Opinión

El salario mínimo

Sucede que estamos acostumbrados a que el trabajador nos trabaje por migajas para no afectar el margen de ganancia.

Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/ El Pregonero del Darién

Con una economía creciendo por encima del 3,6%, con una tasa de desempleo del 8,1 -la más baja del siglo-, con una inflación de menos del 6% , el turismo y la agricultura en franco aumento, los centros comerciales llenos, las plazas de mercado a reventar, las grandes empresas cada cual más rica, produciendo empleo y ganancias, las PYMES con facilidades de emprendimiento, exenciones, créditos blandos por 36 billones provenientes de la banca (Bancoldex) – que tuvo, a su vez ganancias netas por 80,1 billones!) y el país saliendo de la crisis fiscal a pesar de los bloqueos a la Ley de Financiamiento, y las horrorosas deudas que dejó el gobierno de Iván  Duque, la oposición -que nos ha mantenido en un subdesarrollo crónico-, se queja y pone el grito en el cielo porque el salario mínimo para los casi tres millones de trabajadores se fijó en $ 1.750.000 más el subsidio de  transporte; y dicen, además, que es desmesuradamente exagerado e injusto con el empresario.

Pero ¿A quién se le ocurre decir eso?

Sucede que estamos acostumbrados a que  el trabajador nos trabaje por migajas para no afectar el margen de ganancia. Hemos preferido ahorcarlo recateándole el salario en lugar de propender su bienestar y el de sus familias, tal vez por una impronta de ese pensamiento esclavista que nos asiste desde la colonia. Si nos ganamos 10 pesos con una plusvalía de 7, ¿por qué no ganarnos sólo 8 y le aumentamos el salario al trabajador para que tenga una vida más digna al tiempo que se fortalece la economía al aumentarle su poder adquisitivo?

Alguien muy querido me decía que va a tener que prescindir de una de sus dos secretarias porque no le “alcanza”. Pero tiene una finca hermosa, propiedades costosas y viaja a Europa dos veces al año. Yo le digo que priorice los gastos… ya que “no tiene con qué tener dos secretarias”

He ahí el problema y el de la actitud ideológica de la Oposición: prefieren perjudicar al país, desacreditando al gobierno tildándolo de irresponsable, y al presidente de “bruto y tirano” por tomar una medida que dignifica al trabajador y reactiva la economía.

El otro argumento que esgrimen es el de “ponerse en el pellejo del empresario”. Dicen que opinar desde la comodidad de un escritorio es muy fácil cuando no es tu plata la que está en juego. Pero sucede una cosa: No todos en Colombia tienen que ser empresarios. ¿Por qué habrían de serlo? También existen los trabajadores, los empleados, todos dentro del equipo que hace prósperas a las empresas y ricos, riquísimos a los empresarios! Lo justo, lo sabio, lo civilizado, es que tanto el patrón como el trabajador creen un solo cuerpo de amor por la empresa, la sientan como propia y la defiendan. Razón tiene en su insistencia el señor Armitage ex alcalde y empresario caleño al decir “El éxito de una empresa es conjunto, y mientras se repartan las ganancias y se les aumente el salario, la empresa y el país, estarán mejor”

Si por desquitarse del gobierno,  viene el acaparamiento -como en el caso de las drogas en ciertas EPS-, o el aumento mal intencionado de los productos de la canasta familiar por encima del índice de inflación, que tampoco nos extrañe que el gobierno lo impida por decreto.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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