Opinión

Diálogo con un amigo acerca de mi reflexión sobre la paz total

Actitudes como la del Ecuador, son una muestra de la inmadurez política y la entrega de autonomía a un mandato imperial casi ridículo, igual la presencia de una figura como el presidente Milei.

Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/ El Pregonero del Darién

Amigo:

Paz  Total de lo últimos tres años y medio: aumento de pie de fuerza de la guerrilla, aumento del reclutamiento forzado, aumento del reclutamiento de menores, aumento de masacres, aumento de extorsiones, aumento de asonadas y asesinatos de militares y personal de la policía, aumento de desplazamientos, carnetización de la población civil, aumento de plantaciones de coca, aumento de minería, ilegal, ambas, con los consabidos impactos en el medio ambiente, Paz Total, es también bien contratación por parte del Estado de criminales a quienes, al ser encontrados de nuevo delinquiendo y utilizando medios de transporte del Estado con armas y sumas altas de dinero, tienen salvoconductos… Todo eso ha sido la paz total que hemos visto en los últimos tres años. Ya saldrán los que escriban que investigue: miren los indicadores de Indepaz, ministerio de defensa, Naciones Unidas, the economist, Human Right Watch. Los tiernos de la paz total… administran la ternura en Drones, cargados de explosivos y proyectiles que acarician a militares y a la población civil en muchas zonas de nuestro territorio… Qué manera tan desconectada de la realidad de usar romanticísmos y eufemismos Juan Fernando.

Juan Fernando:

No, me refiero a los «tiernos» de la Seguridad Democrática, a los «Redentores», a los «Mesías» y a los «Salvadores» que no supieron enfrentar las causas básicas de la aparición de la guerrilla y su posterior evolución con el surgimiento del narcotrafico, y que tomaron la misma ruta guerrerista con el consiguiente resultado de despojo y desplazamiento consolidando una terrateniencia de tipo feudal clasista y mafiosa que agravó la inequidad en la tenencia de la tierra en Colombia empeorando el conflicto y la postración del campesino aumentando el hambre y la precariedad.

Las cifras que manejas contradicen las del Ministerio de Defensa en las que se observa una franca disminución en el número de homicidios y grandes avances en la tarea de sustitución de cultivos ilícitos, con la presencia efectiva del Estado en cuanto a educación, atención en salud, saneamiento básico, etc.

Es verdad que el conflicto está más vivo que nunca con un narcotráfico robustecido en el tiempo, y con una expresión militar terrorista muy definida, como también lo está su expresión empresarial magnificada a nivel internacional. Desafortunadamente Colombia es su sitio de origen y producción, y mientras más se reprima militarmente más se incrementará la guerra. Estamos viviendo la etapa inicial de su legalización con una postura moral aún primaria y con protagonistas casi procaces y de doble faz: por un lado el amo imperialista que exige su destrucción y desmantelamiento, amenazando, bombardeando e invadiendo para saquear a sabiendas  que, con las transacciones derivadas de los pactos con los grandes jefes, paga ejércitos mercenarios con los que  mantiene guerras y preserva su imagen. De nuestro lado, un presidente romántico y valeroso que confirma entre posturas a veces salidas de tono, una condición de autónoma rebeldía que ha sembrado entre los colombianos un interesante gérmen de conciencia y orgullo nacionales.

Sin duda en la reunión con Trump le mostrará los resultados de toda la actividad represora, la cantidad de toneladas de droga incautadas y el número de laboratorios destruídos, tal vez para que le quede un poco más vergonzoso invadirnos y así consolidar su poder de saqueo a tiempo que le da gusto a una casta de politiqueros traidores y a un pequeño sector de la sociedad que aboga por una salvación muy de acuerdo con ese inmediatismo salvífico que nos ha mantenido en guerra y en un país fragmentado entre «buenos y malos».

El problema es gravísimo, y seguirá siéndolo mientras no se logre el consenso entre los países iberoamericanos como un sólo bloque para legalizarlo a tiempo que se logra una necesaria  conciencia subcontinental.

Actitudes como la del Ecuador, son una muestra de la inmadurez política y la entrega de autonomía a un mandato imperial casi ridículo, igual la presencia de una figura como el presidente Milei, un personaje bullón y sobreactuado que aún clama por un neoliberalismo anacrónico.Tal vez en el lugar opuesto también lo esté el presidente Petro con sus discursos desesperados y su postura bolivariana que ya a muchos cansa y produce una triste hilaridad.

Apenas se está gestando lo que podría ser un nuevo país, y estos primeros pasos al borde de una gran crisis climática, con un planeta en guerra por los recursos para sobrevivir y la presencia de un poder imperial agresivo y en franca batalla por imponer un poder en el que los países* que suponíamos habían desarrollado una nueva forma de ver al mundo después de dos guerras mundiales, le inclinan la cérviz como adaptados súbditos, no siga siendo el insípido panorama.

* Todos, menos Colombia.

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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