Vivimos la democracia del miedo
Ya sea para elegir al líder de un sindicato o al mandatario de un país, el discurso es el mismo: apelar al miedo a la pérdida de libertades individuales de forma simplista.

Arlinton Cuesta Mosquera/Opiniòn/El Pregonero del Darién
¿Votamos por convicción o por pánico? La «Democracia del Miedo» en nuestras urnas.
Últimamente he reflexionado sobre un fenómeno que nos afecta a todos: parece que ya no elegimos propuestas, sino que elegimos al «menos peor» para evitar un apocalipsis personal. Se nos ha impuesto la «Democracia del Miedo», una narrativa donde el candidato no te dice qué construirá, sino que te convence de que, si no votas por él, perderás tu libertad, tu propiedad o tu identidad.
Lo más preocupante es que este comportamiento no es exclusivo de las grandes elecciones presidenciales; se filtra en todas las esferas democráticas, desde la elección de un Presidente hasta la Junta de Acción Comunal o el consejo de un barrio. En cualquier nivel, la estrategia es la misma: «Si ganan ellos, nos destruyen».
¿Por qué caemos en esta trampa?
No es casualidad; hay ciencia y estrategia detrás:
El «Secuestro» de la Amígdala: Estudios de neurociencia (como los de Drew Westen o Mariano Sigman) explican que, ante mensajes de amenaza, el cerebro activa la amígdala (supervivencia) y «apaga» el córtex prefrontal (razonamiento lógico). Un votante asustado no analiza planes de gobierno, solo busca protección.
La Teoría de la Inteligencia Afectiva: Autores como Marcus, Neuman y MacKuen sostienen que el miedo y la ansiedad nos vuelven más receptivos a mensajes simples y nos hacen abandonar nuestras lealtades habituales por instinto de preservación.
Simplificación y Falacias: Se usan verdades a medias para crear un enemigo absoluto. La política deja de ser una discusión de ideas para convertirse en una lucha de «nosotros contra ellos».
De lo local a lo global
Ya sea para elegir al líder de un sindicato o al mandatario de un país, el discurso es el mismo: apelar al miedo a la pérdida de libertades individuales de forma simplista. El resultado es una democracia de supervivencia en lugar de una de progreso.
¿Se han dado cuenta de esto en las elecciones de su barrio o de su entorno laboral? ¿Estamos votando para construir futuro o simplemente para que no nos «quiten» lo poco que tenemos? Los leo en los comentarios.





