Poema: Herencia de un buscador perpetuo

Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién
Hoy quiero compartir con ustedes un poema muy personal, escrito desde un lugar profundo: el de un padre que reflexiona sobre su vida, sus dudas y el legado que desea dejar a sus hijas.
Herencia de un buscador perpetuo no es solo un texto sobre la paternidad. Es, sobre todo, una declaración de principios. En él, la duda no aparece como debilidad, sino como motor de crecimiento. La búsqueda constante de la verdad, el inconformismo frente a lo establecido y la capacidad de imaginar un mundo más justo se convierten en los pilares de una herencia distinta. Una herencia no material, sino espiritual e intelectual.
El poema dialoga con la tradición del pensamiento crítico —desde la duda metódica hasta la resistencia frente a las certezas absolutas—, pero lo hace desde una voz íntima, humana y profundamente emocional. Es un mensaje que invita a cuestionar, a pensar con libertad y a no dejar de buscar, incluso en medio de la incertidumbre.
Más que ofrecer respuestas, este texto propone actitudes. Y quizás ese sea el mayor acto de amor. No enseñar qué pensar, sino inspirar el deseo de hacerlo.
Los invito a leerlo con calma, dejando que sus palabras resuenen y, ojalá, enciendan también en ustedes esa pequeña llama de la búsqueda del conocimiento…la búsqueda permanente de la verdad.
Herencia de un Buscador Perpetuo
Eres mi hija,
no solo espacio grande en mi corazón,
la razón más honda de mis preguntas,
el rostro que le da nombre a mi búsqueda.
Yo, tu padre,
siempre reflexión,
un torbellino de dudas y preguntas,
nunca resignación.
El inconformismo mi motivación,
un camino sin llegada que se recorre igual,
el motor de la razón.
La duda permanente que Descartes quizás inauguró
no me paralizó,
fue el umbral, no el abismo,
la primera grieta en el muro
por donde entró la luz que me inspiró.
Porque dudar no es rendirse al vacío de la ignorancia,
es negarse a habitar certezas prestadas,
es rasgar el velo tejido de mentiras,
disolver la niebla espesa de la manipulación
hasta que aparezca, desnudo y verdadero,
un mundo más cierto,
que respira sin cadenas…
para ser mejor.
Ha sido la incertidumbre
el anatema del dogma,
la fiebre que me enciende,
y las utopías en mi horizonte de vida…
el combustible de mi razón
y el analgésico de la emoción.
Entre la verdad absoluta y revelada
que clausura la pregunta
y el vacío del que todo lo niega,
hay un filo delgado donde camino,
navaja sobre el abismo,
el de quien pregunta con método,
el de quien duda con propósito,
el de quien no sabe todo…
pero arde en el intento de saber.
No alucino porque sueño,
me hago más real, más humano,
cuando imagino una tierra más justa y habitable.
Mis sueños no son mi fuga ni delirio,
son el mapa antes del territorio,
la semilla antes del árbol,
la brújula que tiembla
pero siempre…me muestra el norte.
La zozobra y el miedo
acechan por doquier,
lastre que arrastramos,
grilletes invisibles
que nos impiden correr
hacia la luz del entendimiento.
Pero el miedo también habla,
y la valentía no es silenciarlo,
es escucharlo, nombrarlo,
y caminar de todas formas
con él a cuestas.
Hija,
si algo ha de quedar de mí
cuando ya no esté,
que no sea una verdad,
sino una pregunta encendida,
este fuego pequeño y obstinado
que no sabe apagarse.
Sé crítica sin volverte ceniza,
duda sin desmoronarte,
busca sin pretender que ya encontraste.
Y cuando alguien llegue
cargando verdades absolutas
con demasiada seguridad,
mira qué hay detrás del gesto,
qué silencio oculta su certeza,
qué puertas cierra
mientras habla.
Eso soy,
eso he sido,
un hombre que no renuncia a llegar,
que nunca deja de caminar,
que dibuja el mundo mil veces
y mil veces lo borra
para dibujarlo más digno y luminoso,
que respira sin cadenas
para ser mejor.
Toma tu lápiz,
tu hoja en blanco,
tu duda luminosa
que heredas sin saberlo
cada vez que me veas
seguir buscando.
Abril 23 de 2026

*Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.



