento clásico- casi cinematográfico- entre dos ejércitos, el uno frente al otro; el ataque viene desde la clandestinidad, desde el tendero guerrillero, el ama de casa guerrillera, el civil que te pega un tiro en la calle, la muchachita que deja la moto bomba y vuela el Comando de Policía, o el conductor del bus cargado de explosivos… son pueblos guerrilleros, comunidades guerrilleras, generaciones guerrilleras.

Esa es la razón por la que mueren los soldados en atentados desde el anonimato – accidentalmente civiles como se excusa Iván » Mordisco»-.

La labor del gobierno ha sido tratar de enfrentarlos y llevarlos a un sometimiento mediante un diálogo… de negocios, con la sustitución de cultivos, la presencia del Estado y la protección al campesino cultivador bien diferente al habitante urbano de municipios como Caloto, Toribio, Cajibío, etc.

De ahí la importancia de conocer la historia reciente del país, la historia del conflicto, qué ha pasado, el porqué del fenómeno paramilitar, la aparición de la mafia y su asociación con el Estado.

Tantas cosas de las que los medios tradicionales nunca nos hablan, pues sólo lo hacen refiriéndose a las consecuencias, pero nunca al origen y siempre con una actitud políticamente sesgada, clasista, despreciativa y torpe.

¡¡¡A estudiar!!! Es la consigna. De lo contrario seguiremos siendo manipulados por el miedo que vende «protección» – pretendiendo votos-, a sólo una franja de la sociedad, puesto que los más pobres, los «Sin tierra”, los «Nadie», esos seguirán padeciendo la guerra y sepultando a sus hijos.

¡¡NO MÁS!!

Ya no son 6.402 los muchachos inocentes asesinados y disfrazados de guerrilleros fingiendo victorias. ¡¡Ya casi son 8.000…8.000!!

NOTA:  Se precisa, con carácter urgente, que el Congreso apruebe la Ley de sometimiento y la Jurisdicción Agraria.

CODA

Considero que los diálogos mientras no exista aprobada una Ley de Sometimiento, van a seguir siendo infructuosos dado que, quiérase o no, el narcotráfico tiene un carácter político en Colombia, máxime si ha nombrado presidentes y prácticamente todo el Congreso obedece, directa o indirectamente a sus directrices tanto que la economía depende en un 40% del lavado de activos.

Santos desmovilizó la guerrilla y el Estado no copó esos territorios, además hizo trizas el acuerdo y propagó el negocio y por ende la guerra y la venganza contra Petro, quien les incauta toneladas y les entorpece el negocio a nivel internacional, en parte para «demostrarle a Trump que sí trabaja» e impedir que invada o haga presencia grotesca en las próximas elecciones lo cual sería desastroso! Prefieren el Plan Júpiter y la manipulación, si bien Uribe quiere la guerra y el escándalo, de ahí su presencia y la intriga desde el Ecuador.

¡¡No hay derecho!!

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

Artículos destacados

Botón volver arriba