Por si quedaba alguna duda
Con la llegada al poder de Trump y las políticas de aranceles, así como las drásticas medidas contra los migrantes en su país, la situación para Netanyahu se hizo más favorable.
Juan Hernández Machado*Opinión/El Pregonero del Darién
Desde que se inició la etapa actual del genocidio israelí contra el pueblo palestino, el 8 de octubre del 2023, hemos estado denunciando en repetidas ocasiones la estrecha colaboración que tiene el gobierno de Estados Unidos de América- sin importar quién esté al frente en la Casa Blanca y a qué partido pertenezca- con el régimen sionista de Tel Aviv.
Sin duda alguna, dicha colaboración convierte a ese gobierno en cómplice del genocidio contra el pueblo palestino y, por tanto, es inmoral que pretenda erigirse en mediador de ceses al fuego, paz temporal o duradera, garante de acuerdo alguno, como la historia lo ha demostrado.
En el tema de Palestina, ese gobierno, con diferentes presidentes al mando, ha promovido los llamados acuerdos de paz que el gobierno de Israel ha firmado con Egipto, Jordania, la Organización para la Liberación de Palestina y otros países árabes, acuerdos todos que el gobierno de Israel ha violado a su conveniencia en repetidas ocasiones…y no ha sucedido absolutamente nada.
Entonces, ¿qué credibilidad puede tener un garante que no esconde su parcialidad hacia una de las partes en conflicto?
Es sabido que el gobierno estadounidense ha apoyado a su homólogo de Israel desde que ese Estado se creara en 1948.
El pueblo estadounidense, engañado por las campañas de propaganda de su gobierno, ha creído que la ayuda “desinteresada” que este ofrece a otros países va hacia los más necesitados. Sin embargo, está comprobado por las mismas fuentes estadounidenses que analizan la ayuda exterior de su país, que Israel, que no tiene nada de pobre de solemnidad, es el principal beneficiario de dicha ayuda estadounidense desde 1976.
Durante los primeros veinte años de su existencia, la ayuda recibida de Estados Unidos era fundamentalmente económica, para transformarse poco a poco en ayuda militar, componente que acapara prácticamente todo el esquema de colaboración entre los dos países desde el año 2008.
Hasta el gobierno del señor Barack Obama, ensalzado por muchos por ser progresista, amante de la paz y todo lo demás que le acompaña cuando la propaganda quiere convertir en buenos a los presidentes yankees, incrementó en el año 2016, por un período de diez años, la ayuda a Israel por valor de $ 3,8 billones de dólares anualmente.
Según cifras dadas a conocer por el propio gobierno sionista y reflejadas en diferentes medios de prensa, tanto locales como estadounidenses, su presupuesto militar para el año 2022 llegó a aproximadamente $ 23 billones, por lo que la cuota anual que Washington le continúa brindando, representa un aproximado de 17% del total.
Y eso les permitió a los “pobres dirigentes sionistas” lanzar todo su músculo militar contra la Franja de Gaza a partir del 8 de octubre de 2023, lo que ha ocasionado más de 55 mil víctimas mortales, fundamentalmente mujeres y niños.
Pero para que los pobres sionistas no quedaran desvalidos ante la “cruel amenaza” que representaban los valientes combatientes palestinos de Gaza, el Congreso estadounidense aprobaría un extra de $ 26 billones en ayuda militar que se tradujo en más armas, municiones para tanques, bombas- incluyendo de 500 y 2000 libras- drones y otros medios que son utilizados en el exterminio de los palestinos y las agresiones del régimen de Israel al Líbano, Siria, Yemen y, finalmente, a la República Islámica de Irán.
Durante los meses finales del mandato del demócrata Joe Biden, la gran prensa especuló bastante sobre el malestar que le causó a este la muerte de tantos civiles en la Franja de Gaza y que reduciría el envío de ayuda militar a Israel.
La vida demostró, como se verá posteriormente en el caso del ataque a la República Islámica de Irán por parte de Israel, que todo eran maniobras propagandísticas para confundir a todos, a la comunidad internacional, a los enemigos de ambos gobiernos- Israel y Estados Unidos- y, lo que resulta más dañino, a sus respectivos pueblos, que son los que pagan las ansias guerreristas de sus gobernantes.
Si miramos el apoyo el apoyo estadounidense a Israel en el terreno político y diplomático, fundamentalmente en seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, también es una vergüenza lo que allí corre.
Entre 1970 y abril del año 2024, el gobierno estadounidense ha ejercido su derecho al veto en ese Consejo en 86 ocasiones, de las cuales 49 corresponden a temas que condenaban a Israel por su posición contra el pueblo palestino, es decir, en el 57% de las ocasiones, porque a Israel no se le puede dañar ni con el pétalo de una rosa, según consideran los dirigentes de Washington.
El señor presidente Donald Trump durante su primer mandato anunció en diciembre de 2017 su intención de reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y trasladar la embajada yankee a esa ciudad. En 1948, las Naciones Unidas, al acordar el establecimiento de dos Estados en Palestina, uno hebreo y el otro árabe palestino, dejaba a Jerusalén como un cuerpo separado bajo control internacional por contener los lugares sagrados de las tres principales religiones monoteístas: la hebrea, la cristiana y la islámica.
Durante el análisis que se hiciera en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la decisión del señor Trump, el 21 de diciembre de 2017, 128 países condenaron la posición estadounidense, nueve se opusieron y 35 se abstuvieron.
Y terminó el señor Trump su mandato y vino el señor Joe Biden, del partido contrario, pero continuó apoyando al régimen de Israel, al extremo que después del ataque de los palestinos de Hamas el 7 de octubre de 2023 a Israel, Estados Unidos envió de inmediato toda la ayuda militar posible para que una fuerza descomunal se empleara contra Gaza a fin de destruir ese enclave y terminar con sus habitantes.
Por mucho que trataron de ocultarlo se conocieron los vuelos de carga y los buques estadounidenses que transportaron dicha ayuda, la llegada de especialistas militares que supuestamente fueron para tratar el tema de los rehenes en poder del movimiento islámico Hamas, pero eran realmente especialistas en inteligencia, así como el aporte de datos de inteligencia en tiempo real para que Israel pudiera planificar y ejecutar bien sus acciones.
Hubo momentos, cuando al primer ministro Netanyahu se le fue la mano en la muerte de palestinos y en el uso del hambre y la retención de los alimentos y medicinas para la población indefensa de Gaza como mecanismo de presión a Hamas y otras organizaciones palestinas que se le resistían y aún se le resisten, que pareció, según la gran prensa, que el gobierno estadounidense estaba en contra y adoptaría medidas en contra de Bibí, como llaman al primer ministro sionista.
Pero todo era un juego, como han estado haciendo durante mucho tiempo, porque posteriormente llegaba la ayuda que ellos necesitaron y después que Irán atacara a Israel en el año 2024 como respuesta por la muerte de varios de sus principales dirigentes en Siria, y la afamada Cúpula de Hierro no rindió como se esperaba para contrarrestar los cohetes lanzados, de inmediato se enviaron varias baterías coheteriles THAAD, de lo más avanzado que tiene Estados Unidos, para reforzar la defensa anti aérea de su aliado de Tel Aviv.
Solo durante el primer año de la etapa actual de genocidio sionista contra los palestinos en la Franja de Gaza, la ayuda militar directa que recibieran de Estados Unidos alcanzó los $ 12,5 billones de dólares en armamento de diversos tipos, más el apoyo directo por fuerzas estadounidenses- en su enfrentamiento con los Hutíes de Yemen y otras acciones- que elevó la cifra a más de $ 22 billones que el contribuyente estadounidense tuvo que pagar para que el mundo siguiera siendo libre a la usanza yankee.
Contra todas las banderas y aceptado por los vecinos de la región, el gobierno estadounidense fue el promotor y “garante” de la tregua alcanzada por Israel con el Líbano para contener las acciones del movimiento islámico Hezbollá que habían convertido en desierto el norte de Israel en tierra ocupada a los palestinos, con sus andanadas de cohetes y de drones. De igual forma lo fue entre Israel y el movimiento islámico Hamas en la Franja de Gaza para que se intercambiaran rehenes por prisioneros palestinos en cárceles judías.
Sin embargo, como siempre ha sucedido en todos los acuerdos que Israel ha firmado, el gobierno de Netanyahu violó ambos acuerdos- solo en el caso del Líbano se registran más de cuatro mil violaciones con más de 3,500 personas asesinadas, fundamentalmente civiles.
Pero lo más gracioso de esta historia es que no sucede nada y todos continúan creyendo en el “bondadoso y amante de la paz” gobierno estadounidense que continúa moviendo sus hilos en la región para que las cosas salgan como les conviene a ellos.
Así las cosas, el polémico empresario estadounidense Donald Trump volvió a ganar las elecciones presidenciales para sentarse en el trono de la Casa Blanca por segunda ocasión a partir de enero de 2025.
Con su llegada al poder- y las extremas medidas de aranceles contra amigos y enemigos, así como las drásticas medidas contra los migrantes en su país- la situación para el gobierno de Netanyahu se hizo más favorable, al tener, no un añejo y enfermo presidente al otro lado del Atlántico que en ocasiones pudiera dudar de hacer una acción muy arriesgada, sino un arrogante halcón que había demostrado que todos los traspiés que pusieron en su contra fallaron y regresaba a la primera magistratura en los Estados Unidos con mayor brío y decidido a hacer lo que fuera necesario para imponer sus criterios.
Entre ellos estaba evitar a toda costa lo que ellos consideraban que era una realidad: que la República Islámica de Irán construyera un arma nuclear en poco tiempo.
Claro, que eso era solamente una excusa porque realmente lo que no perdona ningún gobierno estadounidense es que en 1979 se hiciera la Revolución Islámica en el país persa, la que reivindicó los derechos de su pueblo y adoptó una posición de soberanía nacional contra aquel país que, en 1953, junto con los británicos, organizó un golpe de estado para derrocar al democrático gobierno de Mossadegh, por haber afectado los intereses económicos de ambos países con sus nacionalizaciones.
Por ello el gobierno del señor Trump mejoró su coordinación con el gobierno de Tel Aviv en este sentido- quien considera que el gran rival a enfrentar en el área es la República Islámica de Irán, para lo cual se venía preparando desde hace más de veinte años, según declaraciones de funcionarios y ex funcionarios militares-, la que fue encubierta por una masiva campaña de desinformación.
Lo que es interesante en este caso, según se ha podido conocer después de la agresión de Israel a Irán el pasado 13 de junio, es que la misma no fue organizada, como en otras ocasiones, por las principales instancias militares sionistas, sino por la misma oficina del primer ministro.
En nuestro comentario “Estados Unidos e Israel: primero yo, después yo y más tarde yo”, publicado en este mismo sitio el pasado 5 de febrero de este año, concluíamos diciendo, después que Netanyahu y Trump se reunieran en Washington:
Poco a poco iremos conociendo el plan coordinado en Washington. Los elementos más significativos que sirven como propaganda se harán públicos de inmediato, mientras que nos costará algo, pero al final los otros saldrán a la luz.
Lo que sí queda claro sin duda alguna es que las ideas y promesas de “pax” que salgan de allí nunca serán en beneficio del pueblo palestino y sí del gobierno que representa el señor Netanyahu, porque para los dos dirigentes que ahora se reúnen lo que se debe lograr es primero yo, después yo y más tarde yo.
Durante los primeros seis meses del año el gobierno de Tel Aviv continuó su genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza, inició una operación contra los palestinos en Cisjordania- que demostró que su política es de exterminio de la población palestina porque en ese lugar gobierna la Autoridad Palestina y no Hamas, con quien está en “buenos términos” después de la firma de los Acuerdos de Oslo-, siguió con las diarias violaciones del acuerdo alcanzado con el Líbano, arrasó con las principales instalaciones militares sirias después de la salida de Bashar al Assad del gobierno y ocupó parte de su territorio, así como realizó varias agresiones importantes contra Yemen debido al decidido apoyo de los Hutíes a los combatientes palestinos que luchan por existir.
Mientras, comenzó a aparecer en la gran prensa ciertas desavenencias y desacuerdos entre el principal halcón israelita y el principal halcón yankee, tanto en cuanto a qué hacer con la República Islámica de Irán si no se lograba mediante conversaciones que no construyeran las tan temidas armas nucleares, como en temas como el alto al fuego entre Estados Unidos y Yemen después que los Hutíes desprestigiaran a la “poderosa y seguridad del mundo libre” Armada estadounidense, representada, en lo fundamental, por el Grupo de Batalla del portaaviones Harry Truman.
¿Estaban enfrentados realmente?
Como decía un artista humorístico cubano de los años 50: ¡Mentira, muchacho!
Según declaraciones de funcionarios israelíes después de la agresión del 13 de junio, además del fortalecimiento de sus defensas anti aéreas con el decidido apoyo estadounidense, estuvieron años realizando ejercicios conjuntos con el Comando Central estadounidense.
Debido al avance tecnológico y militar de Israel, avanzaron bastante por ellos mismos en el estudio de las capacidades de Irán, sus puntos vulnerables y cómo organizar una fuerza capaz de dañarlos seriamente desde el primer golpe. Una fuente conocedora de los planes expresó que pudieron elaborarlos sin el concurso de los estadounidenses, pero que era imposible ejecutarlos sin su ayuda y cooperación.
La parte fuerte de la desinformación comenzó dos semanas antes del ataque, a finales de mayo. A los medios de prensa críticos de Netanyahu les facilitaron información sobre las diferencias entre este y el señor Trump, que ellos necesitaban que Washington entendiera el peligro de Irán para Israel y que, aunque lograra un acuerdo en sus conversaciones nucleares, no se opusiera a que Tel Aviv atacara al gigante persa.
Esa desinformación encubrió la visita a Washington del jefe del Mossad, David Barnea, quien supuestamente trataría de convencer a sus homólogos estadounidenses de las posiciones de Tel Aviv cuando en realidad fue a culminar las últimas coordinaciones para asestar el golpe a Teherán.
Mientras, diferentes medios de prensa hebreos, tanto televisivos como escritos, reproducían declaraciones de Trump que parecían alejar las posibilidades de un ataque: “No había desechado negociaciones con Irán y demandaba a Israel que se abstuviera de dar un golpe”, reportaba el Canal 12; “no quiero que Israel ataque a Irán”; “mientras que haya una posibilidad para llegar a un acuerdo, no quiero que Israel ataque a Irán”.
Lo interesante de esta situación, según admitieron ejecutivos de los mismos medios de prensa que fueron desinformados, es que la campaña se ejecutó desde la propia oficina de Bibí Netanyahu, lo que no era usual en ese país.
Funcionarios de dicha oficina no negaron, después del 13 de junio, que las citas aparecidas en la prensa, relacionadas con las conversaciones entre Trump y Netanyahu, podían ser interpretadas como que existían diferencias entre ellos, cuando realmente no era así.
Un antiguo portavoz de las llamadas Fuerzas de Defensa de Israel, Avi Benayahu, manifestó que en los últimos cinco años mentir se había convertido en una legítima herramienta para los políticos.
Y llegó el 13 de junio, y la agresión israelita con el apoyo estadounidense a la República Islámica de Irán se convirtió en un hecho.
No es el momento de entrar en detalles de cómo se ejecutó dicha agresión y la respuesta que tuvo por parte de los persas; esto se verá en otros trabajos.
Solo decir que el mismo David Barnea, sin tener nada que ocultar, manifestó en un video que fuera divulgado por el ente sionista, su agradecimiento a la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos por su cooperación, la que calificó de vital para el éxito de la operación.
En esta ocasión, el presidente estadounidense autorizó que se compartiera con su aliado de Tel Aviv la inteligencia procedente de satélites y de sofisticados emplazamientos de radar en la región, lo que no se hace habitualmente.
La Operación León Naciente, como llamaran los israelitas a su agresión a la República Islámica de Irán, contó con la neutralización de cohetes de respuesta lanzados por los persas por parte de medios navales y terrestres de las Fuerzas Armadas estadounidenses ubicados en la región; el Comando Central yankee coordinó las operaciones de defensa anticoheteril como apoyo a Israel; según medios de la gran prensa estadounidense, el gobierno de Trump utilizó hasta el 20% de su arsenal coheteril anti aéreo THAAD en apoyo a Israel, a un costo de entre 800 y 1,200 millones de dólares.
Catorce aviones con carga militar especializada llegaron a Israel procedente, fundamentalmente de los Estados Unidos, para apoyar la agresión hasta que doce días después se pusiera fin a la disputa.
Y si queremos mayor confirmación de este actuar conjunto, nada más ilustrativo que estas palabras del presidente estadounidense después que su país asestara directamente un golpe aéreo a las principales instalaciones nucleares de la República Islámica de Irán, reproducidos por la gran prensa y, como es lógico, por los medios afines al primer ministro israelita:
Esta noche, puedo informar al mundo que los ataques fueron un éxito militar espectacular. Las instalaciones clave de enriquecimiento nuclear de Irán han sido completa y totalmente aniquiladas. Irán, el matón de Oriente Medio, ahora debe hacer la paz… Durante 40 años, Irán ha estado diciendo muerte a Estados Unidos, muerte a Israel. Han estado matando a nuestra gente, soplando sus brazos, soplando sus piernas con bombas al borde de la carretera… Decidí hace mucho tiempo que no dejaría que esto sucediera. No continuará. Quiero agradecer y felicitar al primer ministro Benjamín Netanyahu… Trabajamos en equipo como tal vez ningún equipo haya trabajado antes. Y hemos recorrido un largo camino para borrar esta horrible amenaza para Israel… Protégelos. Dios bendiga a Oriente Medio. Dios bendiga a Israel. Y Dios bendiga a Estados Unidos. Muchas gracias. Gracias.
Por si quedaba alguna duda, así actúa el “imparcial” gobierno estadounidense, el que pretende erigirse en dueño del mundo y desea patrocinar todos los acuerdos de paz que se logren concertar en el área.
Julio 2025.
*Historiador cubano y Premio Nacional de Filatelia 2012 y miembro de la Unión de Historiadores de Cuba.