Entre sorpresas electorales y reacomodos políticos
Hemos observado una importante movilización juvenil en las principales ciudades del país. Se trata de una juventud preocupada ante la posibilidad de un triunfo de la extrema derecha.

Ramón Elejalde Arbeláez/Opinión/El Pregonero del Darién
Hacer una lectura de las elecciones del pasado 31 de mayo no parece requerir de grandes expertos. Los resultados, en principio, parecían carecer de lógica. Todas las encuestas, incluso las más conservadoras y las más arriesgadas, pronosticaban un triunfo de Iván Cepeda. Sin embargo, no fue así.
La primera gran conclusión fue la masiva migración de apoyos que abandonaron las filas de Paloma Valencia para sumarse al movimiento de Abelardo de la Espriella. El fenómeno fue de tal magnitud que pareciera haber existido una mano poderosa detrás de esa decisión. No resulta fácil encontrar una explicación política convincente para semejante comportamiento electoral.
También llama la atención la soledad en la que quedó el expresidente Álvaro Uribe —más que la propia Paloma Valencia— durante la contienda. Todo indica que por la candidata del Centro Democrático terminaron votando algunos sectores tradicionales del partido, seguidores de Daniel Oviedo y simpatizantes de los precandidatos que participaron en la consulta interna. Quien haya diseñado esa estrategia puede darse por satisfecho: logró desmentir incluso a las encuestas.
Tampoco puede pasarse por alto el surgimiento en Colombia de una derecha más radical, con referentes que algunos comparan con Nayib Bukele en El Salvador o Javier Milei en Argentina. Para muchos analistas, ninguno de estos modelos resulta digno de imitación debido a las complejas consecuencias sociales y económicas que enfrentan hoy sus países. De la Espriella representa, para sus críticos, la expresión más cercana de esa tendencia.
Su discurso se caracteriza por un tono confrontacional, una defensa del neoliberalismo más extremo y posiciones que cuestionan derechos y políticas dirigidas a minorías y sectores vulnerables. Si llegara a triunfar, es probable que el país viva un período de intensa movilización social.
Sin embargo, este panorama puede cambiar. El llamado "Tigre" ha demostrado una notable capacidad para reinventarse políticamente, modificando sus posturas y discursos con gran rapidez.
Al finalizar la jornada electoral, la reacción de los candidatos no fue la mejor. Iván Cepeda tenía la oportunidad de insistir en el gran acuerdo nacional que ha venido proponiendo, pero terminó atrapado en la dinámica de confrontación impulsada por su adversario y por el propio presidente Petro, al cuestionar los resultados electorales.
Durante la última semana hemos observado una importante movilización juvenil en las principales ciudades del país. Se trata de una juventud preocupada ante la posibilidad de un triunfo de la extrema derecha. Ese fenómeno podría contribuir a una recuperación de la campaña de Cepeda.
También se perciben avances en el manejo de las redes sociales, especialmente en TikTok y X. El candidato ha participado en manifestaciones junto a jóvenes en Bogotá e Ibagué y parece estar dejando atrás una imagen excesivamente acartonada. Sin duda, eso puede favorecerlo.
Remontar la diferencia no será una tarea sencilla, pero tampoco imposible para el llamado candidato de la vida. Los jóvenes, además de marchar, podrían dedicar parte de su tiempo a conversar con familiares, amigos y vecinos para convencerlos de respaldar su propuesta. Combinar la movilización con el trabajo político de cercanía podría resultar mucho más efectivo.
No puedo terminar sin referirme a las desacertadas decisiones del otrora poderoso Partido Liberal. Tras conocerse la posibilidad de una adhesión de esa colectividad a la campaña de De la Espriella, el propio candidato les cerró la puerta y dejó claro que no los recibiría. Aun así, la dirección del partido —o quizá sus verdaderos orientadores— emitió un comunicado en el que, en esencia, manifestaba su respaldo al "Tigre", aunque dejaba en libertad a quienes prefirieran apoyar otra candidatura.
La escena resulta difícil de comprender. Un partido que históricamente se ha identificado con el liberalismo social y la socialdemocracia difícilmente puede sentirse cómodo respaldandouna propuesta ubicada en la extrema derecha del espectro político. Esa contradicción refleja, quizá mejor que cualquier otra cosa, la profunda crisis de identidad que hoy atraviesa el liberalismo colombiano.






