Opinión

Más allá del miedo y las falsas promesas de la oposición

Llegó el momento de bajar el tono de la pelea ideológica y hablar de estos hechos prácticos que generan bienestar concreto a la gente.

Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién

En cada ciclo electoral nos enfrentamos a una realidad incómoda que debemos mirar de frente. Millones de colombianos marginados por décadas, el desempleado que busca una oportunidad que no llega, el trabajador informal que inventa su sustento diario en la calle sin protección y el joven cuyos sueños se truncan por falta de recursos, terminan votando muchas veces por quienes históricamente han legislado y gobernado en su contra.

No se trata de falta de inteligencia ni de criterio. Han sido atrapados durante años por los partidos tradicionales, que los mantienen cautivos con el miedo y falsas promesas de progreso individual.

Lo mismo ocurre con muchos trabajadores que madrugan cada día y, sin embargo, terminan apoyando a quienes se han opuesto sistemáticamente a mejorar sus salarios, condiciones laborales y prestaciones. Convencidos de que el esfuerzo individual basta, respaldan con su voto a quienes, en la práctica, les cierran oportunidades mediante leyes injustas, sin advertir que así refuerzan las mismas condiciones que los perjudican.

Romper este ciclo no depende solo de discursos técnicos, campañas de alto presupuesto ni de grandes concentraciones. El camino más poderoso y complementario es la conversación sincera en el barrio, la plaza de mercado, la esquina o cualquier espacio cotidiano. Escuchar primero las angustias de quien no llega a fin de mes, antes de intentar convencer.

La clave para que el ciudadano vote con mayor conciencia radica en mostrarle que los cambios del actual gobierno ya están transformando su vida real. Hoy el trabajador informal que vendió tinto o laboró en la construcción sabe que la reforma pensional avanza en el reconocimiento de un apoyo digno para la vejez. Ya no es solo una ayuda ocasional, se consolida como un derecho por haberle servido al país desde la informalidad toda la vida.

Al desempleado hay que mostrarle que la economía se está diversificando más allá de los sectores tradicionales, con un impulso creciente a actividades como el turismo, la economía cultural, la agricultura sostenible y los servicios locales, que generan oportunidades más estables y cercanas al territorio. En ese contexto, el fortalecimiento de las iniciativas comunitarias permite que los propios vecinos participen en la ejecución de obras y proyectos en sus barrios, creando empleo directo y tangible para el maestro de obra, el ayudante y muchos otros trabajadores de la cuadra.

El joven que antes estaba sin rumbo ni oportunidades hoy tiene la certeza de que puede acceder a la educación superior pública con matrícula gratuita. Su familia ya no tiene que endeudarse ni empeñar lo poco que tiene para pagar un semestre.

En la mesa de cada hogar también se siente el cambio. Mientras en gobiernos anteriores la comida subía sin control, el salario mínimo ha recuperado valor real en estos años. Se compra más mercado con el sueldo actual que hace cuatro años, gracias al control de la inflación de alimentos y a ajustes significativos que buscan acercarlo a un salario digno. Además, el campesino, antes extraño en su propia tierra, hoy recibe títulos de propiedad y acceso a hectáreas fértiles, más de 1,8 millones de hectáreas formalizadas y cientos de miles gestionadas para redistribución, lo que permite producir comida más barata para las ciudades.

Estos, entre otros avances son los que algunos grandes medios intentan opacar o minimizar, mientras la oposición bloquea reformas en el Congreso. Repite que dignificar la vejez o mejorar el sueldo lleva al desastre económico, cuando en realidad es la ruta hacia una justicia social que nos fue negada durante décadas.

Llegó el momento de bajar el tono de la pelea ideológica y hablar de estos hechos prácticos que generan bienestar concreto a la gente. Cada uno de nosotros tiene ahora un compromiso personal. Llevar este mensaje de esperanza no solo con publicidad, sino de igual a igual, desde el líder comunitario, el estudiante informado o el docente del barrio.

El ciudadano que hoy parece estar en la otra orilla no es un adversario. Es un aliado que aún no ha descubierto plenamente el alcance de su poder de decisión. No se le pide cambiar de bando por capricho, sino reconocer que el proyecto de cambio ha sido, desde siempre, su verdadero lugar.

Revisar con honestidad su posición social y política puede ser el primer paso para romper la trampa histórica del engaño y vincularse a la ruta de transformación de la sociedad colombiana por vías institucionales. Solo así podremos construir un país más justo, equitativo, democrático y en paz para todos.

*Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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