Petro y Trump: Los intergalácticos
El mundo está cansado de guerras y la falsa pose pacifista de aquel a quien María Corina le ofreció su premio, ya no convence. Apagar la hoguera bélica no requiere medianías ni disimulos narcisistas.

Por: Juan Fernando Uribe Duque
Todos pensaron que la reunión del presidente Petro con el emperador estadounidense sería un fracaso, y que seguramente íbamos a ver salidas en falso, o poses fuera de contexto por parte de nuestro presidente, pero no fue así. Empezando por la contundencia de los informes que presentó la comitiva encabezada por el embajador García Peña y el ministro de defensa, que además de fortalecer las relaciones diplomáticas y aceitar todos los vínculos tradicionales entre los dos países, hicieron que la reunión transcurriera en buenos términos poniendo de relieve la importancia de Colombia y su protagonismo en el marco de la geopolítica imperialista, que no puede cometer el error de una invasión militar o una afrenta política como la cometida contra Venezuela. Con esa basta, otro escándalo de semejante talante no lo hubiera permitido la historia actual, y las consecuencias hubieran sido desastrosas, puesto que la realidad política y económica de Colombia es bien diferente a la del hermano país.
Otra debacle como la acaecida en Chile durante la toma dictatorial pinochetista, también es improcedente y afectaría los intereses de las multinacionales norteamericanas y la relación comercial con los principales renglones económicos de las élites colombianas, que están vigentes y muy saludables.
Tanto Trump como Petro saben que se tienen que hacer pasito para que las acciones de un mediatismo político inconveniente no prosperen, puesto que ya sabemos que es nuestro presidente persona de fácil palabra y no le quedaría difícil volver a tomar el megáfono, y a Trump, por qué no, disparar misiles contra los pescadores de Barú o San Andrés; nada más innecesario en este instante para Donald cuando su imagen cae en picada y su pueblo lo rechaza con grandes manifestaciones en contra de su políticas migratorias y otras posturas de corte fascista que una juventud harta ya del tedio posmoderno, rechaza.
El mundo está cansado de guerras y la falsa pose pacifista de aquel a quien María Corina le ofreció su premio, ya no convence. Apagar la hoguera bélica no requiere medianías ni disimulos narcisistas. A las potencias se les fue la mano y en cada hemisferio cada cual trata de mantener su hegemonía, Putin a las patadas contra Ucrania y Trump consolidando los recursos y el poder político en su patio trasero.
Mientras tanto Petro el “intergaláctico”, crea una identidad nacional y trata de rescatar para los colombianos -clásicamente despersonalizados y arrodillados por falta de conocimiento y patriotismo a los dictados comerciales de las multinacionales-, un país que les es ajeno tanto así que sus élites politicas -muchas llamadas cándidamente por el presidente a colaborar en su gobierno- tuvieron el desmadre de la traición suplicando al amo gringo que lo destituyera, o en términos menos dramáticos, lo secuestrara, o incidiera en los próximos resultados electorales.
A propósito, sorprende la postura del fanfarrón de Noboa con el aumento de los aranceles para los productos colombianos y el paso de nuestro crudo a través de sus oleoductos; – dicen que todo fue debido a la presencia de un conocido líder político colombiano que por esos días caminaba por el malecón del río Guayas-; todos estos traidores crearon un escándalo intrigando, vociferando y magnificando a la usanza farandulera los desajustes de un gobierno que por primera vez se aventuraba a descubrir la inequidad en el país de la belleza. Una belleza casi imposible que teníamos escondida y despedazada por las vanidosas avideces de una casta entreguista y despersonalizada.
A Donald le queda más cómodo disimular su rabia y aceptar la grandeza y el patriotismo de un líder mundial como Gustavo Petro. Quiérase o no, al fin y al cabo hombre de negocios, le queda más fácil negociar y aceptar un buen café o un vestido para su esposa confeccionado con sedas guajiras y la corteza de un árbol amazónico.
Los conflictos históricos de Colombia y el impacto del narcotráfico y sus redes políticas ya son bien conocidos, y los logros reformistas del gobierno en bien del pueblo trabajador, también.
Es más práctico dejar tranquila a Colombia y no alborotar el avispero; a lo mejor Petro, -que no es ningún comunista, pensará Trump-, está tratando que un capitalismo con proyección social por fin se desarrolle en Colombia para que no sólo unos cuantos sean quienes disfruten de las bondades del “País de la belleza”
Estos intergalácticos saben que es lo que pretenden, y cada cual quiere dejar su legado: Petro, el inicio de un país justo y desarrollado y Donald, la prevención de un desastre.






