Despliegue militar USA en el Caribe
Trump combina el poder militar con otras herramientas: sanciones económicas y presión diplomática. A diferencia de otras intervenciones, su enfoque apunta a crear incertidumbre.
Análisis de la Noticia/Emersson Forigua Rojas*/RazonPublica/El Pregonero del Darién
El despliegue militar estadounidense en el Caribe plantea dudas sobre la estrategia de Donald Trump: ¿presión máxima contra Maduro, ataques selectivos al narcotráfico, o un eventual cambio de régimen en Venezuela? Estas han sido sus acciones.
El despliegue militar y su contexto
Este 15 de agosto, la Marina de Estados Unidos confirmó el envío del Grupo Anfibio Iwo Jima —integrado por el buque de asalto USS Iwo Jima, los transportes USS Fort Lauderdale y USS San Antonio, y la 22ª Unidad Expedicionaria de Infantes de Marina—.
Tres días después se sumaron los destructores USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson. En total, cerca de 4.000 marinos e infantes de marina, varios aviones de patrulla P-8 y al menos un submarino nuclear de ataque.
Washington presentó la operación como un refuerzo prolongado hacia el sur del mar Caribe, desarrollado en aguas y espacio aéreo internacionales, cuyo objetivo declarado es “frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos”.
Pero la magnitud del despliegue abrió el debate: ¿se trata de una campaña de presión máxima contra el régimen de Nicolás Maduro, de una intervención para forzar su salida o de operaciones puntuales contra nodos estratégicos del narcotráfico?
Desde enero, el Departamento de Estado (DoS) no reconoce a Maduro como presidente legítimo de Venezuela tras el fraude de 2024, y en su lugar reconoce a Edmundo González.
Doctrina Trump: uso calibrado de la fuerza
Aunque Trump ha sido reacio a intervenciones militares masivas por sus costos económicos, riesgos diplomáticos y divisiones internas, no renuncia al uso de la fuerza.
Bajo su gobierno, Estados Unidos ha realizado ataques puntuales de alta intensidad, como:
Los bombardeos contra el Estado Islámico en Somalia (febrero de 2025).
Las operaciones aéreas contra los hutíes en Yemen (marzo-mayo de 2025).
Los ataques a infraestructura nuclear y militar en Irán (junio de 2025), en coordinación con Israel.
Estos ejemplos muestran un patrón: operaciones focalizadas sobre nodos estratégicos, que buscan una afectación duradera sin comprometer grandes contingentes, aprovechando el poder aéreo, la logística y la superioridad tecnológica. El objetivo es maximizar el impacto y minimizar las bajas y los escenarios de guerra asimétrica.
Trump combina el poder militar con otras herramientas: sanciones económicas, medidas legales y presión diplomática. A diferencia de otras intervenciones clásicas, su enfoque apunta a crear incertidumbre estratégica, alternando posturas duras y negociadoras para influir en el adversario.
Arsenales legales y económicos
El día mismo de su posesión (20 de enero de 2025), Trump firmó la Orden Ejecutiva 14157, que ordena etiquetar a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas extranjeras (FTO) por amenazar la seguridad estadounidense y la estabilidad hemisférica.
El DoS ha designado como FTO y terroristas globales especialmente designados (SDGT) a las siguientes organizaciones: Tren de Aragua, MS-13, cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Noreste, Nueva Familia Michoacana, Golfo y Cárteles Unidos.
El 25 de julio incluyó al Cártel de los Soles, asegurando que opera vinculado con el régimen venezolano y coopera con el Tren de Aragua y Sinaloa.
La designación como FTO permite poner en marcha una amplia batería de medidas: congelamiento de activos, sanciones a colaboradores y, eventualmente, el uso de capacidades militares.
droga como organizaciones terroristas extranjeras.
Recompensas, sanciones y presión
El Programa de Recompensas por Narcóticos del DoS vincula a Maduro con una conspiración narcoterrorista, y lo acusa de coordinación con las FARC, entrega de armas, tráfico de cocaína a gran escala y entrenamiento de milicias para el Cártel de los Soles.
El 7 de agosto pasado, el gobierno de Trump aumentó la recompensa por la captura de Maduro a 50 millones de dólares (15 millones en 2020, 25 millones en enero de 2025).
El día 8, el New York Times reveló una directiva presidencial que autoriza al Pentágono a usar las Fuerzas Armadas contra los cárteles latinoamericanos designados como terroristas.
El 13 de agosto, la fiscal Pam Bondi anunció la confiscación de más de 700 millones de dólares en activos de Maduro.
Estos hechos dejan claro que la meta de Washington es sacar a Maduro del poder, pero sin una invasión clásica, como la de 1989, para derrocar a Noriega en Panamá, cuando Estados Unidos desplegó 27.000 soldados frente a 12.000 panameños.
Hoy Trump prefiere escenarios de máxima presión político-militar, combinando sanciones, ataques puntuales, presión internacional y recompensas millonarias.
¿Hacia dónde va la estrategia?
La presión incluye la posibilidad de atacar infraestructura y rutas del narcotráfico en Venezuela, junto con una mediación discreta de potencias regionales. La recompensa y el descontento interno podrían convertirse en catalizadores para la salida de Maduro.
El trasfondo es un régimen señalado por corrupción, colapso económico, violencia y una diáspora de 7,9 millones de venezolanos.
En ese contexto, el despliegue militar en el Caribe debe verse como parte de una estrategia de Trump para coercionar sin invadir, aprovechando su legado empresarial: generar presión, incertidumbre y costos altos para el adversario hasta forzar concesiones o una transición.
*Magíster en Relaciones Internacionales y profesor de la Universidad Javeriana.