Empezando a vivir la vejez
Necesitamos rescatar todo lo positivo y necesario de nuestra gente y territorio y juntos definir lo que realmente necesitamos y queremos.

Víctor Negrete Barrera*/especial,para El Pregonero del Darién
El próximo 30 de junio cumpliré 83 años de vida. Las organizaciones que han fijado el número aproximado de años para cada periodo de vida consideran que los ancianos, llamados también entre nosotros viejos, cuchos o abuelos, están en el rango de 75 a 90 años de edad y de ahí en adelante los longevos. De acuerdo con estas mediciones ya me consideran anciano, pero yo no me siento como tal ni me molesta me llamen o traten así por respeto o cariño u ofensa o desprecio.
Les cuento que hasta hace poco estoy pensando en esto de la vejez. En las distintas etapas de la vida recorridas nunca me detuve a reflexionar seriamente sobre estos asuntos. A la edad de 29 años, en 1972, comencé con Orlando Fals Borda la aplicación y enriquecimiento de la investigación acción participativa con campesinos de los departamentos de Córdoba y Sucre en lucha por la tierra.
Fueron tres años intensos que le dieron sentido a mi vida en todos los aspectos. Fue tal el convencimiento de lo vivido y aprendido que decidí seguir con este oficio y convicción hasta el día de hoy. Las razones por las que adopté solo y voluntariamente este modo de vida son las siguientes:
1. Es una metodología de trabajo basada en la participación de los interesados, lo más integral posible, útil y creativa para todos o la mayoría.
2. Es una filosofía humanista, que considera al ser humano completo, en todas sus dimensiones y privilegia la búsqueda de acuerdos para el beneficio común.
3. Es una razón de ser que motiva, ejemplo de vida, trabajo, creación, producción y convivencia permanente.

Todo lo dicho y hecho en los distintos aspectos que hemos trabajado lo recogemos en nuestros archivos de la Fundación del Sinú y el Centro de estudios sociales y políticos de la Universidad del Sinú. Esta información está a disposición de ustedes sin ningún costo.
Con base en experiencias de varios años hemos ideado la formación de los Archivos digitales locales que permite a las comunidades urbanas y rurales la formación de archivos digitales que recojan los aspectos principales de sus historias y vidas. Es una necesidad porque hemos perdido mucho de nuestro pasado, valores e identidades. Necesitamos rescatar todo lo positivo y necesario de nuestra gente y territorio y juntos definir lo que realmente necesitamos y queremos. A los interesados con gusto les colaboramos en su formación.
Volviendo a la edad
Antes, la esperanza de vida no pasaba de 70 años y a nuestra gente no le gustaba hacer presagios sobre la vejez y muerte. Hoy las cosas han cambiado. Me encuentro con amigos, conocidos y parientes con edades entre los 75 y 85 años, hombres y mujeres, que sorprenden por su vitalidad, disposición a emprender nuevas iniciativas, hacer parte de organizaciones académicas, sociales,
comunitarias, artísticas, deportivas e ideológicas. Las actividades las adelantan convencidos y entusiasmados, generalmente con apoyo o visto bueno de familiares. Con bromas y risas cuentan que entre las mejores maneras de espantar la vejez están las siguientes: comer y dormir bien, tomar las cosas con calma, control mental, reír, divertirse, echar cuentos, comprensión y ayuda familiar, contar y escuchar chistes, reuniones con amigos, saber sobrellevar los problemas de salud. La mayoría no piensa en posible fecha de fallecimiento.
Sin embargo, observo con preocupación en reuniones de trabajo donde todavía asisto para hacer evaluaciones, análisis de conflictos, tragedias invernales, elaboración de propuestas, realidades urbanas y rurales, papel de la educación, entre otros, que de los asistentes yo soy el de mayor edad o uno de los de mayor edad. Las mujeres por lo general no acuden a estas citas o no son invitadas.
Observo también con tristeza a hombres y mujeres de mi edad o menores que ya no salen a la calle o deben ir acompañados por seguridad. Me los imagino en las casas doblegados por sus dolencias e incapacidades, recordando otros tiempos y momentos, sintiendo la soledad y el llanto en silencio, el dolor de no poder hacer nada, los infructuosos intentos de la familia por complacerlos siquiera momentáneamente, sin información suficiente para entender las cosas, sin posibilidad de besar y abrazar lo querido o amado.
Entonces me pregunto: ¿son estos los caminos que me ofrece la vejez?, ¿qué debo hacer?.
Montería, año 2026-Correo: vicnegreteba43@gmail.com – celular: 300 8097402
*Director en Centro de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad del Sinú







