Opinión

En pocas palabras

Al emperador no le interesa la "moral", ni salvar a su país del "veneno que destruye a la juventud"; qué le va a interesar a un delincuente culpable de 34 delitos, pederasta y abusador sexual...

Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/ El Pregonero del Darién

La guerra contra el narcotráfico y la minería ilegal es una guerra perdida por dos razones:

1. Disponen de todo el dinero del mundo y eso hace que todos, absolutamente todos: Trump, Petro, Maduro, Cepeda, Pastrana, Vicky, Roy, Paloma, Uribe, Abelardo, etc, etc, bailen a su ritmo. Es un negocio de nunca acabar con ganancias de 200.000 millones de dólares al año y 50 millones de consumidores diarios, no necesariamente adictos. Además el país produce el 90% de la cocaína del planeta con tres cosechas anuales y, a decir de los expertos, con variedades resistentes a la aspersión con glifosato.

2. Los ejércitos que custodian los cultivos y las rutas atacan desde la oscuridad, a mansalva y sobreseguro.

En Vietnam derrotaron con igual estrategia al imperio estadounidense, habiéndolo hecho ya con los franceses. Incluso la típica guerrilla sumida en la selva ahora se ha  tecnificado con drones y temporizadores generando ataques a corta distancia contra bases militares sin mucha dinámica operacional y sitios de entrenamiento de cadetes como sucedió en Tunja o el reciente en Aguachica, y hace algunos años en la Escuela de Cadetes en Bogotá.

Sostener una guerra en tal desventaja es una pérdida de esperanzas, dinero y vidas de muchachos pobres además de condenar al campo a una postración eterna.

De otro lado, Trump se ha estacionado al frente de las costas de suramérica  para apoderarse del petróleo, el agua, el oxígeno, los metales preciosos … y la cocaína! – el “espanto” sabe a quien le sale, también quiso apoderarse de Groenlandia, pero allí las cosas son más difíciles y no tan rentables-

Al emperador no le interesa la «moral», ni salvar a su país del «veneno que destruye a la juventud»; qué le va a interesar a un delincuente culpable de 34 delitos, pederasta y abusador sexual… !! Su única pretensión es fortalecerse para enfrentar el poder de las grandes potencias y quedarse con los recursos que se agotan en países que, como el suyo, luchan contra el embate del cambio climático y unas estaciones cada vez más inclementes y de difícil control.

La corrupción nos está devorando. La pantalla de decencia que las élites blancas clásicamente ostentadoras del poder en Colombia -como herederas de la colonia española-, se ha visto deteriorada en los últimos cincuenta años con el advenimiento del narcotráfico y la aparición en el escenario político de unos líderes de izquierda bisoños, resentidos e igualmente corruptos -por fortuna no todos-, representantes de una clase emergente que vio en la política la forma de ascender social y económicamente, tal vez como desquite a una historia familiar de penurias y segregación. Una serie de personajes a quienes desde los tiempos de la criollería española se les humillaba casi a nivel de esclavos  y  que ahora, conocidos con el apelativo de «Carangas Resucitadas» han estado de plácemes para desprestigiar y echar al suelo todo un proyecto político progresista y socialdemócrata. Personajes como  Olmedo López, Snyder Pinilla, la mona Sandra, el tal Ramón González y  otros – me avergüenza pensar que los exministros Velasco y Bonilla se sumen a la lista-, son claros ejemplos de esa ralea de aparecidos que han desprestigiado al gobierno y hacen que un triunfo electoral en el 2.026 ya se vea muy distante.

El mismo fenómeno ha sucedido en los otros países de nuestra América, en donde las pretensiones libertarias se convirtieron en una dinámica de improvisación y corruptelas llevando a gobiernos como los de Chile, Perú y Argentina a un giro neofascista donde el delito perfumado y las grandes apetencias del capital, pretenden otra vez tomarse el Estado y hacer de los derechos básicos un simple negocio de privilegios y ganancias, reforzado por una actividad mediática intensa y agresiva, en donde al pueblo se le inculca día a día el desprecio por sí mismo, y se refuerzan valores culturales de tipo foráneo que cifran un pretendido progreso en la imitación de patrones de poder cifrados en la osadía, el egoísmo, el crimen y la corrupción. Un ejemplo claro es la cultura del sicariato mafioso y caballista en Colombia, en donde se le rinde culto al dinero, se degrada a la mujer, y se recurre a todo  un acolitáje de música y ornato del mismo orden con figuras de héroes de sombrero y espuelas al lado de mesías bondadosos y multiformes.

La realidad es bien triste y la labor pedagógica de rescate apenas comienza, a pesar de los logros a contracorriente de una oposición rastrera y mal intencionada.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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