AL FINAL
Pero al final, luego de las bisoñadas y desmanes de traición y corrupción, pudo consolidar un grupo de trabajo honesto y brillante, mayoritariamente femenino, logrando el inicio de una buena gestión.

Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/el Pregonero del Darién
Petro fue un alud, un derrumbe lleno de troncos, pantano, detritus y piedras, que llegó a la presidencia dando el primer manotazo, el primer martillazo. Pretencioso, locuaz, inteligente, resentido y comprometido con los más pobres, lleno de objetivos pendientes e ideas represadas desde su adolescencia, con una familia construida a los batacazos con amores desde la prisión y mujeres seducidas por su silencio e inteligencia; también rodeado por esa izquierda confusa, pseudoacadémica y muchas veces ramplona e igualmente resentida con deseos de escalar socialmente y conseguir el dinero que siempre anhelaron, protagonizó todo un caos, un desorden pugnaz en la presidencia, donde abundaron las intrigas y una serie de personajes patéticos entre cínicos, brillantes y deshonestos.
Pero al final, luego de las bisoñadas y desmanes de traición y corrupción, pudo consolidar un grupo de trabajo honesto y brillante, mayoritariamente femenino, logrando el inicio de una buena gestión.
¿Perdimos o ganamos? Era de esperar que el poder narcoparamilitar terrateniente consolidado en cuarenta años de despojo y depredación del erario fuera a entregar sin pelear sus logros principalmente el botín sostenido del negocio con la salud, la tierra y las pensiones a unos mestizos y advenedizos «comunistas». Elemental principio del clasismo racista característico de las élites colombianas.
A Petro le faltó elegancia y buen tino, le faltó cordura, y su bullaranga, al inicio atractiva y seductora, derivó en pataletas de ordinariez que, aunque honestas, lo llevó al desprestigio entre muchos de sus seguidores. Lo quiso hacer todo como en un único orgasmo, y casi lo logra, pero no lo dejaron.
Nuestra misión, si la aceptamos, es barrer la basura a su lado y coger la parte del postre que se conserva intacta para servirlo en un banquete popular de carácter patriótico, ojalá atendido por mujeres como Carrascal, Corcho, Pizarro, Carvajalino, Marulanda y Muhamad, unas verdaderas madres de la Patria.


