Camino del centenario: un reencuentro con Eduardo Chibás
Se refirió a los jóvenes que lo acompañaron a él en la lucha revolucionaria, algunos de los cuales se encontraban presentes y que habían sido fieles a su ideario.

Juan Hernández Machado*Opinión/El Pregonero del Darién
Como es bien conocido de la biografía del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en su juventud perteneció al ala juvenil del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) desde donde llevó a cabo importantes acciones en defensa de los pisoteados derechos del pueblo cubano en la década de los años 50 del pasado siglo.
Sin dudas, su identificación con las ideas del principal líder de ese partido, lo llevó, en los primeros días del triunfo de la revolución cubana, a rendirle el merecido homenaje.
El 16 de enero de 1959, a las cinco de la tarde, el líder histórico de la revolución cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, encabeza una peregrinación hasta la tumba de Eduardo Chibás, en la necrópolis de Colón en la capital cubana. Iba acompañado del presidente de la república y otros dirigentes del gobierno revolucionario.
¿Por qué Chibás?

Eduardo Chibas, quien había estudiado en el Colegio Dolores de Santiago de Cuba y en el Colegio de Belén en la capital cubana, al igual que Fidel, había fundado el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), con el fin de combatir la enraizada corrupción que tenía el gobierno de Carlos Prío Socarrás a inicios de la década del 50 y que otros partidos tradicionales eran incapaces de detener.
Su línea política, que defendía bajo la consigna “vergüenza contra dinero”, le ganaron una gran popularidad entre los mejor del pueblo cubano. Sus denuncias a través de su hora radial eran escuchadas y seguidas por todo el país.
Lamentablemente, al no poder sostener una denuncia por corrupción hecha al entonces ministro de educación, se suicida después de la alocución que fue denominada “el último aldabonazo” y fallece el 16 de agosto de 1951.
El joven, ya abogado, Fidel Castro trató de continuar la línea de Chibás, denunciando las lacras del gobierno de Prío pero, por una parte, encontró una gran división dentro de la Ortodoxia, con un grupo consecuente con los principios mientras que otro se iba adaptando a la corriente oficial. Por otra parte, el 10 de marzo de 1952 se produce el golpe de Estado dado por Fulgencio Batista, el cual iniciara uno de los períodos más negros de la historia de Cuba.

Fidel incrementa las denuncias por todas las vías, presenta querellas legales, busca oportunidades en otros grupos que condenaron el golpe y mantenían una línea más o menos liberal, pero todo fue en vano. Se reafirmó su convicción, adoptada antes del golpe de Estado según declarara en varias ocasiones, de que no había vías para resolver los problemas de Cuba de forma pacífica.
Fidel comienza, entonces, a concebir la idea de atacar un cuartel para obtener las armas que le permitieran iniciar la lucha contra la dictadura. Así se produjo la Gesta del Moncada el 26 de julio de 1953 y toda la lucha que siguió hasta lograr el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.
En las breves palabras que pronunciara ante la tumba del dirigente ortodoxo, Fidel rememoró las ocasiones anteriores que allí había estado, el gran apoyo popular a las ideas de Chibás y la mezcla de desesperación e indignación que presentó esa masa después del golpe de estado de marzo de 1952 y de la desaparición de su dirigente.
Se refirió a los jóvenes que lo acompañaron a él en la lucha revolucionaria, algunos de los cuales se encontraban presentes y que habían sido fieles a su ideario.

Y concluyó diciéndole a Chibás: “Eduardo Chibás, tú combatías el peculado y hoy no hay peculado; tú combatías la corrupción administrativa y hoy no hay corrupción administrativa; tú combatías la politiquería y ya no hay politiquería;…tú combatías el crimen y ya no hay crimen; Chibás, tú combatías a Batista y ya no hay Batista…tus compañeros del partido que tú fundaste, que cayeron junto con hombres de todos los partidos porque tu causa, tus ideales dejaron de ser la causa de un partido para convertirse en la causa, los ideales y en la ideología de todo un pueblo”.
Así, en fecha temprana después del triunfo y consecuente con sus pronunciamientos y acciones en pos de la unidad revolucionaria, este encuentro con Chibás en el cementerio sirvió para recordar a otros revolucionarios como Juan Manuel Márquez y Pelayo Cuervo Navarro, y reiterar la necesidad de la unidad revolucionaria.
Por eso Fidel concluyó con estas palabras: “Lo que se ha dicho aquí es verdad y todos los mártires como Juan Manuel Márquez, como Echevarría, como Frank País, como Pelayo no pertenecen al 26 de Julio ni a la ortodoxia, ni a ningún partido, pertenecen a la patria, pertenecen a Cuba…”
Esa es la unidad que nos ha permitido subsistir a todas las agresiones provenientes del gobierno de los Estados Unidos de América para tratar de terminar con la revolución en estos más de 65 años y que tenemos que preservar y fortalecer como digno homenaje a todos los mártires que han caído en esta dura pero gloriosa batalla.
*Juan Hernández Machado es contador, planificador y graduado en idioma inglés. Analista político internacional, Premio Nacional de Filatelia 2012 y miembro de la UNEAC. Autor de once libros publicados en Cuba y Colombia, con artículos en medios de varios países. Colaborador del periódico digital El Pregonero del Darién.



