Opinión

El candidato Laspriella

Tanto la violencia guerrillera y paramilitar son producto de una gran inequidad, de un desequilibrio social que creó despojo, desplazamiento y pobreza.

Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/ El Pregonero del Darién.

Decir que va a destripar, matar y a borrar de la faz del país a una parte de la población colombiana que apoya al actual gobierno, es caer dentro de la definición perfecta del fascista que convencido de su actuar, llevó al mundo a una guerra que asesinó a cincuenta millones de congéneres en seis años y que expuso ante la historia, toda la locura desbordada de un ego colectivo.

Esa seguridad con que se despersonifica, se minimiza y se cosifica a una persona o a un grupo como es el caso actual del candidato Laspriella, nos habla de la degradación de la conducta humana que a decir de la antropóloga argentina Rita Segato, está colocando el último clavo en el ataúd de los derechos humanos.

Laspriella como quienes piensan y sienten como él, tiene el desparpajo de aceptar el haber  disfrazado a casi siete mil muchachos desempleados como guerrilleros, y exponerlos como botín de guerra para lograr prebendas, o en el caso del genocidio en Gaza, cohonestar de frente al mundo con un espectáculo de horror en donde se han asesinado cincuenta mil niños, se bombardean a diario escuelas y hospitales, y todo por decir que «ellos fueron los que empezaron y nos tenemos que proteger contra la amenaza islamista», o en el caso de los llamados falsos positivos aceptar sin más que «con seguridad no estaban cogiendo café». Hasta ahí llega la ignominia.

Pobres mamás…

Parece que el único mérito que tiene el candidato Laspriella es el despertar en el colombiano atemorizado, esa sensación de venganza primaria sádica y sanguinaria de acabar con el otro quitándole todo tipo de dignidad, y degradándolo a un nivel subanimal como en los campos de concentración, que al menos ocultos y disimulados, aprovechaban la piel de los judíos para hacer lámparas, y el ripio de sus huesos como sustrato para jabones.

Laspriella pretende que aceptemos la violencia fascista como una impronta de patriotismo que no va más allá del asesinato y la degradación igualándose en su proceder a las viejas mañas de las mazmorras y las salas de inquisición. Si el abogado barranquillero pretende liberar el país, debe empezar por darle a su precaria inteligencia un talante de discernimiento y amor.

La violencia en Colombia es un tema de estudio profundo, y sus raíces están ancladas en una mezquindad idiosincrática que ya es tiempo de erradicar.

Nota: Tanto la violencia guerrillera y paramilitar son producto de una gran inequidad, de un desequilibrio social que creó despojo, desplazamiento y pobreza. La única forma de superar esta fase de dolor en la historia, es saneando la herida y abrazándonos en un gesto de amor por Colombia. No llevándole otra vez la guerra a los más pobres.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

Artículos destacados

Botón volver arriba