El miedo como estrategia para secuestrar tu voto
Este plan responde a intereses concretos. Los mismos que hoy siembran temor son quienes han bloqueado sistemáticamente las reformas que buscan mejorar la vida de la gente.

Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién
En Colombia, el debate público en vísperas electorales suele distar mucho de ser un ejercicio genuino de deliberación. Con frecuencia es el resultado de estrategias calculadas que buscan manipular la conversación antes que enriquecerla. No se orienta a informar sino a impactar. Apela al miedo y a la incertidumbre ante la falta de argumentos, movilizando adhesiones rápidas en una ciudadanía expuesta a mensajes que privilegian la reacción sobre la reflexión.
Este libreto no es nuevo, se ha repetido por décadas. Desde el pánico tras el asesinato de Gaitán y el temor construido alrededor de Rojas Pinilla, hasta el uso electoral del conflicto con las FARC y el fantasma del «castrochavismo», la fórmula siempre es la misma. Se trata de inventar o exagerar una amenaza, amplificarla hasta la histeria colectiva y presentar a un candidato como el único salvador frente al abismo.
Hoy esa estrategia se ha perfeccionado. Grandes medios y redes sociales, vinculados a poderosos grupos económicos, operan como una poderosa maquinaria de desinformación que no explica sino que moldea emociones e induce temor. Es una operación constante de titulares alarmistas y omisiones deliberadas que buscan descalificar cualquier intento de cambio.
“Un electorado con miedo es más fácil de manipular. Un voto desde el pánic no es un voto libre”
Cuando la desinformación no basta aparece la mentira abierta. Se difunden acusaciones sin sustento contra figuras que representan alternativas distintas. Por ejemplo, se intenta vincular a Iván Cepeda con organizaciones desmovilizadas sin prueba alguna, o se filtran supuestas investigaciones en Nueva York contra Gustavo Petro sin que existan cargos formales. Incluso, lanzan insinuaciones para responsabilizarlos de hechos históricos como la muerte de Miguel Uribe Turbay sin respaldo judicial alguno. No son hechos aislados. Es una estrategia para convertir el rumor en verdad aparente.
La manipulación también adopta formas sutiles. Se maquillan trayectorias de políticos y se reescriben discursos con giros oportunistas. Sectores y candidatos que durante años defendieron posturas excluyentes hoy se presentan como moderados, hablando de inclusión y centro político, aunque su historial en el Congreso revela lo contrario. No es una transformación genuina, es puro cálculo electoral. Es falsedad burda!
Este plan responde a intereses concretos. Los mismos que hoy siembran temor son quienes han bloqueado sistemáticamente las reformas que buscan mejorar la vida de la gente. En el Congreso han obstaculizado las reformas a la salud, pensional y laboral mediante dilaciones y ruptura de quórum. A la par, acuden a las Cortes para demandar las reformas aprobadas, intentando frenar por la vía judicial lo que no logran detener en el debate democrático.
“No es una oposición que debate desde las instituciones; es una oposición que bloquea el progreso social”
La contradicción es máxima cuando intentan hablarle a los trabajadores. Quienes pretenden conquistar su voto son los mismos que se opusieron al incremento del salario mínimo para 2026 e incluso demandaron el Decreto 1469 de 2025 ante el Consejo de Estado. Ahora se presentan como defensores del ingreso digno. No es coherencia, es falsedad.
El problema de fondo es que no defienden los intereses colectivos sino sus privilegios. Al bloquear la reforma laboral protegen la explotación. Al hundir la de salud protegen el negocio. Al frenar la pensional condenan a millones a una vejez en la pobreza. Ante la falta de propuestas para la inequidad, recurren a la nostalgia por un pasado que solo benefició a una élite. Por eso recurren al miedo, porque este reemplaza la racionalidad y evita que la ciudadanía se pregunte qué hicieron ellos cuando tuvieron el poder.
Mientras se prolonga el estado de alarma y se exacerban el temor y la inseguridad, distorsionan la realidad del país. Colombia ha comenzado a avanzar en la corrección de desigualdades históricas. El gobierno del cambio ha mostrado que es posible orientar la gestión pública hacia el bienestar de las mayorías. Se han formalizado millones de hectáreas en favor del campesinado, se ha consolidado la gratuidad en la educación superior para cientos de miles de jóvenes y el salario mínimo ha experimentado incrementos progresivos orientados a mejorar el poder adquisitivo.
“Se han formalizado millones de hectáreas para los campesinos y garantizado educación gratuita para miles de jóvenes”
En materia de seguridad y soberanía, se han alcanzado resultados históricos en la incautación de cocaína y la destrucción de infraestructuras del narcotráfico, golpeando las finanzas de los grupos delincuenciales como nunca antes. Además, se ha reducido la deforestación a cifras récord en dos décadas. Todo esto se ha logrado enfrentando una obstrucción sistemática de quienes hoy prometen orden y prosperidad, los mismos que durante años legislaron para las élites y bloquearon el bienestar de las mayorías.
El llamado es urgente. No dejemos que el miedo secuestre nuestro voto. Votar desde el pánico es ceder a otros la decisión sobre el futuro. Votar desde la conciencia y la evaluación honesta es un acto de soberanía. Tenemos la oportunidad de demostrar que los resultados importan más que los fantasmas. Votemos con la cabeza fría por la continuidad del proyecto del Pacto Histórico y por un país de oportunidades donde podamos convivir en paz.

*Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.






