Gestión Ambiental

Incendios en el Tolima: Otra vez el fuego pone en jaque a ecosistemas y comunidades

El fuego, además de causar daños a los ecosistemas y perjuicios económicos para las comunidades afectadas, también emite grandes cantidades de contaminantes a la atmósfera

(Foto principal/ Gobernación del Tolima)

Ricardo Morales/razonpublica/Análisis de la noticia/El Pregonero del Darién

Esta difícil situación infortunadamente no será la última que veamos, pues los fuegos por esta época son parte del paisaje. Sin embargo, es claro que deberían ser causa suficiente para llamar a los ciudadanos y a las autoridades a plantearse qué acciones está realizando el país para mitigar este tipo de situaciones, y así limitar su impacto.

El país nuevamente se enfrenta al reto de combatir el fuego que se propaga en montes, bosques y cultivos. En esta ocasión, la zona que protagoniza esta nueva emergencia es el departamento de Tolima, donde miles de hectáreas de superficies vegetadas han sido consumidas por las llamas. Los reportes de múltiples entidades recogidas por la prensa dan cuenta de una aglomeración de fuegos en la zona comprendida entre el municipio de Coello, en Tolima, particularmente en el corregimiento de Gualanday, y el norte del municipio de San Luis, en el mismo departamento (Figura 1). En menor medida, algunas zonas de Cundinamarca también se han debido enfrentar a la presencia de focos de fuego. 

Figura 1. Ubicación de puntos calientes, según el registro del Sistema de información sobre fuegos para la gestión de recursos (FIRMS) de NASA. Los datos mostrados son para los días entre el 15 y el 29 de agosto de 2026

La recurrencia de estos eventos nos hace casi siempre buscar responsables y buscar respuestas. ¿Por qué ocurren estos fuegos? ¿Qué tanto tiene que ver el cambio climático? ¿Qué tan comunes son? ¿Qué podemos hacer para prevenirlos y mitigar sus impactos negativos?

Entre prácticas agrícolas y alertas por sequía

Lo cierto es que el fuego en nuestro país es muy común y a lo largo del año los patrones donde se observa con mayor frecuencia siguen muy de cerca las temporadas de menores lluvias. El fuego, en muchas ocasiones, es iniciado por prácticas agrícolas destinadas a eliminar rastrojos, residuos de cosecha o pastizales. En algunas ocasiones estas prácticas son bien ejecutadas minimizando el riesgo, pero en muchas otras, éstas se salen de control e impactan grandes áreas de vegetación natural o cultivos vecinos. En Colombia, el fuego también ocurre con frecuencia en áreas protegidas, producto de actividades asociadas con la deforestación, práctica ilegal principalmente empleada para generar rápidamente terrenos para extender hatos ganaderos o sembradíos de palma. En condiciones de sequía como las que está empezando a vivir el país por cuenta del creciente fenómeno de El Niño propician las condiciones en el suelo para que el fuego se propague más fácilmente, con lo que se amplifican las posibles afectaciones sobre los recursos naturales y las comunidades vecinas.

Al analizar la frecuencia con que los llamados puntos calientes, es decir, señales de calor intenso que pueden ser detectadas desde el espacio por sensores en plataformas satelitales y que son claros indicadores de la presencia de fuegos, vemos que en esa zona del país ocurren cientos de detecciones cada mes, siendo justamente el mes de agosto el segundo mes del año que más número de focos presenta típicamente, solo superado por el mes de septiembre (Figura 2). Es decir, en esa zona de Tolima, agosto y septiembre cada año presentan cientos de fuegos en zonas vegetadas. 

El papel de El Niño y la amenaza del cambio climático

Si bien entonces esta es la época de quemas en esa zona, este año parecería haber varias situaciones que son diferentes. La primera de ellas relacionada con las condiciones meteorológicas. Se ha hablado mucho en el país, y en el mundo entero, del fortísimo fenómeno de El Niño que se está gestando, ya que parece ser que tendrá proporciones históricas en intensidad y duración. Este fenómeno, que consiste en un calentamiento por encima de lo normal de las aguas superficiales el margen oriental del océano Pacífico (justo el que colinda con las costas pacíficas colombianas), tiene un gran impacto en la intensidad de las temporadas de lluvia y de sequía en el territorio colombiano.

Datos del sistema FIRMS de la NASA, que compila los registros satelitales de los focos de incendios, demuestran que durante agosto de este año se ha presentado un número anómalamente alto para este mes (ver Figura 2). Si bien es difícil adjudicar la razón exacta de este alto número de conflagraciones, los datos sugieren que es factible que las condiciones meteorológicas que atraviesa el país hayan confluido con las quemas agrícolas que realizan los campesinos en esta zona todos los años para agravar su impacto. Esta hipótesis se puede confirmar en parte al consultar el boletín se sequía publicado por el Ideam. Dicho informe demuestra un índice de sequía entre severo y extremo para el trimestre entre abril y junio para Tolima, y de igual forma para otras zonas del occidente colombiano. Es decir, los patrones meteorológicos parecen haber sido un facilitador para que los cientos de quemas que se inician en esa zona del país en esta época no solo hayan causado estragos en zonas alejadas, sino que ha alcanzado zonas pobladas, como lo fue el caso de algunas veredas del municipio de Coello (Tolima), que obligaron a los habitantes del sector a evacuar de forma apresurada. 

Es válido preguntarse, como muchos lo hacemos, si estamos viendo en estos incendios los impactos del cambio climático. La respuesta no es simple y tiene varias partes. El fenómeno de El Niño ocurre hace decenas de miles de años, es decir, no es un fenómeno nuevo ni surgió con el cambio climático actual que estamos experimentando. Sin embargo, según el sexto reporte publicado en 2021 por el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), que compila los hallazgos de múltiples grupos de investigación que analizan el cambio global con modelos climáticos de la atmósfera y el océano, es altamente probable que la variabilidad en la precipitación de los eventos de El Niño y La Niña se intensifique en respuesta al calentamiento global a lo largo del siglo XXI, aunque no existe un consenso sólido entre los modelos.

Es decir, es posible que los eventos extremos de sequía y de lluvia sean aún más extremos a medida que se agudiza el cambio climático global, fenómeno del que, infortunadamente, apenas estamos viendo sus primeros pasos. En resumen, los efectos del cambio climático recién se empiezan a manifestar y es muy probable que, en algunas décadas, sean mucho más severos. Esto, por supuesto, invita a replantear las prácticas actuales y a involucrar mucho más datos y evidencias a las prácticas agrícolas actuales para adaptarse a las condiciones climatológicas cambiantes y evitar así los peores estragos que se pueden derivar de fuegos fuera de control.

Conclusiones y retos ante futuros incendios

Esta difícil situación que atraviesan comunidades en Tolima, infortunadamente no será la última que veamos, pues los fuegos por esta época, gracias a las prácticas de las comunidades, con parte del paisaje. Sin embargo, es claro que el fuego fuera de control, las razones que lo causan y las retadoras condiciones climáticas que progresiva pero certeramente nos augura el cambio climático, deberían ser causa suficiente para llamar a los ciudadanos y a las autoridades a plantearse qué acciones está realizando el país para mitigar este tipo de situaciones, y así limitar su impacto.

El fuego, además de causar daños a los ecosistemas y perjuicios económicos para las comunidades afectadas, también emite grandes cantidades de contaminantes a la atmósfera. Estos últimos pueden afectar la salud de las comunidades cercanas que los viven con más intensidad, pero también el efecto acumulado de los cientos de fuegos en zonas vegetadas que pueden estar activos en un momento dado impacta la cantidad de contaminantes atmosféricos en grandes zonas del territorio nacional, lo que nos afecta a todos.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano
Botón volver arriba