Análisis archivos - El Pregonero del Darién https://elpregonerodeldarien.com.co/tag/analisis/ Periodismo con Responsabilidad Thu, 21 May 2026 14:22:53 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 https://elpregonerodeldarien.com.co/wp-content/uploads/2024/02/cropped-SolPregoneroRecurso-1.png Análisis archivos - El Pregonero del Darién https://elpregonerodeldarien.com.co/tag/analisis/ 32 32 228805209 Medios poder y elecciones https://elpregonerodeldarien.com.co/medios-poder-y-elecciones/ Thu, 21 May 2026 14:22:51 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=17261 Análisis de la Noticia/Germán Rey*/RazonPublica/El pregonero del Darién Quien a estas alturas y con el mayor respeto piense que los medios de comunicación son ajenos a la política, sufre de un preocupante ataque de amnesia o de un rasgo alarmante de ingenuidad. Y eso sucede prácticamente en todo el mundo, incluido, por supuesto, el Vaticano. …

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Análisis de la Noticia/Germán Rey*/RazonPublica/El pregonero del Darién

Quien a estas alturas y con el mayor respeto piense que los medios de comunicación son ajenos a la política, sufre de un preocupante ataque de amnesia o de un rasgo alarmante de ingenuidad. Y eso sucede prácticamente en todo el mundo, incluido, por supuesto, el Vaticano. Solo basta seguir los rifirrafes entre Trump y el papa León.

Sólo que en este preciso instante las cosas están cambiando dramáticamente y existen realidades abismalmente diferentes, unas mejores que otras, experimentos en camino que ojalá cuajen y alguna que otra idea evidentemente nefasta.

Y dentro del mundo de la política y de los medios, las elecciones son sin duda un campo floreciente y minado que se replantea de fondo.

Medios en declive, medios que cambian

Desde la época colonial existieron periódicos en Colombia. Ya desde entonces estaban los supeditados a la Corona y los que buscaban promover su independencia. Pero solo fue hasta entrado el siglo XX cuando empezaron a aumentar los índices de alfabetización y crecieron los lectores más allá de las elites ilustradas, es decir, de aquellas que precisamente mandaron durante siglos.

Fue ese mismo siglo el que vio aparecer en los años 30 a la radio comercial y en los cincuenta, de la mano del teniente general Gustavo Rojas Pinilla, nada menos que la televisión.

Por eso quizás el momento decisivo de la relación entre medios y elecciones fue paradójicamente aquel en que se pactó durante 16 años el Frente Nacional entre liberales y conservadores.  Antes existían púlpitos y casullas, balas y guerra civil, poetas de endecasílabos, jefes de directorios partidistas y gamonales (“Cóndores, los llamaban”, como en la novela de Álvarez Gardeazábal). En ese entonces, las elecciones se pactaron de Alberto Lleras Camargo a Misael Pastrana Borrero. Y al general de marras todo indica que le robaron… las elecciones.

El panorama mediático colombiano es por supuesto más diverso e interesante. El 1 de febrero de 1940 nació la Radio Nacional que hoy tiene nada menos que 73 emisoras descentralizadas, 20 emisoras de la paz y la reconciliación, uno de los inventos colombianos más interesantes de los años recientes, Señal Colombia, Radiónica, Señal Memoria, Señal institucional y un conjunto de medios regionales públicos que vinieron a mover en los 80 el mundo de los medios de comunicación del país y sus territorios. 

Pero como si fuera poco, y de verdad que no lo es, Colombia tiene una de las agrupaciones mayores de radios comunitarias del continente y el mayor número de medios nativos digitales de América, como lo confirmó el estudio sobre el Hormiguero, de la Fundación Gabo y la Google News Initiative y las investigaciones sobre el tema que hizo en tres ocasiones la Pontificia Universidad Javeriana con Consejo de Redacción.

Un cambio a profundidad: la digitalización de los medios

La gran conmoción de estos años es la revolución digital que como escribió uno de sus pensadores más lúcidos, Roger Chartier, “modifica todo a la vez, los soportes de la escritura, la técnica de su reproducción y diseminación, y las maneras de leer. Tal simultaneidad resulta inédita en la historia de la humanidad”.

Y esta transformación radical ha empezado a influir en el cambio del rostro de las elecciones en el mundo.

Lo que ha significado la migración de los medios tradicionales a su versión digital, la modificación del modo de funcionamiento de los medios como se conocían hasta hace unos años, el cambio de las audiencias y la aparición de nuevos medios digitales como La Silla Vacía, Razón Pública, Las dos orillas, La Cola de la rata, El cuarto mosquetero, Agenda propia, Casa Macondo, Raya o Agenda Baudó, para mencionar solo algunos de ellos. En otras palabras: está cambiando el escenario donde se escenifican la política, el poder y las elecciones.

Uno de esos cambios ha sido la presencia de los influencers y creadores de contenidos en el ámbito de la política, no solo hablando sobre ella, sino participando activamente en la movilización electoral de otros y por supuesto de sí mismos. De esta manera se han concentrado el comunicador, la comunicación y el político en un ser hibrido, una especie de cyborg.  Y por eso no resulta extraño que Westcol hable con el expresidente Uribe en medio de una audiencia gigantesca, especialmente de jóvenes, que le sería imposible reunir hoy a un medio tradicional.

La pauta oficial, que con frecuencia aprovechan los gobiernos, entra hoy en el terreno de las disputas sociales, como sucedió bajo el gobierno del presidente Petro al convocar a un congreso en Cali de medios alternativos, comunitarios y digitales, incentivando su presencia en una narrativa y una agenda que los alinderaba frente a los llamados medios hegemónicos, tradicionales o de la oposición. Flaco favor y bastante conservador, porque el destino de tales medios debería ser más la libertad que el adoctrinamiento, la creatividad que la obediencia, el pensamiento crítico que la ideología.

Lo que se advierte es un nuevo mapa que hace mucho más complejo el paisaje de los medios y más diverso el sentido de lo público y el proceso electoral.

Caben entonces varias reflexiones sobre el rumbo que tomaron las relaciones entre medios y elecciones en estos meses.

Mucho candidato y poco programa

A estas alturas los colombianos se acercarán a las urnas sabiendo más sobre la superficie de los candidatos que sobre la profundidad de sus programas de gobierno. 

La funcionalización de las campañas, acompañadas por grupos expertos, fórmulas conocidas y una vigilancia en detalle de la exposición pública del candidato-a, ha sido básicamente un despliegue estratégico, en que el país se escondió entre eslogans, en la ausencia de debate y en una mecánica emocional de las afiliaciones.

El candidato del Pacto Histórico eludió los debates por casi todos los medios, llegando a inventarse curiosas exigencias, pegado de pequeños papeles que en los colegios y escuelas suelen llamar “las copialinas”. Tiene pleno derecho, pero es muy posible que sus evasiones hayan causado justo recelo.

El candidato de la Espriella se hundió en su propia vergüenza, con planteamientos misóginos, maltrato a mujeres e irrespeto a periodistas.

La candidata del Centro Democrático quedo atrapada en su propio invento, al proponer como ministro a su jefe, que rápidamente sacó el cuerpo entre la débil gana de su candidato a vicepresidente, quien es mucho más original para proponer temas que resuenen en los deseos de los votantes.

Los candidatos centristas quisieron enriquecer el debate para el que tenían más deseos que posibilidades.

En fin, el diálogo público fue lánguido, poco original y sobre todo alejado de las necesidades más urgentes de un país en crisis.

Los vaivenes de las estadísticas

La ley que vino a replantear el papel de las encuestas empezó a mostrar sus huecos: sondeos presentados como encuestas,  muestreos criticados entre la tramoya de los datos digitales, compañías llamadas al orden, expertos profesores contribuyendo al batiburrillo, algoritmos que cuentan a partir del tráfico virtual de los consumidores y hasta casas de apuestas entrando al jolgorio, fueron temas críticos que en las penumbras del 31 de mayo pondrán en escena el divertimento nacional de saber cuán lejos o cerca quedan los aciertos de las fallidas premoniciones de las mediciones.

Un gesto interesante han sido los procesadores de datos que agregan algo de análisis a la competencia de las encuestas, que continúan debiéndole al país su dosis de verdad o de debida sorpresa.

La legislación sobre las consultas previas se ha convertido en parte importante del proceso electoral: son un calentador previo, se han convertido en una decisión crucial, enfocan a la competencia y dirimen alternativas.

Las amarguras del mensajero

La famosa metáfora que recuerda el peligro que corren los mensajeros, es pariente cercana de la máxima del Quijote a su amigo y compañero: “Ladran, Sancho. luego cabalgamos”. 

Las dos figuras se cumplieron al pie de la letra en el proceso electoral de este año y tuvo como objetivo un medio de comunicación. La Silla vacía es, sin duda, el medio digital más importante del país.  Centrado en el análisis de las diferentes formas del poder, ha logrado construir un tipo de periodismo independiente, documentado y original, que combina el centro de la política con la diversidad de realidades de los territorios, otras aproximaciones a los problemas con un conjunto de narrativas y metodologías en que cabe un país complejo. 

Como lo escribió su directora Juanita León “Las campañas de desprestigio contra un medio buscan precisamente eso: aislarlo. Convertirlo en sospechoso. Reducir años de trabajo a una etiqueta: “vendidos”, “activistas”, “enemigos”. Pero cuando hay una comunidad que conoce la trayectoria de un medio, que ha leído sus investigaciones, que ha celebrado sus aciertos y también ha señalado sus errores, esa estrategia pierde fuerza”.

Que los extremos se tocan es un lugar común. Y tanto Trump como Petro se han definido en sus mandatos como enemigos de los medios. El listado de las críticas tiene puntos en común y singularidades propias y los medios de comunicación suelen “tallar” en algunos de los puntos que más duelen. El asunto no es simplemente anecdótico. Tiene que ver con uno de los aspectos que se redefinen en las democracias contemporáneas, al mismo tiempo que se lleva a cabo un replanteamiento de dimensiones centrales de los medios y el periodismo.

Medios, poder y elecciones

Mirados desde el mundo

Las elecciones son pensadas habitualmente como uno de los procesos internos más propios e identificables. No puede ser de otro modo. Lo que se decide es nada menos que la selección social del poder, lo que un país desea hacer y proponerse para su próximo futuro. Así de crucial

Pero cada vez la preocupación de otras sociedades es mayor sobre este proceso idiosincrático, por una sencilla razón. La interconexión es cada vez mayor y más imprescindible. Lentamente han ido apareciendo medios de comunicación internacionales que tienen versiones nacionales como sucede con El País de Madrid, probablemente el mejor medio de comunicación en español, que cuenta con equipos periodísticos propios y agendas que se diferencian de las de los medios nacionales y regionales.

Desde hace un tiempo se ha venido fortaleciendo France 24 en español, dirigida por Álvaro Sierra, que aporta una perspectiva diferente y en muchos casos original y sin el peso de los resabios conocidos de la cobertura interna, que en buen momento abre las ventanas a otros aires y otros diálogos necesarios.

Hay finalmente algunos informes de medios internacionales que refrescan el panorama y plantean preguntas que terminan incidiendo en un conocimiento más crítico del proceso electoral.

De lo gubernamental a lo público

Uno de los grandes debates que se le adeudan al país es el de sus medios públicos. Milei utilizó la motosierra en Argentina y hace poco el nuevo Primer ministro húngaro puso en entredicho el modelo de Orban mientras lo somete a una cirugía minuciosa. 

La actual administración de Inravisión apostó más por la televisión gubernamental que por la pública. Un asunto delicado y que debe ser discutido. Ha sido así por varios motivos: la confusión que se deriva del nombramiento presidencial del director de la entidad, las relaciones con procesos estatales de diferente naturaleza y exigencia, la capacidad informativa de los gobiernos o las limitaciones para el desarrollo de sus propuestas en las realidades de la oposición.

Se han hecho esfuerzos por atender las realidades de los territorios con frecuencia abrumados por la desatención y el centralismo, han ingresado a la representación mediática sectores sociales excluidos o invisibilizados, se ha buscado fortalecer el sistema informativo propio e intentado la integración de medios y lenguajes, entre ellos el digital

En un momento decisivo de la reconsideración de la democracia, lo que se abren son numerosos interrogantes sobre las nuevas relaciones entre poder, medios y elecciones.

German Rey

*Profesor e investigador en comunicación y cultura, fue defensor del lector del periódico El Tiempo.

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Elecciones 2026: Análisis de las propuestas presidenciales https://elpregonerodeldarien.com.co/elecciones-2026-analisis-de-las-propuestas-presidenciales/ Fri, 15 May 2026 13:34:48 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=17183 Análisis de la noticia/ Equipo Razón Publica*/El Pregonero del Darién Introducción: el contexto electoral de 2026 Nota de la dirección: Publicamos este análisis como un apoprte a la cultura política, para que cada ciudadano vote a conciencia, en libertad, por la que considere la mejor propuesta. Este artículo examina de forma rigurosa, comparativa y neutral …

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Análisis de la noticia/ Equipo Razón Publica*/El Pregonero del Darién

Introducción: el contexto electoral de 2026

Nota de la dirección:

Publicamos este análisis como un apoprte a la cultura política, para que cada ciudadano vote a conciencia, en libertad, por la que considere la mejor propuesta.

Este artículo examina de forma rigurosa, comparativa y neutral las propuestas programáticas de los cinco principales candidatos en los ejes temáticos más relevantes para la política pública colombiana: economía y política fiscal, seguridad y paz, salud, educación, medio ambiente y transición energética, anticorrupción y reforma del Estado, e infraestructura y conectividad. El objetivo no es establecer jerarquías de valor entre las propuestas, sino identificar sus fundamentos, diferencias estructurales y posibles implicaciones.

Esta distribución configura un escenario tripartito: una izquierda que busca profundizar las reformas del gobierno Petro (Cepeda); una derecha que oscila entre la ortodoxia fiscal y seguridad (De la Espriella) y un conservadurismo modernizador (Valencia); y un centro que apuesta por la institucionalidad, la educación y la lucha anticorrupción como ejes articuladores (Fajardo y López).

Economía y política fiscal: entre el Estado y el mercado

El debate económico de 2026 reproduce, con matices propios del momento, la tensión histórica entre modelos que privilegian la intervención estatal y aquellos que confían en el mercado como principal asignador de recursos. 

3.1. Política tributaria y fiscal

Iván Cepeda propone profundizar la progresividad tributaria mediante la ampliación de la base imponible, el gravamen de las grandes fortunas y la reducción de las exenciones a las grandes empresas. Los recursos adicionales se destinarían a financiar programas sociales y a la expansión de los servicios públicos. Su programa contempla, además, una Ley de Austeridad Republicana orientada a reducir los gastos gubernamentales y a redirigir recursos hacia la inversión social.

En el extremo opuesto, Abelardo de la Espriella plantea reducir los impuestos a las empresas, simplificar los trámites y garantizar la seguridad jurídica para atraer inversión extranjera. Su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda, refuerza la credencial de ortodoxia fiscal de esta candidatura. Paloma Valencia comparte esta orientación promercado, con énfasis en reducir la carga tributaria para las pymes, promover zonas francas regionales y ampliar los tratados de libre comercio, en particular con Asia. Valencia propone, además, convertir la Cancillería en un Ministerio de Comercio Exterior.

Sergio Fajardo reconoce la necesidad de una reforma tributaria, pero la condiciona a un pacto nacional en el que todos los actores económicos aporten, con garantías de lucha contra la corrupción y de seguridad jurídica. Su propuesta incluye alivios tributarios temporales para pymes y acceso preferencial al crédito. Claudia López, por su parte, apuesta por presupuestos participativos regionales y una descentralización fiscal que permita a las comunidades decidir sobre la asignación de recursos locales.

3.2. Empleo, formalización y desarrollo productivo

La informalidad laboral —que supera el 55% de la fuerza de trabajo— constituye uno de los desafíos estructurales más profundos de la economía colombiana. Las respuestas de los candidatos reflejan concepciones distintas del problema.

Cepeda apunta a la formalización a través de la expansión de derechos laborales, el fortalecimiento de Colpensiones y de programas como “Te pagamos por estudiar”, que ofrecería apoyos económicos a estudiantes de básica, media y educación superior como vía para romper el ciclo de pobreza. 

Valencia propone subsidiar el 30% del salario mínimo durante doce meses a las empresas que contraten a jóvenes de 18 a 28 años, mientras que De la Espriella confía en la reactivación de la inversión privada como motor natural de la generación de empleo.

Fajardo plantea una estrategia de creación de empleo enfocada en el fortalecimiento de la economía regional y en el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, mediante un programa que combina acompañamiento técnico con incentivos fiscales. López propone fortalecer la coordinación entre los distintos niveles de gobierno para promover el empleo local. 

Mapa de los candidatos: perfiles y posicionamiento ideológico:


Antes de abordar las propuestas temáticas, conviene situar a cada candidato en el espectro político. El siguiente cuadro sintetiza sus perfiles:
 
 

Seguridad y paz: tres modelos en disputa

La seguridad constituye, junto con la economía, el eje temático que más claramente divide a los candidatos. Las propuestas configuran tres modelos distinguibles: el de la fuerza, el de control con prevención y el de negociación con transformación social.

4.1. El modelo de la fuerza: de la Espriella y Valencia

Abelardo de la Espriella propone lo que denomina una “remasterización 2.0” de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe. Su plan contempla una ofensiva militar para recuperar el control territorial en noventa días, el fortalecimiento de la fuerza pública mediante un Plan Colombia 2.0 con uso intensivo de drones e inteligencia artificial, la retoma de la fumigación con glifosato y la construcción de siete cárceles de máxima seguridad. Propone también romper los diálogos con los grupos armados que no cumplan los acuerdos.

Paloma Valencia presenta su política de “Seguridad Total”, articulada en torno a cuatro pilares: reducir los ingresos ilícitos, robustecer la fuerza pública, reconectar con las comunidades y restablecer la legalidad. Si bien comparte con De la Espriella la orientación securitaria, Valencia incorpora un componente de acción social y participación comunitaria que la diferencia parcialmente.

4.2. Control con prevención: Fajardo y López

Sergio Fajardo plantea recuperar el control territorial y aumentar el pie de fuerza policial, en particular en las ciudades, y complementa estas medidas con políticas de prevención del reclutamiento juvenil y programas sociales dirigidos a las poblaciones más vulnerables. Su enfoque combina la capacidad operativa con la intervención social.

Claudia López redefine la violencia actual como crimen organizado transnacional, lo que niega la existencia de un conflicto armado en sentido clásico. Rechaza las negociaciones políticas y propone justicia contra las mafias con un enfoque punitivo, complementado con esquemas de justicia restaurativa. Su propuesta incluye la reforma de la Policía Nacional con un enfoque comunitario, cámaras corporales y una rendición de cuentas permanente.

4.3. Negociación y transformación social: Cepeda 

Iván Cepeda propone una “paz con justicia social” basada en el concepto de seguridad humana. Su estrategia busca intervenir en las causas estructurales de la violencia —desigualdad, pobreza y exclusión— y mantener la negociación con grupos armados, con ajustes a la política de Paz Total del gobierno de Petro. 

Salud: reformar sin destruir

El sistema de salud colombiano atraviesa una crisis que todos los candidatos reconocen, aunque discrepan radicalmente en el diagnóstico y el tratamiento. La deuda acumulada de las EPS, la interrupción de los servicios y la desigualdad en el acceso configuran un panorama que el próximo gobierno deberá abordar con urgencia.

Cepeda propone avanzar hacia un sistema de salud universal sin intermediación de las EPS, fortaleciendo la red hospitalaria pública como columna vertebral del sistema. De la Espriella, en contraste, ha denunciado el deterioro del sistema bajo el gobierno de Petro y apuesta por una reestructuración que preserve la participación del sector privado. 

Fajardo reconoce la necesidad de la reforma, pero insiste en que primero hay que estabilizar el sistema: garantizar medicamentos, procedimientos y servicios antes de transformar la arquitectura institucional. En sus palabras, el enfoque es “estabilizar al paciente” antes de la cirugía.

López y Valencia han abordado el tema con menor profundidad programática, aunque ambas coinciden en la necesidad de mejorar la calidad y cobertura del servicio sin desmantelar los mecanismos existentes de forma abrupta.

Educación: capital humano y movilidad social

La educación es quizás el único eje en el que existe un consenso transversal sobre su importancia estratégica, aunque las vías para fortalecerla varían sustancialmente.

Sergio Fajardo —cuya trayectoria como gobernador de Antioquia estuvo marcada por los Parques Biblioteca y la inversión educativa— propone triplicar la inversión en educación pública, construir megabibliotecas y parques educativos en municipios vulnerables. Es el candidato que ha hecho de la educación su bandera más reconocible.

Paloma Valencia apuesta por la competitividad global a través de un programa de becas, del bilingüismo desde preescolar, de la formación de medio millón de personas en tecnología y de la propuesta “Ruta 3E”: estudiar, emplearse o emprender. Propone reformar el Icetex para que los créditos se paguen solo cuando el graduado tenga empleo, y subsidiar a un millón de jóvenes en formación en inteligencia artificial.

De la Espriella plantea una reestructuración del gasto educativo centrada en el subsidio a la demanda, que otorga un apoyo económico mensual a las familias para que elijan libremente la institución educativa de sus hijos. Cepeda, con su programa “Te pagamos por estudiar”, busca que el Estado garantice la permanencia estudiantil mediante apoyos económicos directos.

López ha propuesto plataformas de educación universitaria virtuales gratuitas.

Abanico de candidatos en disputa por la presidencia de la República/Foto La Silla Vacía

Medio ambiente y transición energética

Colombia, uno de los países con mayor biodiversidad del planeta, enfrenta tensiones agudas entre la explotación de sus recursos naturales y la protección ambiental. La transición energética y la posición frente a los hidrocarburos dividen el espectro político.

Cepeda lidera en número y en profundidad de propuestas ambientales, con iniciativas de soberanía alimentaria, de protección de ecosistemas estratégicos y de aceleración de la transición energética. López propone duplicar la capacidad de generación de energía solar y eólica para 2030, expandir el transporte masivo y electrificar el transporte público en las cinco principales ciudades.

Valencia y De la Espriella mantienen posiciones favorables a la explotación de hidrocarburos, incluida la discusión sobre el fracking. Valencia ha señalado la oportunidad de convertir a Colombia en un hub energético regional, mientras que De la Espriella aboga por destrabar la minería y legalizar la producción de oro.

Fajardo adopta una posición intermedia que reconoce la necesidad de la transición, pero sin abandonar abruptamente los ingresos provenientes del sector extractivo.

Anticorrupción y reforma del Estado

La lucha contra la corrupción se presenta como una preocupación transversal, pero las estrategias difieren notablemente.

Fajardo propone crear una agencia anticorrupción independiente con poder vinculante y protección para denunciantes, coherente con su trayectoria como gobernante, quien ha hecho de la transparencia un eje de su gestión. López plantea sistemas de contratación 100% digitales, con trazabilidad basada en blockchain y veedurías ciudadanas en todos los niveles de gobierno.

De la Espriella propone endurecer las penas por corrupción, eliminar los beneficios jurídicos a los condenados por delitos contra el Estado y fortalecer la Fiscalía. Cepeda vincula la lucha anticorrupción con su agenda de austeridad republicana. Valencia propone la reducción del Estado como mecanismo estructural anticorrupción: menos burocracia, menos oportunidades de captura.

Varios candidatos coinciden en la necesidad de fusionar o eliminar entidades públicas. Valencia propone convertir la Cancillería en un Ministerio de Comercio Exterior; López aboga por asociaciones municipales y metropolitanas que racionalicen la administración territorial.

Infraestructura, tecnología y conectividad

La brecha de infraestructura entre las zonas urbanas y rurales de Colombia sigue siendo una de las más amplias de América Latina. Los candidatos abordan este eje con distintos énfasis.

López propone ampliar los sistemas de transporte masivo en las cinco principales ciudades y electrificar el transporte público. Valencia apuesta por la formación dual entre instituciones técnicas y empresas, con un fuerte componente de conectividad digital y de formación en inteligencia artificial. Su propuesta de internet gratuita para la formación tecnológica busca que los jóvenes de cualquier municipio puedan trabajar de forma remota para empresas internacionales.

De la Espriella aboga por reformar las alianzas público-privadas para ampliar las concesiones y aumentar la inversión en infraestructura vial. Fajardo propone fortalecer la economía regional

como base para la inversión en vías y conectividad.

Reflexiones finales: las tensiones irresueltas

El análisis de las propuestas programáticas de los candidatos a la Presidencia de Colombia en 2026 revela un país que se debate entre tres grandes tensiones que atraviesan todos los ejes de la política pública.

– La primera es la tensión entre continuidad y ruptura respecto al gobierno de Petro. Cepeda representa explícitamente la continuidad —su programa incluye más de 140 menciones al presidente saliente y promete profundizar en cada una de sus reformas—, mientras que De la Espriella y Valencia proponen un desmonte sistemático de sus políticas. Fajardo y López buscan posicionarse como una tercera vía que rescata ciertos avances sociales, pero corrige lo que consideran excesos institucionales.

– La segunda tensión se da entre el Estado y el mercado, ambos motores del desarrollo. Esta línea divisoria cruza todas las propuestas económicas, de salud y de educación: desde la ampliación del gasto social y la progresividad tributaria de Cepeda hasta la reducción impositiva y la desregulación de De la Espriella, pasando por los modelos híbridos de Fajardo y López.

– La tercera tensión se da entre la seguridad y la paz como marcos conceptuales para abordar la violencia. Este debate, que ha marcado la política colombiana durante décadas, se actualiza con nuevos matices: la emergencia de economías ilegales transnacionales, la crisis del fentanilo, la expansión territorial de las disidencias y la fatiga social ante negociaciones prolongadas sin resultados visibles.

Más allá de estas tensiones, el análisis también revela algunas ausencias significativas. Las propuestas de política exterior son escasas y poco desarrolladas en la mayoría de los programas. La agenda de género y cuidado, pese a su relevancia estructural, aparece de forma tangencial. Y la cuestión demográfica —incluida la migración venezolana y el envejecimiento poblacional— no ha recibido la atención proporcional a su magnitud.

Con catorce candidatos inscritos y más del 25% de los electores aún indecisos, según las encuestas más recientes, el panorama permanece abierto. La calidad del debate público que se produzca en las semanas restantes será determinante no solo para el resultado electoral, sino también para la capacidad del próximo gobierno de construir la gobernabilidad que Colombia necesita para enfrentar sus desafíos estructurales.

Nota metodológica

Este artículo fue elaborado a partir de los programas de gobierno registrados ante el Consejo Nacional Electoral, de las declaraciones públicas de los candidatos en entrevistas y debates, y del análisis de fuentes periodísticas y académicas especializadas. Las propuestas se presentan de forma descriptiva y comparativa, sin emitir juicios de valor sobre su viabilidad o conveniencia. El análisis se centra en los cinco candidatos con mayor intención de voto según las encuestas disponibles a mayo de 2026.

*Equipo Razón Pública

La Fundación Razón Pública impulsa análisis independientes y soluciones innovadoras para los desafíos del país. Con rigor, transparencia y enfoque ciudadano, transformamos la información en conocimiento que inspira decisiones informadas y un mejor futuro para Colombia.

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Radiografía de la contienda electoral. https://elpregonerodeldarien.com.co/radiografia-de-la-contienda-electoral/ Sat, 09 May 2026 19:05:39 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=17107 Ramón Elejalde Arbeláez/Opinión/El Pregonero del Darién Medir el instante político es complejo y, seguramente, quienes lo hacemos —entre ellos me incluyo— no estamos exentos del sesgo que generan nuestras propias preferencias electorales. Aun así, lo intentaré. Iván Cepeda es el candidato que aparece en primer lugar en absolutamente todas las encuestas y sondeos. Su intención …

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Ramón Elejalde Arbeláez/Opinión/El Pregonero del Darién

Medir el instante político es complejo y, seguramente, quienes lo hacemos —entre ellos me incluyo— no estamos exentos del sesgo que generan nuestras propias preferencias electorales. Aun así, lo intentaré.

Iván Cepeda es el candidato que aparece en primer lugar en absolutamente todas las encuestas y sondeos. Su intención de voto oscila entre el 37 % y el 44 %, lo que prácticamente lo convierte en un candidato fijo para pasar a la segunda vuelta, si esta llega a ser necesaria. Un triunfo de Cepeda en primera vuelta es difícil, pero no imposible. Tanto el candidato como su campaña hacen esfuerzos para que esa posibilidad se materialice, y las masivas manifestaciones que encabeza, junto con las que realiza su compañera de fórmula, Aida Quilcué, apuntan precisamente a ese objetivo.

Cepeda es un candidato serio, que ha convertido en fortaleza aquello que algunos consideran una debilidad: leer sus discursos. Con ello transmite un mensaje de respeto por sus propuestas y planteamientos. Impresiona la fortaleza y claridad de sus argumentos, y deja en su militancia la sensación de estar frente a un futuro presidente que tiene claridad sobre las reformas y cambios que Colombia necesita. No sobreactúa, no recurre a propuestas populistas ni apela a la demagogia. En resumen, está logrando conectar con una inmensa mayoría de colombianos y convocarlos a respaldar su proyecto político. Parte importante de ese éxito radica en la alta imagen favorable que conserva el presidente Gustavo Petro, algo poco común en un mandatario que ya se acerca al final de su período y que, además, ha sido objeto de fuertes controversias en los grandes medios de comunicación.

Abelardo de la Espriella es un candidato sorpresa. Su discurso radical de extrema derecha ha logrado convencer al sector más conservador de la sociedad y del Centro Democrático. Después de las elecciones parlamentarias y de las consultas, muchos creyeron que su momento político había terminado. Aquellos resultados impulsaron temporalmente a Paloma Valencia y la mostraron como la rival natural de Cepeda. Sin embargo, los hechos posteriores —a los que me referiré más adelante— han revivido las posibilidades de De la Espriella, quien además parece ser el contendor que la centroizquierda preferiría enfrentar en una eventual segunda vuelta.

Su estilo chabacano y las contradicciones entre el discurso que sostenía antes y después de lanzar su candidatura hacen que algunos sectores de la opinión pública lo perciban como oportunista. También pesan en su contra su paso por el litigio penal y varias experiencias públicas que se han conocido.

Paloma Valencia arrancó con fuerza después de la consulta de marzo pasado. Lanzó propuestas atractivas para el centro ideológico con la designación de Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial e hizo planteamientos sugestivos para quienes no simpatizan con la extrema derecha. Cuando su propuesta parecía consolidarse y ocupaba el segundo lugar en las encuestas, decidió “uribizar” su campaña. Comenzó a repetir en distintos escenarios que su padre político era Álvaro Uribe y, en Santa Rosa de Osos, incluso pidió a los asistentes de una manifestación que la ayudaran a convencer al expresidente de ser su ministro de Defensa en un eventual gobierno suyo.

Creo que esa decisión la alejó nuevamente del centro ideológico y la devolvió a disputar el mismo electorado cercano a De la Espriella. Prefirió competir con Abelardo y no con Iván. Su paso a la segunda vuelta es posible, aunque no fácil.

Sergio Fajardo y Claudia López son dos excelentes candidatos, pero, lamentablemente, en un país tan polarizado las terceras vías parecen no tener espacio. La población se ubica en uno u otro extremo, pero rara vez en el centro. Se llega incluso al punto de votar no a favor de un candidato, sino en contra del otro. Esa radicalización terminó frustrando ambas aspiraciones.

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Anatomía de las cinco candidaturas presidenciales https://elpregonerodeldarien.com.co/anatomia-de-las-cinco-candidaturas-presidenciales/ Fri, 27 Mar 2026 15:22:47 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=16528 Análisis de la Noticia/Hernando Gómez Buendía* razonpublica/El Pregonero del Darién Cinco candidaturas dibujan el mapa político de 2026: dos derechas enfrentadas, una izquierda poderosa y un centro debilitado. Pero detrás de los nombres aparece algo más profundo: Colombia sigue orbitando alrededor de la guerra que ha organizado su política durante medio siglo. Un país que …

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Análisis de la Noticia/Hernando Gómez Buendía* razonpublica/El Pregonero del Darién

Cinco candidaturas dibujan el mapa político de 2026: dos derechas enfrentadas, una izquierda poderosa y un centro debilitado. Pero detrás de los nombres aparece algo más profundo: Colombia sigue orbitando alrededor de la guerra que ha organizado su política durante medio siglo.

Un país que sigue preso de la guerra

Colombia sigue presa de la guerra criminal e inútil que nos ha costado más de un millón de muertos.

Durante medio siglo la política nacional ha girado alrededor del mismo eje: la guerrilla, el Estado, la paz, el narcotráfico. Cambian los protagonistas, cambian las generaciones, pero el eje permanece.

El padre de Álvaro Uribe fue asesinado por la FARC, y Uribe es lo que es gracias a las FARC. Su liderazgo nació de la reacción contra la violencia guerrillera y del fracaso del proceso del Caguán. Esa guerra lo llevó al poder y organizó todo su proyecto político.

Después Uribe eligió a sus sucesores: primero a Juan Manuel Santos y después a Iván Duque. Santos rompió con él al firmar la paz con las FARC; Duque intentó volver al uribismo original y dedicó la mitad de su gobierno a tratar de frenar el Acuerdo de la Habana. Pero ambos fueron herederos de Uribe.

Gustavo Petro se debe al M19 y llegó a la presidencia gracias al mal manejo del gobierno Duque al estallido social del 2021. Sin ese gobierno, la izquierda no habría llegado a la presidencia.

Ahora aparece un nuevo capítulo del mismo drama. Iván Cepeda es candidato porque estuvo a punto de llevar a Uribe a la cárcel. Paloma Valencia fue escogida por Uribe como candidata del Centro Democrático y pese a las protestas de María Fernanda Cabal y Miguel Uribe Londoño; encabezó la oposición a la JEP y a la ley de “Paz Total” en el Senado, y en todas partes habla de “mi presidente, Uribe, mi mentor”, el que “quisiera tener como vicepresidente”. Y ni hablar de Abelardo: él quiere salvar la patria y comandar al Ejército en la batalla contra el “castrochavismo”.  

Así, incluso las segundas y terceras generaciones del uribismo —y también quienes se definen contra él— siguen girando alrededor del mismo eje: la guerra inútil y criminal de Colombia.

Cambian los nombres, Cambian los estilos, Cambia la generación, Pero la política sigue orbitando alrededor de la misma herida.

Tres candidatos con opción real

Las encuestas muestran un panorama relativamente claro. El promedio de las mediciones disponibles ubica a tres candidatos con opción real de disputar la presidencia. Estos son sus perfiles, estas sus fórmulas vicepresidenciales, y estas las estrategias que están adoptando para consolidar su base electoral y al mismo tiempo aparecer moderados para poder competir en la segunda vuelta. 

Estas dos cosas se contradicen y por eso, después del ajetreo con las o los vicepresidentes, vamos a entrar en unos meses de campaña donde Cepeda dirá que no es tan izquierda, Valencia dirá que ella es el centro y De la Espriella que no es tan extremista.

Iván Cepeda

Cepeda encabeza las encuestas con cerca de 36 por ciento de intención de voto.

Su fuerza no proviene del carisma personal sino de un largo trabajo político. Hijo de Manuel Cepeda, senador de la Unión Patriótica – el partido nacido de las FARC- que a su vez fue   asesinado por dos militares en 1994. Durante tres décadas Cepeda ha sido uno de los principales voceros de los movimientos sociales y adalid del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE). 

Cepeda entiende todo de derechos y reclamos sociales, pero en cambio entiende nada de crecimiento económico o clima de inversión. Su proyecto –lo mismo que el de Petro– es repartir sin aumentar la riqueza o la capacidad productiva del país. 

Cepeda sin embargo ganó la consulta del Pacto Histórico con cerca de 1,5 millones de votos. El dato es notable porque se obtuvo en apenas 20 mil mesas, frente a las cerca de 120 mil mesas utilizadas en las consultas del 8 de marzo.

Además, el Pacto logró avanzar territorialmente en más de 1.050 municipios, consolidando una red organizativa que combina movimientos sociales, organizaciones de víctimas y organizaciones políticas regionales. Con 25 senadores y 35 representantes elegidos en lista cerrada, es la primera fuerza en el Congreso –y la más disciplinada.

Su fórmula vicepresidencial es Aída Quilcué, una indígena NASA, directiva del CRIC, víctima de atentados y amenazas por parte de la ultraderecha. Su presencia tiene un significado político claro: cerrar la herida que dejó la relación entre Petro y Francia Márquez y consolidar el apoyo de los movimientos identitarios (étnicos, feministas, ambientalistas). Quilcué es además una bofetada a Paloma Valencia, que hunde sus raíces en la historia centenaria del Cauca. 

Y el hecho principal: la izquierda ya no es marginal. Es una fuerza política organizada que está aquí para quedarse: Colombia no volverá a ser igual. 

El Pacto solo, sin embargo, no sería suficiente para ganar en la segunda vuelta, y por eso Cepeda desde ahora convocó a “todas las fuerzas progresistas” – es decir, a todos los que “no hayan sido cómplices” del uribismo. Queda por ver si esto incluye a Roy Barreras (0,9 % de apoyo en las encuestas), quien sin pudor pasó del uribismo al santismo, al petrismo y al lavado de manos.  

Abelardo de la Espriella

En segundo lugar aparece Abelardo de la Espriella, con cerca de 27 por ciento en el promedio de encuestas. Es un costoso abogado penalista, es decir, una persona que con firme convicción e igual facilidad puede creer y demostrar que lo blanco es negro y que lo negro es blanco.    

Su proyecto representa una derecha combativa, una mezcla entre Bukele, Milei y Trump. Propone el ejército en las calles, una alianza militar con Estados Unidos e Israel y un recorte drástico del Estado mediante una emergencia económica que permitiría bajar impuestos y fomentar lo que llama una “Colombia de propietarios”.

Logró además superar el umbral electoral con más de 700 mil votos para Salvación Nacional y obtuvo cuatro senadores, consolidando una base parlamentaria propia.

La candidatura de Abelardo de la Espriella representa la versión más radical de la derecha colombiana: una mezcla de patrioterismo, militarismo, fundamentalismo religioso y recorte drástico de los programas sociales.

Su fórmula vicepresidencial es José Manuel Restrepo, exministro de Duque y rector universitario. Restrepo cumple una función política clara: aportar respetabilidad y fachada  técnica a un candidato de no muy cristalina trayectoria.

Cepeda, Paloma y De La Espriella.

Paloma Valencia

La tercera candidata con opción es Paloma Valencia, con 18 por ciento de intención en la última encuesta, ganadora de la Gran Consulta por Colombia.

En la consulta obtuvo 3,2 millones de votos, equivalentes al 45,7 por ciento de su coalición, calcando al pie de la letra el recorrido de Iván Duque, el consentido de Uribe que ganó la consulta del “no” al plebiscito por la paz en 2018 y llegó a la presidencia por no llamarse Gustavo Petro.

Su programa expresa un conservadurismo decimonónico bastante franco: defensa de la familia tradicional y del catolicismo, achicamiento del Estado, crítica frontal a la educación pública porque Fecode indoctrina a los niños en las ideologías de género y de castrochavismo, modificación de la JEP para proteger a los militares porque en Colombia no hubo conflicto armado sino guerrillas “narcoterroristas”.     

La genealogía política pesa. Paloma es nieta de Guillermo León Valencia, uno de los presidentes conservadores más duros del siglo XX, escogido por Laureano Gómez y autor del bombardeo a Marquetalia (de donde vienen las FARC).

Pero el estilo personal y político de Paloma Valencia es todo lo contrario del de Abelardo:  pulcritud y honradez a toda prueba, modales republicanos, discurso pulido y el intento sostenido de aparecer como la opción sensata de la derecha.

Alrededor de Valencia el “establecimiento” (es decir, los poderes establecidos) han montado toda una operación de maquillaje.

–Primero, la presencia de Abelardo hace que Paloma aparezca automáticamente como moderada.

–A esto se suman Galán, Peñalosa, Luna, Gaviria y Cárdenas, personas respetables que prestaron sus nombres para una “gran consulta” donde todos sabíamos que ganaba Paloma  — y para que ella pueda decir que encabeza un equipo de excelencia, así no sea claro qué tanto “equipo” formen. Al igual que Vicky y Pinzón – derecha dura– todos dicen que deponen sus diferencias ideológicas en aras de un propósito común.  Pero lo único que tienen en común es el deseo de evitar la elección de Cepeda.  

–Tercero, su fórmula vicepresidencial es Juan Daniel Oviedo, cuidadosamente escogido para acercarla al centro. Oviedo es gay, ha defendido la JEP y proyecta una imagen cosmopolita que contrasta con el conservadurismo de Paloma. Representa un uribismo urbano vergonzante: sectores empresariales y profesionales que comparten la agenda económica y de seguridad de la derecha, pero prefieren un lenguaje más moderno. Su estilo limpio y tecnocrático recuerda, para algunos, el tipo de política que encarnó Antanas Mockus. 

Tras lograr sus notables 1.255.510 votos, Oviedo habló de “líneas rojas” – la JEP, Gaza, la “primera línea”, la adopción por parte de parejas gay…- y horas después de “preguntas” que se diluyeron porque la Vicepresidencia es atractiva. En el acto de inscripción él y Valencia reafirmaron sus diferencias ideológicas y ofrecieron un ejemplo de tolerancia recíproca…sin notar que el vicepresidente no tiene ningún poder y que a partir del 7 de agosto se hará lo que decida la señora presidenta.

El centro debilitado

Dos candidaturas ocupan el centro de verdad.

Sergio Fajardo, con cerca de 8 por ciento, y su fórmula Edna Bonilla, son dos educadores de probados quilates que el país necesita para que haya futuro. Fajardo insiste en el discurso del centro: administración honesta, gestión técnica y rechazo a la polarización.

Claudia López representa un progresismo institucionalista que profundiza las reformas sociales sin alharacas ni quiebra del fisco. Sería la manera de evitar que el país acabe de romperse en dos mitades, pero en la última encuesta obtuvo apenas el 1,7% de las preferencias.

El escenario que viene

Tal como están las cosas en el momento, es seguro que Cepeda pasará a la segunda vuelta.

La verdadera pregunta es cuál de las dos derechas lo enfrentará: la derecha combativa de Abelardo o la derecha republicana de Paloma.

Cualquiera de los dos escenarios conduce a un mismo resultado: una polarización intensa entre una derecha fuerte y una izquierda organizada.

El centro, mientras tanto, queda reducido a un papel marginal.

En el fondo, todas estas fuerzas siguen moviéndose dentro del mismo eje histórico. Cambian las generaciones, cambian los candidatos, pero los colombianos seguimos divididos entre dos bandos irreconciliables:

Los que ven y sienten y repudian con razón los crímenes atroces de las FARC y del M19, y

Los que ven y sienten y repudian con razón los crímenes atroces de los paramilitares y agentes del Estado.

Nadie que condene a los unos y a los otros en exacta proporción al número y atrocidad de sus crímenes.

Por eso a pesar de los cambios seguiremos viviendo de justicias injustas e incurables rencores.

Hernando Gómez Buendía

* Director y editor general de Razón Pública.

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Tres consultas suicidas https://elpregonerodeldarien.com.co/tres-consultas-suicidas/ Sat, 07 Mar 2026 18:22:07 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=16229 Hernando Gómez Buendía*/Análisis de la Noticia/ RazónPublica/El Pregonero del Darién El próximo domingo no asistiremos a una fiesta democrática, sino a un ejercicio de canibalismo político amparado por la ley. El espejismo del orden: partidos en liquidación La primera pista de este desastre es la orfandad institucional. En Colombia, los partidos han dejado de ser …

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Hernando Gómez Buendía*/Análisis de la Noticia/ RazónPublica/El Pregonero del Darién

El próximo domingo no asistiremos a una fiesta democrática, sino a un ejercicio de canibalismo político amparado por la ley.

El espejismo del orden: partidos en liquidación

La primera pista de este desastre es la orfandad institucional. En Colombia, los partidos han dejado de ser voceros organizados de intereses sociales o de corrientes ideológicas, para convertirse en cascarones de avales. 

Se supone que las consultas fueron inventadas para escoger al candidato o candidata de los tres grandes bloques de opinión que existen en Colombia: la izquierda, el centro y la derecha.

Pero es todo lo contrario: lejos de decantar liderazgos, las consultas están operando como un factor de división interna. La última encuestas de Invamer lo confirma: la dispersión es tal que, en el escenario de primera vuelta, aparecen hasta 17 nombres con intención de voto. 

Las consultas, en lugar de reducir esta lista, la ha congelado legalmente, impidiendo las alianzas naturales que el sentido común dictaría para mayo.

La emboscada: atajar al puntero

La lógica de estas tres consultas no es propositiva, sino reactiva. El objetivo de los precandidatos no es ganar la presidencia, sino evitar que el puntero de su propio espectro se vuelva inalcanzable.

En la izquierda, la consulta del “Frente por la Vida” no es más que una maniobra para tratar de atajar a Iván Cepeda. 

Peor todavía: esta consulta se limita a medir un candidato de pura maquinaria con otro candidato de maquinaria-demagogia, que solo tienen en común su falta de trayectoria dentro de la izquierda. Según Invamer, Daniel Quintero puntea la intención de voto, con un abrumador 68,1 %, superando con creces a Roy Barreras (23%). 

—En la derecha, la «Gran Consulta por Colombia» busca contener a Abelardo de la Espriella. 

Aunque Abelardo marca un sólido 18,9 % en primera vuelta, la consulta interna la ganaría Paloma Valencia con el 41,6 %, actuando como un filtro de la «vieja guardia» contra un outsider.  

Más todavía: esta consulta es el intento de vender a la muy uribista Paloma Valencia como vocera del centro. Otros cinco candidatos (Galán, Oviedo, Peñalosa, Cárdenas y Luna), sencillamente prestaron su nombre para maquillarla; Vicky y Pinzón son tan derechistas o casi como Valencia.   

—En la “Consulta de las Soluciones”, Claudia López domina con un 92,9 % frente a un señor desconocido y trata de atajar a Sergio Fajardo con su 10,3 % de apoyo nacional. Una victoria pírrica en un sector que pierde tracción frente a los extremos.

El fenómeno de los votos postizos

La legitimidad del 8 de marzo será una ficción estadística. 

La simultaneidad con las elecciones de Congreso garantiza una afluencia de público que no está allí por los presidenciales, sino por sus barones electorales. Muchos marcarán un tarjetón sin convicción, porque lo tienen a la mano. Estos son los «votos postizos». 

Candidatos como Quintero, con un 68% en la consulta pero apenas un 1,4 % en primera vuelta, son el ejemplo de un poder prestado por la inercia del día de las elecciones que, no obstante, tiene consecuencias legales permanentes.

Y los comentaristas y “expertos” electorales se han dedicado a convalidar esa ficción. Dicen que si Quintero o Barreras sacan muchos votos, Cepeda tendrá que retirarse de la escena, que si Claudia logra más de un cierto número de votos, Fajardo tendrá que retirase, que si a Paloma le va muy bien es Abelardo quien tendrá que ceder. 

Foto: canal Capital

Pero sucede que ni Cepeda, ni Fajardo ni Abelardo tienen por qué resignarse ante unos votos postizos o, para decirlo de modo más directo, ante la “gran encuesta” que tendremos el próximo domingo – y donde solo faltó el detalle de que ninguno de los tres punteros fue incluido.

El absurdo legal: la trampa de la Ley 1475

Aquí comienzan las complicaciones de la legislación electoral, el enredo que armó la Constitución del 91 y han seguido enredando las leyes, decretos y decisiones de la Corte, el Consejo de Estado y esa perla que llamamos Consejo Nacional Electoral. 

La Ley 1475 de 2011, en su Artículo 7, establece que “el resultado de las consultas será obligatorio para el partido, movimiento, grupo significativo de ciudadanos o coalición, que las hubiere convocado, así como para los precandidatos que hubieren participado en ellas”. 

Pero esta obligatoriedad tiene doble filo que impide las coaliciones. Veamos:

El ganador de la consulta no está obligado legalmente a inscribirse para la primera vuelta. Tiene la potestad de decidir no hacerlo. Por eso dicen los más despiertos que el remedio es simple: que Quintero (o Barreras), Claudia y/o Paloma desistan si “no les va bien” (¿según quién?).   

Sin embargo —y aquí reside la trampa—, si el ganador renuncia o decide no inscribirse, el partido o coalición pierde el derecho a participar con un sustituto. La ley impide que el segundo en la consulta tome el lugar del primero. Si el ganador se retira con la intención de «unificar» el sector alrededor de otro nombre (por ejemplo, Cepeda o Fajardo), el resultado es el auto suicidio del partido:  o corren con un candidato que los datos muestran inviable, o no corre en absoluto.

 Además, la Sentencia C-490 de 2011 refuerza este amarre mediante la doble militancia: el ganador no puede apoyar a otro ni el partido buscar un plan B.

Y falta lo peor: si el candidato o candidata no se inscribe para la primera vuelta, el partido, movimiento o grupo que lo haya inscrito pierde el derecho al reembolso de los miles de millones de pesos que hayan invertido, debe devolver de inmediato los anticipos que haya recibido y hasta —en opinión de juristas en un país de juristas —podría ser obligado a pagar los gastos de la Registraduría. 

La Sentencia C-490 de 2011 deja claro que el «amarre» es total; el ganador es el dueño del aval y, si no lo usa, quema la personería y hace una tronera en las flacas finanzas del partido. 

El reto de la reunificación, los caudillos —o la falta de árbitro—

El 9 de marzo habrá tres mesas de póker: Paloma, Claudia y Barreras o Quintero tratarán de “cañar” a De la Espriella, Fajardo y Cepeda con los muchos o los pocos votos que obtuvieron, —y que los tres últimos declararán postizos, porque ninguno es bobo. En vez de facilitar la unificación, las consultas endurecerán las posiciones de los dos candidatos rivales sobre las bases de unos votos dudosos y unas encuestas que también son dudosas.  

Roy o Quintero esperarán que las encuestas de marzo los muestren adelante. Pero Cepeda no puede renunciar sin destruir al Pacto Histórico. 

Claudia y Fajardo conversarán con más sosiego, pero la herida es honda y se ha agravado. De hecho en las últimas encuestas (distintas de las de Invamer y Atlas Inter) Claudia aventaja a Fajardo y esto hace todavía más difícil la conversación.

Paloma esperará repuntar en la opinión. Pero Abelardo tiene un ejército (literalmente), unas iglesias militantes (14% de la población), una derecha dura, una platica (no sé yo de dónde) y un mesianismo que no lo para nadie. 

Entonces vendrá el momento de los árbitros:

En la derecha, Uribe tendría que imponerse sobre el ego indoblegable de Abelardo o sacrificar a Paloma su pupila. Si el «uribismo pura sangre» no acepta al ganador, la derecha llegará rota.

En el centro, al no haber un árbitro, el ganador será una náufraga o naufrago legal con un aval legítimo, pero sin ejército.

En la izquierda. Petro tendría que doblegar a Quintero o a Barreras —dos personajes que saben cobrar caro sus favores—o hacerse el harakiri de pedirle a Cepeda que desista, es decir, enterrar legalmente al Pacto Histórico antes del próximo 31 de mayo. 

Conclusión: el triunfo de las minorías

Los resultados de las encuestas publicadas hasta ahora son unánimes: Cepeda, De la Espriella y Fajardo son los punteros sostenidos e inequívocos en sus campos respectivos (con la salvedad sobre Claudia que mencioné más arriba). Cepeda puntea con más frecuencia; Abelardo fluctúa, pero se sostiene; Fajardo se mantiene en sus cifras modestas.

El carisma personal es importante (la prueba es Abelardo), pero no es necesario (la prueba es Cepeda): detrás de las encuestas no están los candidatos, sino además y sobre todo las fuerzas sociales o las corrientes ideológicas que dividen y seguirán dividiendo al país colombiano. 

Tan solo que esa medición entre las fuerzas profundas está siendo oscurecida y confundida por nuestro farragoso sistema electoral, donde las vanidades y los cálculos estratégicos pueden más que los intereses nacionales.

La cuestión es sencilla: en una primera vuelta con seis candidatos (en realidad 17 candidatos, según la encuesta de Invamer), la aritmética enseña que la torta se parte en pedazos más pequeños y que por eso ganan los dos que sean menos pequeños. 

En un escenario donde además el centro y las coaliciones se bloquean en sus propias reglas, las minorías polarizadas aseguran su paso. Iván Cepeda (37,1%) y Abelardo de la Espriella (18,9%) son los beneficiados de esta fragmentación.

El 8 de marzo no habremos elegido a una presidenta o presidente, sino que habremos destruido la posibilidad de cualquier alternativa que no pase por el odio o el miedo. La legislación electoral, en manos de una clase política incapaz de coordinarse, ha firmado el acta de defunción de la unidad nacional.

Hernando Gómez Buendía

* Director y editor general de Razón Pública.

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Consultas del 8 de marzo: Una equivocación https://elpregonerodeldarien.com.co/consultas-del-8-de-marzo-una-equivocacion/ Wed, 11 Feb 2026 16:16:16 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=15938 Análisis de la Noticia/Hernando Gómez Buendía* razonpublica/ /El Pregonero del Darién  El parche En el mundo civilizado, las consultas sirven para tomar decisiones dentro de los partidos, no para que los partidos evadan la tarea principal para la cual se supone que existen los partidos: para postular sus candidatos a los cargos públicos.  En la mayoría de …

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Análisis de la Noticia/Hernando Gómez Buendía* razonpublica/ /El Pregonero del Darién
 

El parche

En el mundo civilizado, las consultas sirven para tomar decisiones dentro de los partidos, no para que los partidos evadan la tarea principal para la cual se supone que existen los partidos: para postular sus candidatos a los cargos públicos. 

En la mayoría de los países, las consultas o primarias son internas: votan los militantes, con carné o registro previo. En otros casos, como en Argentina, las primarias son simultáneas y obligatorias para todos los partidos, de manera que cada candidato es escogido por los simpatizantes del partido respectivo. 

Pero en Colombia nos inventamos lo contrario: consultas “abiertas”, donde la gente puede votar sin estar afiliada al partido, sin simpatizar con sus ideas e inclusive con intención de hacerle daño a ese partido. 

El origen

Esta consulta abierta para escoger candidato presidencial nació para resolver un problema coyuntural: la implosión del Partido Liberal a fines de los años ochenta. 

El partido había perdido la capacidad de ordenar su competencia interna, pero no estaba dispuesto a perder el poder. La consulta de marzo de 1990 fue la salida ingeniosa de Julio César Turbay:  aceptar un disidente que había hecho su carrera atacando a la maquinaria liberal (Luis Carlos Galán) con tal de que aceptara gobernar a nombre del Partido Liberal. Como escribí por entonces, “la consulta es un matrimonio a la fuerza entre una maquinaria sin candidato y un candidato sin maquinaria”. 

Galán fue asesinado, Gaviria heredó la Presidencia y así llegamos a 1991. La Asamblea Constituyente tomó ese arreglo coyuntural y lo elevó a norma constitucional (artículo 107), o sea que autorizó a los partidos para dejar de hacer lo mínimo que deben hacer: escoger a sus propios candidatos. Lo hizo, para peor, al mismo tiempo que destruía el bipartidismo y daba paso al multipartidismo enloquecido que tuvimos hasta la llegada de Uribe (61 partidos con personería jurídica en el año 2002). 

En materia política, el logro fundamental de la Constitución de 1991 fue desbaratar el sistema político sin reemplazarlo por otro bien diseñado. La consulta abierta quedó consagrada como mecanismo legítimo, sin que nadie se preguntara si tenía coherencia institucional ni cómo funcionaría en un sistema sin partidos capaces de decidir.

Treinta años después, el vacío sigue intacto. Colombia no tiene partidos nacionales con programa, estructura y disciplina. Tiene candidatos sueltos, coaliciones improvisadas y marcas personales. En ese contexto, las consultas no suplen nada: exhiben el problema que pretenden esconder.

Candidaturas rifadas

Donde no hay partidos, no hay decisiones basadas en las fuerzas políticas que respaldan o se oponen a cada uno de los aspirantes. Hay decisiones aleatorias sobre la base de vetos cruzados, demandas, fallos judiciales y cálculos individuales. 

El sistema de incentivos hace el resto: lanzarse por cuenta propia es muy sencillo y someterse a la disciplina de un partido es un complique.

El resultado no es la selección del mejor candidato para la parte respectiva del espectro político (derecha, centro e izquierda). El resultado es una rifa donde decisiones aisladas y “movidas” de última hora acaban por decidir quién “representa” aunque no represente a cada fuerza política (por ejemplo: Roy Barreras como eventual candidato de la izquierda, o el hijo de Galán como eventual candidato de la derecha).

Pues así se definieron las consultas del 8 de marzo. No hubo deliberación ni decisión colectiva. Hubo litigios, vetos y cálculos personales:

En la izquierda, la exclusión de Iván Cepeda la resolvió el Consejo Nacional Electoral, no una instancia dentro del Pacto Histórico o la coalición de izquierda. Cepeda y el ganador de la consulta están legalmente obligados a ir a la primera vuelta, o sea que “el progresismo” acabó en canibalismo.

En el centro ocurrió algo similar. Sergio Fajardo y Claudia López no lograron llegar a un acuerdo, de manera que Claudia terminó en una consulta de yo con yo (“competirá” con un exdelegado de Salud de la Defensoría del Pueblo a quien no conocen ni en su casa). El centro terminó convertido en lo que dice rechazar: una agregación de trayectorias personales, sin dirección ni capacidad de negociar acuerdos.

El centro derecha se convirtió en derecha: nueve aspirantes concurren a una “gran consulta” que pretende fabricar unidad donde no existe partido ni coalición, sino desesperación de ocho personajes que solo están de acuerdo en una cosa: en abrirle camino a la candidata de Uribe para evitar un nuevo triunfo de la izquierda.

Queda por fuera Abelardo de la Espriella, con un liderazgo personalista, punitivo y moralizante, que arrastra reservistas y sectores cristianos. No es una anomalía: cuando no hay partidos, surgen caudillos. Y el sistema los legitima.

Consultas para atajar al puntero

Las tres consultas comparten otro rasgo decisivo. No pretenden escoger al candidato más fuerte de cada bloque, sino todo lo contrario: pretenden atajar al candidato más fuerte del respectivo bloque.

En la “izquierda” se trata de frenar a Cepeda con la esperanza de que un no izquierdista (Barreras o Quintero) acabe siendo el candidato de la izquierda.

En el centro, evitar que Fajardo llegue a la primera vuelta para que Claudia sea la candidata de esa corriente política.

En la derecha, contener a Abelardo con una candidatura respaldada por la maquinaria.

Esta no es una lógica de selección, sino de contención. En vez de aclarar las opciones, las consultas confunden y dividen a los votantes de cada una de las tres corrientes. 

El 8 de marzo

El 8 de marzo no vota el electorado presidencial. Vota la maquinaria. Votan las listas al Congreso y quienes saben mover votos ese día. Por eso las consultas no premian la popularidad ni el atractivo del programa de cada candidato presidencial, sino la veteranía en el manejo de la maquinaria. 

Barreras y Quintero son precisamente eso: los dos precandidatos más versados y más probada trayectoria en el arte de las componendas. Paloma Valencia es la caverna con buenos modales, que no maneja maquinaria, pero tiene el aparato del Centro Democrático y al padrino de Santos y de Duque labrando su victoria. 

Los demás candidatos pueden tener visibilidad o algo de opinión pública, pero tienen muy poco arrastre territorial, es decir, capacidad de poner votos.

Esto tiene una consecuencia precisa. Muchos votantes marcarán una consulta sin entusiasmo, simplemente porque les entregan otro tarjetón. Ese voto no expresa preferencia presidencial alguna. La decisión real vendrá después, en la primera vuelta, y puede ser completamente distinta. La consulta no mide el apoyo real al ganador.

A esto se suma un incentivo conocido: la reposición de gastos. Lanzarse cuesta poco; la disciplina no paga. El resultado es previsible: racionalidades individuales producen un desenlace colectivo desordenado. Más candidaturas, menos orden.

Polarización sin partidos

Después del 8 de marzo, a la primera vuelta llegarán por lo menos seis candidatos: los tres que puntean en las encuestas y los tres que ganen las consultas (esto sin contar los otros seis espontáneos que llegarán por la vía de las firmas ―Palacios, Caicedo, Cordoba, Macollins, Lizcano y Murillo).  

En lugar de reducir opciones y aclarar preferencias, la primera vuelta hará que las dos minorías más organizadas aventajen a los otros doce candidatos  ―esto porque la torta, simplemente, se debe repartir en más pedazos.

¿Cuáles son esas dos minorías? La respuesta es clara:  a falta de partidos de verdad, la competencia no se basa en programas sino en las emociones más primarias. El miedo y la rabia movilizarán más votantes que los argumentos, y así tendremos una segunda vuelta donde se enfrenten de nuevo la rabia y el miedo. 

Ahí aparece la ventaja de los extremos. No porque representen mayorías sociales, sino porque requieren menos coordinación. Los proyectos moderados dependen de acuerdos, renuncias y disciplina. Los extremos no. Les basta con un relato claro, un enemigo definido y una base emocional cohesionada. En un sistema fragmentado, eso alcanza.

Las encuestas lo confirman. Los punteros —Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella— lideran por fuera de las consultas y se alternan según el momento. A veces uno, a veces el otro. Lo constante no es quién va primero, sino el hecho de que ambos crecen precisamente porque no pasan por mecanismos pensados para ordenar lo que no existe.

Este patrón no es nuevo. En 2018 y en 2022 ocurrió lo mismo: primera vuelta atomizada, centro debilitado, extremos fortalecidos. La polarización no fue un accidente del clima político ni una patología cultural. Fue el resultado lógico de un sistema sin partidos, con consultas abiertas y sin incentivos para coordinar temprano.

En resumen

El problema no es una consulta ni una elección, sino un sistema sin partidos y con consultas abiertas y no obligatorias.

Ese sistema produce fragmentación temprana, ventaja para los extremos y una segunda vuelta definida por el rechazo.

La primera vuelta deja de cumplir su función de filtro: en vez de ordenar la oferta, es el momento de mayor dispersión. 

El centro es el gran perdedor. Las posiciones moderadas necesitan coordinación y disciplina tempranas; el sistema castiga ambas. El centro llega dividido y tarde, mientras los extremos avanzan con menos candidatos y mayor cohesión.

La segunda vuelta se decide por el miedo. No se vota por proyectos, sino contra el rival. El sistema no canaliza preferencias: fabrica dilemas.

Estos malos resultados no dependen de los nombres ni las coyunturas: el desenlace se repite cada cuatro años. 

Mientras no existan partidos capaces de decidir, ordenar y excluir candidaturas, la política colombiana seguirá atrapada en el mismo ciclo: fragmentación, polarización y gobiernos débiles.

Las consultas no rompen ese ciclo. Lo perfeccionan.

Hernando Gómez Buendía

* Director y editor general de Razón Pública.

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