Yo, me arriesgo: Argentina, campeón.

Jaime Bedoya Medina/Opinión/El Pregonero del Darién.
Pensando en voz Alta
Los templos más grandes del mundo albergan máximo dos mil personas. A manera de comparación, podemos decir que durante 39 días en inmensas catedrales de 90 mil a 100 mil personas, 22 ministros oficiaron el ritual deportivo más bello de la historia humana, precedidos por dos obispos, los entrenadores y regidos por un papa, el árbitro. En el evento se mueven miles de millones de pesos y el ganador se llevará la nada despreciable suma de 50 millones de dólares reca.ogidos del bolsillo de fanáticos que no se paran en mientes a la hora de obtener la ansiada bolet Los jugadores de principio a fin se movieron al son del ritmo que el contrario les tocara. Pasaron a la final 4 superpotencias futboleras, siempre favoritas y cuestionadas dizque porque el árbitro les da su empujoncito con perjuicio para el rival. Contra todo pronóstico, España venció a Francia y Argentina, a Inglaterra. La final hispano-parlante, en el estadio de Nueva York, me partió el corazón porque, de una parte, amo intensamente a España por ese valiente que gobierna, Pedro Sánchez y por el corajudo negro, Lamine Yamal; y de la otra, no he podido destetarme del todo de la agraciada Argentina, a la cual le he ido perdiendo afecto por la embarrada de Lionel Messi con el desagradable peluquín gringo. Aunque, a decir verdad, Messi no será superado como el mejor jugador del mundo en los próximos 100 años. El obelisco de Buenos Aires y sus alrededores hervían de gente celebrando la clasificación. No sé lo que ocurrirá si Argentina, como es muy probable, llega de nuevo coronada de gloria con una segunda copa consecutiva y cuarta en su palmarés. Ese pueblo, para quien el futbol es una religión, se fundirá de pasión y alegría, combustible para enfrentar tantas lacras sociales que los mismos jugadores han señalado como elementos desestabilizadores de la cultura guacha generadas y alimentadas por el fanático que, a cambio de apoyo electoral, va entregando las reservas de gas, agua, tierras raras y petróleo.
España está llena de rutilantes estrellas que, saben jugar en conjunto retrotrayendo la vistosidad y virtuosismo que tanto nos entusiasma a los latinoamericanos: Lamine, Oyarzabal, Pedri, Cubarsí, Olmo, Gavi y ese arquerazo, Unai Simón que, apenas ha recibido un gol sacan la cara por la selección. Pero, Argentina no se queda atrás: Dibu, Paredes, Álvarez, Macalister, Lautaro, Montiel, Medina y el rey de reyes, Lionel Messi conforman ese refulgente universo de astros, comandados por el técnico más ganador del fútbol argentino, Lionel Scaloni
El mundial trajo anécdotas muy simpáticas recojo una: El arquero de Irán, Alireza Beiranvand, pastor de ovejas en las montañas se fugó a Teherán contra los deseos de su padre, donde realizó los trabajos más duros y mal pagados, porque iba en pos del sueño futbolero. Se consagró como el mejor arquero de Irán en el 2018, en Rusia al taparle un penal a Cristiano Ronaldo. “La constancia vence lo que la fuerza no alcanza”. Todo camino de triunfos está plagado de espinas.
El balón entró, rodó y sentenció. Yo, me arriesgo: Argentina, campeón.



