El Pesebre
Después vino Pablo con las bombas y el pesebre se volvió bíblico, al parecer quisimos borrar todo lo que nos identificaba con lo que devino en una matazón y un caos...

Sí, una navidad más nuestra, revueltica con mazamorra, frisolitos, natilla, buñuelos y chicharrón.
Mucho recuerdo los pesebres campesinos de mi infancia en la finca de Machado: cada uno con su buena plaza y la iglesia, los tolditos de mercado y el señor cura dándoles la bendición; los graneros, las cantinas, los borrachitos, las muchachas jugando chupaté y los muchachos bañándose en el charco. A un lado, «Cochise» puntiando en la etapa, perseguido por el «Ñatico», y en las afueras, las casitas campesinas cada una con su jardín, los corrales con las vaquitas, el gallinero y alguna oveja. Ah ! y los camiones de Escalera repletos de señoras y niños alegres, la policía persiguiendo al ladrón con el bulto y los bomberos apagando un incendio… y atrás, en una lomita, dentro de una cueva hecha de ramas de carbonero, musgo de la quebrada y matas llena de luces de colores y perendengues, el portal con la Vírgen, San José y el Niño.
Después vino Pablo con las bombas y el pesebre se volvió bíblico, al parecer quisimos borrar todo lo que nos identificaba con lo que devino en una matazón y un caos… hasta que llegó la nieve, una nieve que no conocíamos, salvo en las películas, una nieve que no entendíamos, que nunca habíamos vivido. Una nieve con trineos, renos, ovejas congeladas, y una versión bonachona del Odin nórdico vestido de rojo, muchas veces con el logo de Coca Cola. Faltaron los astronautas y el cohete al lado de la Samaritana y los pastores.
No sé que mas vendrá, a lo mejor retornamos a ese pesebre de nuestros primeros años cuando todos cantabamos «Desde el alto cielo el hijo de Dios…» o aquel «Salvé reina y madre… Salve dulce amor», y todos los otros villancicos que trasmitía don José Nichols por la Voz de las Américas y que dedicábamos a los amiguitos de la vereda…





