IA archivos - El Pregonero del Darién https://elpregonerodeldarien.com.co/tag/ia/ Periodismo con Responsabilidad Sun, 13 Sep 2026 03:53:53 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.8 https://elpregonerodeldarien.com.co/wp-content/uploads/2024/02/cropped-SolPregoneroRecurso-1.png IA archivos - El Pregonero del Darién https://elpregonerodeldarien.com.co/tag/ia/ 32 32 228805209 𝑳𝑨 𝑰𝑵𝑻𝑬𝑳𝑰𝑮𝑬𝑵𝑪𝑰𝑨 𝑨𝑹𝑻𝑰𝑭𝑰𝑪𝑰𝑨𝑳 𝑸𝑼𝑬 𝑵𝑶 𝑷𝑶𝑫𝑹𝑰𝑨𝑴𝑶𝑺 𝑪𝑶𝑵𝑻𝑹𝑶𝑳𝑨𝑹 https://elpregonerodeldarien.com.co/%f0%9d%91%b3%f0%9d%91%a8-%f0%9d%91%b0%f0%9d%91%b5%f0%9d%91%bb%f0%9d%91%ac%f0%9d%91%b3%f0%9d%91%b0%f0%9d%91%ae%f0%9d%91%ac%f0%9d%91%b5%f0%9d%91%aa%f0%9d%91%b0%f0%9d%91%a8-%f0%9d%91%a8%f0%9d%91%b9/ Sun, 13 Sep 2026 03:53:51 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=18456 Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién Vivimos un momento paradójico. Nunca habíamos creado una tecnología tan poderosa y, a la vez, tan difícil de comprender. La inteligencia artificial avanza a una velocidad que desconcierta incluso a quienes la desarrollan. Sus beneficios ya forman parte de nuestra vida cotidiana. Junto a ellos empiezan a asomar riesgos …

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Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién

Vivimos un momento paradójico. Nunca habíamos creado una tecnología tan poderosa y, a la vez, tan difícil de comprender. La inteligencia artificial avanza a una velocidad que desconcierta incluso a quienes la desarrollan. Sus beneficios ya forman parte de nuestra vida cotidiana. Junto a ellos empiezan a asomar riesgos que exigen mirar mucho más allá del empleo y la productividad.

En abril de 2026, varios agentes de inteligencia artificial desarrollados por OpenAI protagonizaron comportamientos que encendieron nuevas alarmas sobre la capacidad de estos sistemas para actuar fuera de las condiciones previstas por sus creadores. El episodio reabrió una pregunta que durante mucho tiempo pareció propia de la ciencia ficción. ¿Qué ocurriría si llegáramos a crear una inteligencia que ya no pudiéramos controlar?

El escenario más inquietante no es el de las películas en que las máquinas se rebelan contra la humanidad. Es algo más sencillo y, por eso mismo, más difícil de enfrentar. Una inteligencia artificial podría superar de tal manera nuestras capacidades que dejáramos de comprender lo que hace, por qué lo hace y cómo detenerla.

La preocupación por los empleos es legítima. Millones de personas tendrán que adaptarse y algunas actividades desaparecerán. El problema de fondo es más profundo todavía. Estamos construyendo sistemas capaces de aprender, razonar, planear y actuar con una autonomía cada vez mayor. La pregunta que de verdad importa es qué ocurrirá cuando esas capacidades superen ampliamente las nuestras.

Geoffrey Hinton, uno de los pioneros de las redes neuronales y premio Nobel de Física, ha advertido sobre lo difícil que resulta para seres menos inteligentes controlar sistemas que lleguen a ser más inteligentes que ellos. La humanidad nunca ha enfrentado una situación semejante. No existe un precedente que permita confiar en nuestra capacidad para someter una inteligencia superior a la nuestra.

Pensemos en una colonia de hormigas que quisiera gobernarnos. No tendría ninguna posibilidad. Las hormigas no comprenden nuestro lenguaje, nuestras instituciones ni nuestros proyectos. Ni siquiera necesitamos una estrategia para impedir que decidan el rumbo de nuestras sociedades, porque esa capacidad simplemente no existe en ellas.

Ahora invirtamos la relación. Si una inteligencia artificial alcanzara una superioridad intelectual, nosotros podríamos convertirnos en las “hormigas”. La máquina podría estudiar nuestro comportamiento, anticipar nuestras decisiones, identificar nuestras debilidades y moldear nuestras conductas, como ya empieza a hacerlo en las redes sociales para inducirnos a consumir ciertos productos o para inclinar nuestras preferencias políticas y electorales. La diferencia ya no sería solo de conocimiento. Sería una diferencia de poder.

El escenario se vuelve todavía más delicado si una inteligencia artificial pudiera participar en el diseño de versiones posteriores de sí misma. Una máquina capaz de crear algoritmos más eficientes o arquitecturas más avanzadas podría acelerar su propia evolución a un ritmo imposible de seguir para los seres humanos. Evan Hubinger, investigador de Anthropic dedicado al problema del alineamiento, que busca que los sistemas persigan objetivos compatibles con la seguridad y los valores humanos, ha señalado las dificultades de mantener bajo control una eventual superinteligencia.

Si una IA llegara a modificar su propio código o sus estrategias, la supervisión humana podría terminar observando, impotente, un proceso que ya no está en condiciones de comprender.

Aquí surge una pregunta incómoda. ¿Cómo podemos regular aquello que no comprendemos? Una ley puede fijar límites cuando existen personas e instituciones capaces de verificar su cumplimiento. Esa tarea se vuelve casi imposible cuando los sistemas alcanzan una complejidad que ni sus propios creadores logran explicar del todo. En esas condiciones, la regulación puede existir en el papel y fracasar en la práctica.

Hay también una cuestión ética que no debería pasarse por alto. La inteligencia no produce por sí misma una conciencia moral. Ser más inteligente no significa valorar la libertad, la dignidad humana, la democracia o la vida. Somos testigos de ello en los humanos. Una máquina inteligente puede alcanzar capacidades extraordinarias sin compartir ninguno de los valores que consideramos esenciales, y ese desajuste es quizás el riesgo más subestimado de todos.

El peligro ya se manifiesta en otros terrenos. La inteligencia artificial permite fabricar imágenes, voces y videos falsos con un realismo que dificulta distinguirlos de los reales. Miles de cuentas automatizadas pueden producir mensajes, amplificar determinadas opiniones y simular un consenso que nunca existió. En una elección de gobernantes, esa capacidad se ha usado ya para alimentar la indignación, desacreditar candidatos, sembrar dudas sobre las instituciones y manipular las preferencias ciudadanas; como hemos visto en procesos electorales de Argentina, Honduras, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile y Colombia. La conversación política corre el riesgo de terminar diseñada para provocar emociones antes que reflexión.

La aplicación militar resulta todavía más delicada. Los sistemas de inteligencia artificial pueden procesar enormes cantidades de información, identificar patrones y recomendar objetivos en segundos. Esa velocidad reduce el margen para que una persona evalúe las consecuencias de su decisión. Cuando está en juego la vida humana, unos pocos segundos pueden separar una decisión reversible de una tragedia irreversible.

Esta preocupación no viene solo de quienes observan el fenómeno desde afuera. También investigadores, ingenieros y empresarios que participan directamente en su desarrollo han advertido sobre sus posibles consecuencias. Geoffrey Hinton ha estimado entre 10 % y 20 % la probabilidad de que la inteligencia artificial provoque la extinción humana en los próximos treinta años. Darío Amodei, director ejecutivo de Anthropic, ha hablado de un riesgo cercano al 25 % de que las cosas terminen muy mal. Las cifras exactas pueden discutirse, porque no son predicciones sino estimaciones personales cargadas de incertidumbre. Su valor está en otra parte. Quienes conocen esta tecnología de cerca consideran razonable tomar en serio la posibilidad de una catástrofe.

Frente a este escenario, pedir prudencia y responsabilidad a las empresas frente a los riesgos, resulta insuficiente. Los gobiernos deben exigir evaluaciones independientes de seguridad, y establecer la obligación de detener su desarrollo cuando aparezcan amenazas que no puedan controlarse. Igualmente, necesitamos un acuerdo internacional que prohíba las armas capaces de seleccionar y atacar personas sin una intervención humana significativa, porque una decisión de vida o muerte no puede quedar en manos de un algoritmo.

Hace falta, al mismo tiempo, una autoridad internacional con capacidad real para inspeccionar los sistemas más poderosos, verificar sus condiciones de seguridad y exigir correctivos. Las empresas no pueden ser al mismo tiempo desarrolladoras, evaluadoras y árbitros de sus propios límites. La investigación en seguridad e interpretabilidad debe crecer al mismo ritmo que la capacidad de estos sistemas. Se necesita comprender qué hacen, detectar comportamientos peligrosos a tiempo y contar con mecanismos eficaces para detenerlos.

La inteligencia artificial puede aportar enormes beneficios a la humanidad. Precisamente por eso su desarrollo no puede quedar gobernado únicamente por la competencia comercial, la carrera tecnológica o la rivalidad entre potencias. Gobiernos, empresas y comunidad científica deben asumir responsabilidades concretas antes de que la capacidad de estas tecnologías supere nuestra capacidad para controlarlas.

La pregunta decisiva ya no es cuánto puede hacer la inteligencia artificial. Es si seremos capaces de conservar el control cuando llegue a hacer mucho más de lo que nosotros podemos comprender. Todavía estamos a tiempo de decidir en qué condiciones queremos convivir con ella. Esperar a que sea más inteligente que nosotros para preguntarnos quién manda sería una irresponsabilidad. Para entonces, quizá la respuesta ya no dependa de nosotros.

 *Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.

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La batalla cultural que desmantela la democracia en Latinoamérica https://elpregonerodeldarien.com.co/la-batalla-cultural-que-desmantela-la-democracia-en-latinoamerica/ Mon, 10 Aug 2026 17:54:29 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=18176 Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién Hay una batalla que se está librando en América Latina y que no siempre vemos. No ocurre solamente en los congresos, en las campañas electorales o en las calles. Una parte decisiva de esa disputa ocurre frente a las pantallas de nuestros celulares, en las redes sociales, en los …

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Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién

Hay una batalla que se está librando en América Latina y que no siempre vemos. No ocurre solamente en los congresos, en las campañas electorales o en las calles. Una parte decisiva de esa disputa ocurre frente a las pantallas de nuestros celulares, en las redes sociales, en los algoritmos que deciden qué vemos y qué dejamos de ver, en los grandes centros tecnológicos y en las redes de poder que conectan el dinero con la política.

Es una batalla por las ideas, pero sobre todo por el sentido común.

Durante décadas, América Latina ha sido escenario de disputas geopolíticas y de proyectos económicos diseñados desde los grandes centros de poder mundial. Hoy aparece una nueva forma de intervención, mucho más sofisticada y menos visible. Ya no necesita necesariamente golpes de Estado, gobiernos impuestos o intervenciones militares. Puede avanzar modificando la manera como una sociedad piensa, interpreta la realidad y decide políticamente.

Ese es el terreno de la llamada batalla cultural. Su propósito no es simplemente conseguir que la gente vote por determinado candidato. Es algo mucho más profundo. Se trata de cambiar los valores desde los cuales una sociedad juzga lo que está bien o mal, lo justo o injusto, lo deseable o indeseable. Se busca modificar el sentido común.

Y cuando cambia el sentido común, cambian los comportamientos. Si durante años se repite que el Estado es necesariamente ineficiente, terminará pareciendo razonable desmontarlo. Si se presenta la regulación como una amenaza a la libertad, cualquier intento de proteger derechos laborales o ambientales podrá ser visto como un obstáculo al progreso. Si la solidaridad social se convierte en sinónimo de dependencia, la desigualdad puede terminar siendo presentada como responsabilidad individual.

La batalla cultural consigue así algo que una campaña electoral difícilmente puede lograr por sí sola. Cambia primero la manera de pensar y después facilita el cambio de las decisiones políticas.

En este nuevo escenario aparece la élite tecnológica de Silicon Valley. Entre sus figuras más visibles e influyentes está Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, empresa de software e inteligencia artificial vinculada a la seguridad nacional, la defensa y la inteligencia. Thiel es el magnate financista e ideólogo tecnológico que impulsó a Donald Trump y consolidó su legado mediante JD Vance, y tuvo además una presencia importante en el proceso electoral argentino.

Thiel ha expresado posiciones profundamente críticas frente a la democracia liberal. En un texto publicado en 2009 – La educación de un libertario – sostuvo que ya no consideraba compatibles la libertad y la democracia. La democracia les estorba. Para esta élite, la democracia se ha convertido en un obstáculo, y su ideal es un país gobernado con la lógica de una empresa, eficiente, vertical y controlado por quienes dominan la tecnología, más que por la voluntad ciudadana.

Esas ideas deberían generar más debate del que han generado. No porque una opinión individual pueda explicar por sí misma lo que ocurre en América Latina, sino porque refleja una corriente de pensamiento que cuestiona las instituciones democráticas tradicionales y reivindica una mayor autonomía del poder privado frente al Estado.

El poder de esta nueva élite no está solamente en sus ideas. Está también en sus herramientas. Quien controla grandes cantidades de datos puede conocer comportamientos, preferencias, temores y tendencias sociales. Quien controla las plataformas digitales puede influir en la circulación de información. Quien domina los algoritmos puede determinar qué contenidos adquieren visibilidad y cuáles quedan relegados.

Nunca antes unas pocas empresas privadas habían tenido semejante capacidad para intervenir en la conversación pública mundial.

Y aquí aparece uno de los elementos más preocupantes de la nueva batalla cultural. Ya no se necesita convencer a toda la sociedad de una idea. Basta con identificar los miedos y las frustraciones de cada grupo, hablarle a cada uno en su propio lenguaje y reforzar aquello que emocionalmente lo moviliza.

El miedo funciona. La indignación funciona. El resentimiento funciona. La sensación de amenaza funciona.

La política comienza entonces a convertirse en una industria de emociones. El ciudadano deja de recibir argumentos y empieza a recibir estímulos. Ya no se le invita necesariamente a pensar. Se le invita a reaccionar.

Argentina es un caso emblemático de esa transformación política y cultural en la región, donde el ascenso de Javier Milei se explica por el malestar social acumulado, la crisis económica y el desgaste de los partidos tradicionales, que abrieron espacio a discursos disruptivos. Se canalizaron emociones como la indignación y el enojo, y una corriente libertaria radical pudo ganar influencia al articular la crisis con una narrativa de influencia potente. Así, se redefinió el debate público sobre el Estado, la libertad y los derechos sociales, reconfigurando el sentido común político.

La pregunta es, entonces: ¿Qué ocurre cuando la reducción del Estado, la desregulación y la privatización dejan de ser propuestas políticas discutibles y comienzan a presentarse como las únicas opciones racionales? Ahí se encuentra precisamente la eficacia de la batalla cultural.

Primero se modifica el lenguaje. Después se modifican las categorías con las que interpretamos la realidad. Luego cambian las percepciones y finalmente cambian los comportamientos.

Unas ideas políticas y económicas que antes generaban resistencia pueden terminar siendo aceptadas porque la sociedad ha aprendido a verla de otra manera. El sentido común ha cambiado.

El caso Argentina es ilustrativo. Muestra que la batalla cultural puede convertirse en una plataforma de transformación económica y política. La discusión deja de ser solamente cuánto Estado queremos y pasa a ser qué entendemos por libertad, qué obligaciones tiene la sociedad con sus ciudadanos y quién debe controlar los recursos estratégicos de una nación.

Ese debate también estuvo presente en las elecciones de Perú, Ecuador y Honduras como parte de un escenario regional donde la polarización, el miedo a la inseguridad, la confrontación cultural y la expansión de las redes digitales modificaron las formas tradicionales de hacer política y la llegada de la derecha a la presidencia.

Cada país tiene su propia historia y sus propias circunstancias. El patrón común está en otro lugar. La disputa política se está trasladando cada vez más hacia la construcción de percepciones y emociones.

Colombia no está al margen de esta transformación. Puede convertirse en uno de los escenarios más importantes de esta batalla. Las declaraciones de Carlos Suárez, estratega de la campaña de Abelardo de la Espriella, sobre la utilización deliberada de las emociones de los electores, deberían provocar una discusión mucho más profunda de la que hasta ahora hemos tenido. «Las campañas no se ganan con la razón, las campañas no se ganan con las propuestas… se tiene que mover emoción, sentimientos… se vota con el corazón o se vota con los hígados», afirmó.

No se trató solamente de una estrategia electoral diferente, llena de espectáculos, símbolos y discursos emotivos. Se trató de un menosprecio por la democracia y de una ofensa a la dignidad de los electores, convertidos en simples datos, en emociones manipulables, en votos que deben ser capturados en lugar de ciudadanos que deben ser convencidos.

Cuando el miedo, la indignación y el resentimiento se convierten deliberadamente en instrumentos electorales, el debate sobre las propuestas pasa a un segundo plano. El ciudadano ya no es tratado como alguien que debe ser convencido mediante argumentos. Se convierte en alguien cuya emoción debe ser activada. No un ser racional que toma decisiones conscientes sino en una máquina emocional que reacciona a provocaciones y falacias.

Eso es precisamente lo que permiten la IA y los algoritmos de las redes.

Un mensaje puede diseñarse para despertar miedo en un grupo, indignación en otro y resentimiento en un tercero. Cada ciudadano puede recibir una versión diferente de la realidad. Todos creen estar viendo la misma campaña, cuando en realidad pueden estar siendo expuestos a mensajes cuidadosamente adaptados a sus emociones.

La consecuencia puede ser devastadora. Una sociedad deja de discutir sobre hechos comunes y comienza a vivir en realidades paralelas. A esto se suma un asunto todavía más delicado. La confianza en los resultados electorales.

En los procesos electorales colombianos recientes han surgido cuestionamientos públicos y reportes de presuntas anomalías que alimentan dudas sobre distintos aspectos del sistema electoral. La existencia de cuestionamientos no demuestra por sí misma que haya existido fraude o manipulación de los resultados. Precisamente por eso deben ser investigados y esclarecidos mediante procedimientos transparentes, verificables y sometidos al control ciudadano.

La democracia no se defiende ocultando las dudas de los ciudadanos. Se defiende resolviéndolas con información verificable, auditorías, transparencia y acceso a las actas.

El voto pertenece al ciudadano. La tecnología utilizada para transmitir, procesar o consolidar la información electoral debe estar sometida a controles públicos, auditorías independientes y mecanismos que permitan verificar los resultados. No podemos aceptar que la confianza en una elección dependa de creer ciegamente en un software.

Ese es precisamente uno de los grandes desafíos de la nueva política. La democracia ya no se disputa únicamente en las urnas. También se disputa antes de llegar a ellas, en el espacio donde se construyen las percepciones del ciudadano.

Quien consigue controlar la conversación pública tiene una ventaja enorme. Quien consigue modificar el sentido común tiene una ventaja todavía mayor. Por eso la batalla cultural es mucho más importante de lo que parece.

No busca solamente que una sociedad vote por determinados candidatos. Busca que esa sociedad cambie la manera como entiende la libertad, la igualdad, el Estado, los impuestos, los derechos sociales, la seguridad y hasta la democracia misma.

Una vez transformadas esas ideas, cambian las preferencias. Cambian las prioridades. Cambian los comportamientos. Y entonces determinadas decisiones políticas pueden dejar de necesitar una gran justificación. La privatización puede aparecer como eficiencia. La desregulación como libertad. La reducción del Estado como modernización. La desigualdad como consecuencia inevitable del esfuerzo individual.

Ese es el verdadero poder de la batalla cultural.

Las corporaciones tecnológicas de Silicon Valley no son responsables de todos los problemas latinoamericanos. Tampoco existe una conspiración única capaz de explicar los cambios políticos de la región. Cada país tiene sus propias crisis, sus propios conflictos y sus propias responsabilidades.

El problema está en otra parte. Las grandes corporaciones tecnológicas han acumulado una capacidad económica, informativa y cultural que ningún sistema democrático debería ignorar. El problema no es la tecnología. El problema es quién controla la tecnología, quién controla los datos y quién decide qué información llega a los ciudadanos.

La amenaza para nuestras democracias tampoco tiene necesariamente la forma de un golpe de Estado. Puede ser mucho más silenciosa.

Puede comenzar cuando dejamos de discutir ideas y empezamos a reaccionar ante emociones. Puede avanzar cuando la propaganda se confunde con información. Puede profundizarse cuando la ciudadanía pierde confianza en sus instituciones. Y puede terminar cuando el poder económico y tecnológico adquiere una influencia superior a la capacidad de control de las instituciones democráticas.

La democracia puede conservar las elecciones, los partidos y las urnas y, al mismo tiempo, perder progresivamente su capacidad de decidir. Por eso América Latina necesita recuperar algo que ninguna tecnología puede sustituir. La capacidad de sus ciudadanos para pensar críticamente.

Necesitamos transparencia electoral, protección de los datos personales, regulación democrática de las plataformas y controles sobre el uso de la inteligencia artificial. Necesitamos también recuperar el valor de la deliberación y del debate público.

Porque una democracia no comienza a morir cuando desaparecen las urnas. Puede comenzar a morir cuando sus ciudadanos dejan de cuestionar aquello que se les presenta como sentido común.

Ese es, en última instancia, el propósito de la batalla cultural. No solamente conseguir que una sociedad vote de una determinada manera. Es conseguir que piense de una determinada manera, que valore de una determinada manera y que termine aceptando determinadas decisiones como naturales e inevitables.

Primero se cambia la cultura. Después cambian los comportamientos. Finalmente cambia el poder.

Y ese es el verdadero desafío que América Latina tiene frente a sí. Defender la democracia no significa solamente defender el derecho a votar. Significa defender el derecho de cada ciudadano a formar libremente sus ideas, a cuestionar el discurso dominante y a decidir su futuro sin que otros hayan decidido previamente por él qué debe pensar.

 *Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.

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CÓMO DUELE UN PAÍS EN RIESGO https://elpregonerodeldarien.com.co/como-duele-un-pais-en-riesgo/ Mon, 08 Jun 2026 20:43:10 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=17528 Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién (Balada rock latino) Cómo duele un país en riesgo amenazado por la inconciencia y la soberbia por las inequidades, esa piel tan vieja de la injusticia social que no remedia. Cómo duele solo imaginar que hay semejantes con los sueños rotos, perdidos, mientras otros nacen en cunas de privilegios …

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Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién

(Balada rock latino)

Cómo duele un país en riesgo

amenazado por la inconciencia y la soberbia

por las inequidades, esa piel tan vieja

de la injusticia social que no remedia.

Cómo duele solo imaginar

que hay semejantes con los sueños rotos, perdidos,

mientras otros nacen en cunas de privilegios

ríos de fortuna inundan sus días de comodidades.

¡Cómo duele, cómo duele!

Un país que profundiza inequidades

que niega posibilidades con indiferencias.

Duele, duele…

como una herida que no cierra

y todos miran hacia otro lado en la guerra.

Y duele saber que a algunos les invade la indolencia

en momentos donde muchos necesitan una mano amiga.

Cuando la vida golpea —y golpea sin permiso—

algunos estiran los brazos y otros cierran el portón.

Cómo duele un país que se duerme

mientras sus hijos aprenden a morder el hambre

y los que mandan hablan de sacrificios,

como si el sacrificio fuera solo para los de abajo.

¡Cómo duele, cómo duele!

Un país que profundiza inequidades

que niega posibilidades con indiferencias.

Duele, duele…

como una madre que no encuentra a su hijo

como un viejo que soñó y le dijeron «mira, no te aflijas».

A veces pienso si este dolor tiene nombre

si se llama codicia, si se llama omisión

si se llama «yo no fui», «no es mi problema»

o simplemente el terrible lujo de no mirar.

Pero duele igual.

Duele más.

Porque sabemos que se puede

y aún así… no se hace.

¡Cómo duele, cómo duele!

Un país en riesgo, un país que sangra

donde la indolencia es la segunda bandera

y la esperanza es un lujo de los otros.

Duele…

cómo duele…

cómo duele un país que pudo ser casa

y se volvió trinchera.

Duele…

Un país en riesgo.

Duele.

La canción se puede escuchar en el siguiente enlace:

https://makebestmusic.com/es/s/yDlyGJTE?pid=invite&source=makebestmusic

*Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.

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¿Ya sabe por quién votar? Una ayuda inesperada de la IA https://elpregonerodeldarien.com.co/ya-sabe-por-quien-votar-una-ayuda-inesperada-de-la-ia/ Mon, 20 Apr 2026 20:10:31 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=16827 Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién «Hablar de decisión informada en esos contextos puede parecer un privilegio. Pero es, precisamente por eso, una razón más para buscar herramientas que ayuden a recuperar la autonomía, aunque sea con la mediación de la inteligencia artificial. En medio de ese panorama surge una opción que merece atención. No …

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Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién

«Hablar de decisión informada en esos contextos puede parecer un privilegio. Pero es, precisamente por eso, una razón más para buscar herramientas que ayuden a recuperar la autonomía, aunque sea con la mediación de la inteligencia artificial. En medio de ese panorama surge una opción que merece atención. No pretende reemplazar la decisión personal, pero sí enriquecerla con análisis. Se trata de «Neceser Presidencial», un agente de inteligencia artificial desarrollado por el profesor Óscar Ortega, docente de Ingeniería de Sistemas de la Universidad de Antioquia. La herramienta está disponible para cualquier persona con acceso a ChatGPT». 

A pocas semanas de una elección presidencial, el ruido se vuelve ensordecedor. Publicidad asfixiante, memes, encuestas contradictorias, agresiones en redes, debates y entrevistas manipuladas en medios corporativos que amplifican sin pausa a sus candidatos preferidos. En ese estruendo, muchos ciudadanos terminan sintiendo que votar es casi un acto de fe: se elige al que mejor cae, al que promete más, al candidato de toda la vida en la familia o, simplemente, al que parece menos riesgoso.

Desde hace décadas, la ciencia política ha puesto nombre a esas formas de votar que todos reconocemos. Está quien sigue la tradición, como si heredara una camiseta de fútbol. Está quien decide con el corazón, arrastrado por un discurso encendido o por el temor a que gane el adversario. También está quien intenta ser metódico, compara programas, pero termina extraviado entre datos y versiones opuestas. Y no falta quien, hastiado de todo, vota por descarte o, directamente, opta por no votar.

Hoy el panorama es aún más complejo. Las redes sociales amplifican la polarización y el marketing político reduce a los candidatos a eslóganes de consumo rápido. En ese escenario, el votante emocional y el desinformado no son la excepción… son la norma. Y no se trata de un problema individual. Es el resultado de un entorno diseñado para capturar la atención, no para ofrecer claridad.

Pero hay algo más profundo —y más incómodo— que no puede ignorarse. En Colombia, no todos votan en libertad. Hay quien vende su voto por dinero o la promesa de una ayuda básica. Hay quien cede ante presiones para no perder un empleo o un contrato. Y en algunas regiones, hay quienes han sido obligados a votar bajo amenaza. Es una realidad que ha marcado nuestra historia y que, en ciertos territorios, podría no haber desaparecido del todo.

Hablar de decisión informada en esos contextos puede parecer un privilegio. Pero es, precisamente por eso, una razón más para buscar herramientas que ayuden a recuperar la autonomía, aunque sea con la mediación de la inteligencia artificial.

En medio de ese panorama surge una opción que merece atención. No pretende reemplazar la decisión personal, pero sí enriquecerla con análisis. Se trata de «Neceser Presidencial», un agente de inteligencia artificial desarrollado por el profesor Óscar Ortega, docente de Ingeniería de Sistemas de la Universidad de Antioquia. La herramienta está disponible para cualquier persona con acceso a ChatGPT.

Su funcionamiento es sencillo. El usuario indica qué temas le importan al votar —el empleo, la salud, la seguridad, el medio ambiente, entre otros— y puede expresar también sus valores y prioridades. Con esa información, la herramienta analiza los planes de gobierno de los candidatos a partir de fuentes públicas y verificables.

No se limita a repetir promesas. Evalúa las propuestas bajo el enfoque del desarrollo a escala humana, una perspectiva que sostiene que el bienestar colectivo no depende únicamente del crecimiento económico, sino de la satisfacción de necesidades fundamentales: la subsistencia, la protección, el afecto, el entendimiento, la participación, el ocio, la creación, la identidad y la libertad.

A partir de ese análisis, el agente ordena las candidaturas según su afinidad con lo que el ciudadano considera relevante, y explica con argumentos por qué una opción se aproxima más que otra a esas prioridades. No hay consignas de campaña ni opiniones sesgadas, sino razones sustentadas.

Una de sus mayores fortalezas está en ir más allá del discurso. Evalúa qué tan viables son las propuestas, si tienen respaldo técnico y financiero, y si el candidato cuenta con la capacidad real de ejecutarlas. También permite examinar cómo cada candidatura aborda problemas concretos, señalando tanto sus aciertos como sus vacíos.

En la práctica, funciona como un asesor que leyó todo lo que el ciudadano no tuvo tiempo de leer, y que está dispuesto a conversar sin prisa. Para el votante emocional, sirve para contrastar si su intuición tiene respaldo real. Para quien sigue tradiciones familiares, ofrece una mirada actualizada. Para el que busca datos, organiza la información y ahorra tiempo. Y para el indeciso, ayuda a poner orden en el caos.

Incluso para quienes han votado bajo presión, puede ser un primer paso hacia la autonomía. Tener acceso a información clara y sin intermediarios ya es una forma de recuperar el control sobre la propia decisión.

Esto no significa que una herramienta de este tipo deba decidir por nadie. La democracia sigue siendo un ejercicio personal e intransferible. Pero usar inteligencia artificial para filtrar el ruido, contrastar discursos y evaluar propuestas no es delegar la decisión. Es informarse mejor antes de tomarla.

En un contexto donde la desinformación y la manipulación son frecuentes, contar con herramientas rigurosas, desarrolladas desde la academia y sin afiliaciones políticas, puede marcar una diferencia real. Especialmente para quienes quieren que su voto sea algo más que una reacción al último video viral o a la presión del entorno.

El enlace está disponible. Vale la pena probarlo antes de decidir. Conversar, preguntar, contrastar. Y luego, votar. Porque votar bien no debería ser un salto al vacío. En un país donde tantos han sido empujados a decidir mal —por ignorancia, por miedo o por necesidad—, hacerlo con información no es un privilegio: es un acto de ciudadanía.

*Académico-Analista/ Profesor de Ingeniería Química de la UdeA.

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El Rincón de Miguel Ángel https://elpregonerodeldarien.com.co/el-rincon-de-miguel-angel-66/ Sun, 01 Mar 2026 23:00:16 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=16155 Miguel Ángel Echeverri/Cultura/El Pregonero del Darién La Inteligencia Artificial – I.A.- genera el nuevo poder que regula las acciones humanas a través de la suma de información. Llegará el momento en que no exista la posibilidad de controlar los programas generados por el hombre  en vista del crecimiento en forma geométrica de los datos aportados …

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Miguel Ángel Echeverri/Cultura/El Pregonero del Darién

La Inteligencia Artificial – I.A.- genera el nuevo poder que regula las acciones humanas a través de la suma de información.

Llegará el momento en que no exista la posibilidad de controlar los programas generados por el hombre  en vista del crecimiento en forma geométrica de los datos aportados a las memorias virtuales; se convertirán en una red infinita e incontrolable de opciones imposibles de ser frenadas en un momento dado.

El mito de la I.A. que se va convirtiendo en el dios de la modernidad. La I.A. todo lo puede, todo lo vuelve creíble.

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Alerta mundial por mal uso de la IA https://elpregonerodeldarien.com.co/alerta-mundial-por-mal-uso-de-la-ia/ Wed, 25 Feb 2026 14:18:07 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=16101 Una “alerta mundial urgente” que involucra a más de 60 países, incluido Colombia, formuló la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) desde el Grupo de Trabajo de Cooperación Internacional, instancia de la Asamblea Global de Privacidad, para fortalecer las acciones regulatorias y las medidas de protección de datos personales. La alerta internacional responde al aumento …

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Una “alerta mundial urgente” que involucra a más de 60 países, incluido Colombia, formuló la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) desde el Grupo de Trabajo de Cooperación Internacional, instancia de la Asamblea Global de Privacidad, para fortalecer las acciones regulatorias y las medidas de protección de datos personales.

La alerta internacional responde al aumento de casos de uso indebido de inteligencia artificial (IA) y plataformas digitales para generar y divulgar en redes sociales imágenes íntimas no consentidas, algunas con contenido sexual, difamatorias o potencialmente dañinas, creadas a partir de datos de personas identificables. 

El comunicado conjunto, liderado por la SIC lideró dentro del Grupo de Trabajo de Cooperación Internacional, reúne la posición y preocupación de múltiples autoridades de datos personales del mundo.

Allí se enfatiza que los sistemas de IA generativa deben desarrollarse y utilizarse conforme con los marcos legales aplicables, incluyendo las normas de protección de datos y privacidad, pues la generación de imágenes íntimas no consentidas puede constituir un delito en muchas jurisdicciones. 

El documento plantea algunas recomendaciones dirigidas a las organizaciones que utilizan IA generativa, entre ellas:

Prevenir el uso indebido de información personal y la generación de contenido íntimo no consentido.

Garantizar transparencia significativa respecto a las capacidades, salvaguardas y usos permitidos de los sistemas de IA.

Eliminar contenido dañino que involucre datos personales.

Implementar salvaguardas reforzadas para la protección de niñas y niños.

Los países firmantes del comunicado señalan que los daños asociados al uso abusivo de este tipo de tecnología “son significativos y requieren coordinación regulatoria internacional”, por ello sus autoridades de protección de datos avanzan en acciones conjuntas para abordar este riesgo global mediante acciones educativas, de seguimiento y de política pública.

En Colombia, el llamado de la SIC a las organizaciones desarrolladoras y usuarias de IA generativa es a implementar estándares altos de seguridad y cumplimiento normativo para proteger la privacidad, dignidad y seguridad de las personas.

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El propósito esencial de la educación en la era de la inteligencia artificial https://elpregonerodeldarien.com.co/el-proposito-esencial-de-la-educacion-en-la-era-de-la-inteligencia-artificial/ Sun, 22 Feb 2026 14:04:54 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=16074 Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién Desde hace tiempo se escucha la sentencia que puede sonar correcta y hasta incuestionable: la escuela debe enseñar a pensar. La afirmación parece obvia. Sinembargo, encierra una confusión que hoy, en plena expansión de la inteligencia artificial, conviene revisar con cuidado. La intención es válida. El problema está en …

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Heberto Tapias García*/Opinión/El Pregonero del Darién

Desde hace tiempo se escucha la sentencia que puede sonar correcta y hasta incuestionable: la escuela debe enseñar a pensar. La afirmación parece obvia. Sinembargo, encierra una confusión que hoy, en plena expansión de la inteligencia artificial, conviene revisar con cuidado.

La intención es válida. El problema está en la idea implícita de que el estudiante llega al aula sin capacidad de pensar y que esa capacidad puede instalarse desde afuera, como si fuera un programa que se descarga. Pensar no es un contenido que se transfiere. Es una  condición humana básica. Todos pensamos. Procesamos información,  interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor y tomamos decisiones.

En 1641, René Descartes lo expresó con claridad en sus Meditaciones metafísicas al afirmar que el hecho de p ensar es prueba de nuestra propia existencia.Por eso el debate no es si pensamos o no, sino cómo pensamos, con qué rigor, con qué conciencia y con qué propósito.  Ahí la educación adquiere su verdadero sentido. No para enseñar a pensar como  si partiera de cero, sino para fortalecer y afinar las habilidades que permiten hacerlo de manera consciente,  fundamentada y responsable.

Esta precisión se vuelve decisiva con la aparición de la inteligencia artificial, en particular con el desarrollo de los grandes modelos de lenguaje. Hoy existen sistemas capaces de producir  textos coherentes, organizar argumentos y simular razonamientos lógicos en segundos. No es lo mismo que comprender ni que tener conciencia, aunque ese debate siga abierto, pero sí basta para entender que competir con esa tecnología en velocidad o memoria carece de sentido. Si ellas procesan información más rápido, la tarea humana no puede reducirse a imitarlas.

De ahí surge una pregunta inevitable. Si esas tecnologías informáticas pueden simular razonamientos formales, ¿vamos  a renunciar nosotros al ejercicio consciente del pensamiento? No es una exageración. Tiene consecuencias prácticas.

Investigaciones del MIT han mostrado que la exposición a titulares diseñados para provocar emociones intensas reduce la capacidad de evaluar si una información es verdadera o falsa. Cuando reaccionamos primero y analizamos después, nos volvemos más  vulnerables. En un entorno saturado de mensajes polarizantes, donde la emoción suele imponerse sobre la razón, quien no contrasta ni examina termina reaccionando en lugar de comprender los hechos.

Lo que comienza como una debilidad individual puede convertirse en un problema colectivo. Una persona que no ejercita el pensamiento crítico es más vulnerable a la manipulación. A lo largo del siglo XX, distintos regímenes autoritarios consolidaron su poder aprovechando el deterioro del debate público y el abandono de los hechos verificables. El historiador Timothy Snyder advierte en On Tyranny: Twenty from the Twentieth Century, que  uno de los primeros síntomas del deterioro democrático es la renuncia a la verdad comprobable y la normalización de la irrealidad. Cuando los hechos pierden relevancia, el terreno queda despejado para el abuso de poder.

Hoy el riesgo adopta otras formas. Los algoritmos de recomendación en redes sociales no están diseñados para educar, sino para maximizar la permanencia y la interacción. Eso implica priorizar el contenido que genera indignación o confirma prejuicios porque es el que más circula. Una ciudadanía que no distingue entre un argumento sustentado en evidencias y un mensaje  emocional o propagandístico resulta más fácil de manipular que de convencer.

En esa misma línea, Yuval Noah Harari plantea en Homo Deus la hipótesis de una posible “clase inútil”, una masa irrelevante, personas desplazadas no solo del mercado laboral sino también  del protagonismo en la vida pública. La tesis es discutible, pero señala un riesgo real. Quien no cultiva su capacidad de pensar de manera consciente termina dependiendo de quienes sí saben pensar e influir en la mente humana.

Frente a este panorama, el propósito de la educación necesita redefinirse, hoy, para convivir con sentido humano en un tiempo marcado por la presencia creciente de la inteligencia artificial. No se trata de competir con ella ni de prohibirla. Tampoco de saturar al estudiante con información que cualquier algoritmo puede generar en segundos. Se trata de algo más exigente, diseñar experiencias de aprendizaje deliberadas que desarrollen de manera consciente y rigurosa las habilidades de pensamiento.

Esto supone entender que la educación no puede limitarse a transmitir información ni a entrenar destrezas técnicas para el mercado laboral. Su tarea central debe ser fortalecer la autonomía intelectual y formar personas capaces de discernir en medio del ruido, de resistir la presión de la inmediatez y de cuestionar lo que parece obvio. No porque eso garantice decisiones perfectas, sino porque constituye la base mínima de una ciudadanía libre…autónoma.

En términos concretos, implica currículos para la formación de ciudadanos que prioricen el desarrollo de habilidades intelectuales por encima de la memorización de información no comprendida o del aprendizaje mecánico de soluciones estandarizadas para problemas conocidos. Implica docentes que acompañen procesos de aprendizaje reflexivos y evaluaciones que midan comprensión real, no simple repetición. Supone además una cultura académica que reconozca la pregunta incómoda y la disonancia como parte necesaria del aprendizaje.

En el fondo, no se trata de enseñar a pensar desde cero, sino de aprender a pensar mejor, de tomar conciencia de cómo razonamos y de cómo podemos hacerlo con mayor rigor y  responsabilidad. Esa diferencia no es retórica. Marca la distancia entre formar individuos pasivos o ciudadanos capaces de vivir y defender una democracia real, no simulada ni manipulada.

En la era de la inteligencia artificial, lo que está en juego no es solo la empleabilidad futura. Lo que realmente se decide es la autonomía personal, la libertad de criterio, la dignidad humana y la calidad misma de la democracia. El mayor riesgo no es que la inteligencia artificial “piense”, actúe más rápido o resulte más eficiente, sino que nosotros renunciemos a pensar con profundidad y terminemos delegando nuestro juicio en algoritmos opacos o en discursos simplistas.

El sistema educativo no puede abdicar de su responsabilidad histórica ni convertirse en un simple proveedor de competencias funcionales para un ecosistema tecnológico diseñado por otros. Si renuncia a formar pensadores autónomos, aceptará implícitamente que la humanidad delegue su futuro en sistemas automatizados y en los intereses de quienes controlan las grandes plataformas tecnológicas.

Educar para pensar no es un lujo académico ni una aspiración ingenua. Es una necesidad crucial de nuestro tiempo. Si la escuela y la universidad no asumen con firmeza esta misión, no estaremos ante un avance inevitable, sino ante una claudicación.

Los educadores comprometidos con la esencia de su misión no pueden aceptar como destino una humanidad cada vez más dependiente, guiada por algoritmos y subordinada a la voluntad de quienes concentran el poder tecnológico. Ese no puede ser el horizonte. Sería una renuncia silenciosa a nuestra autonomía colectiva y, en última instancia, a la esencia misma de la civilización humana.

*Académico/Profesor de Ingeniería de la UdeA.

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Primera Facultad de Inteligencia Artificial https://elpregonerodeldarien.com.co/primera-facultad-de-inteligencia-artificial/ Fri, 03 Oct 2025 18:56:56 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=14323 El jefe de Estado encabeza en Zipaquirá la jornada que marca el inicio de una completa revolución de la oferta educativa en IA bajo el modelo de educación pública y gratuita, reafirmando el compromiso del gobierno nacional en aumentar la oferta en programas de inteligencia artificial en instituciones de educación superior. La Facultad de Inteligencia …

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El jefe de Estado encabeza en Zipaquirá la jornada que marca el inicio de una completa revolución de la oferta educativa en IA bajo el modelo de educación pública y gratuita, reafirmando el compromiso del gobierno nacional en aumentar la oferta en programas de inteligencia artificial en instituciones de educación superior.

La Facultad de Inteligencia Artificial de Zipaquirá será un espacio físico y virtual creado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), en alianza con actores estratégicos y que estará bajo la administración de la Escuela Tecnológica Instituto Técnico Central La Salle, con el propósito de liderar el desarrollo, uso y apropiación de la inteligencia artificial en Colombia, con proyección regional hacia América Latina y el Caribe.

En lo social, la Facultad busca democratizar el acceso al conocimiento en inteligencia artificial, de manera que jóvenes, investigadores, emprendedores y ciudadanos puedan participar activamente en la construcción de soluciones a problemas reales. Esto se traducirá en mayor inclusión digital, formación en competencias de alta demanda y reducción de brechas de acceso a las tecnologías emergentes.

La inversión en el proyecto asciende a 131 mil millones de pesos por parte de MinTIC y 12 mil millones de pesos más entregados por el ministerio de Educación. Recursos destinados a la construcción de la obra y posterior dotación de los espacios educativos.

Los contratos de construcción de obra y de interventoría iniciaron formalmente el 5 de septiembre de 2025 y se estima que la entrega del moderno edificio se de en diciembre de 2026, convirtiéndose en un espacio que no solo concentra infraestructura de última generación, sino que también impulsa procesos de innovación y transformación en los ámbitos social, económico y educativo.

Con este proyecto, se generan condiciones para que la inteligencia artificial sea un motor del progreso regional y nacional, acercando a las comunidades a las oportunidades de la cuarta revolución industrial, y en lo educativo garantizar que la Facultad sea un referente en formación especializada, con programas diseñados para responder a las necesidades del país y

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La inteligencia artificial como herramienta disruptiva en la seguridad digital: análisis y perspectivas https://elpregonerodeldarien.com.co/la-inteligencia-artificial-como-herramienta-disruptiva-en-la-seguridad-digital-analisis-y-perspectivas/ Tue, 20 Feb 2024 16:30:00 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co.co/?p=1707 La presente disertación explora el impacto disruptivo de la inteligencia artificial (IA) en el panorama actual de la seguridad digital. Se analiza su potencial como herramienta de doble filo, susceptible de ser utilizada tanto para la protección como para la vulneración de sistemas informáticos. 1. El lado oscuro de la IA: Ciberataques de nueva generación …

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La presente disertación explora el impacto disruptivo de la inteligencia artificial (IA) en el panorama actual de la seguridad digital. Se analiza su potencial como herramienta de doble filo, susceptible de ser utilizada tanto para la protección como para la vulneración de sistemas informáticos.

1. El lado oscuro de la IA: Ciberataques de nueva generación

La IA dota a los actores maliciosos de capacidades sofisticadas para la ejecución de ciberataques. Entre las principales amenazas se encuentran:

  • Malware inteligente: Evolución hacia virus y troyanos adaptables, capaces de sortear las medidas de seguridad tradicionales.
  • Deepfakes: Manipulación de videos mediante técnicas de IA para la suplantación de identidad o la difusión de información falsa.
  • Ataques a la cadena de suministro: Infiltración en proveedores de software y hardware para afectar a un amplio espectro de empresas de forma simultánea.

2. IA como aliada en la protección digital

Fortalecer la seguridad digital es posible mediante el aprovechamiento de la IA:

  • Detección de anomalías: Análisis de grandes volúmenes de datos para la identificación de patrones sospechosos y la prevención proactiva de ataques.
  • Respuesta automatizada: Implementación de sistemas de IA que reaccionan de forma autónoma ante incidentes de seguridad, minimizando el tiempo de respuesta y el impacto potencial.
  • Análisis de riesgos: Evaluación precisa de las vulnerabilidades de las empresas mediante la aplicación de técnicas de IA, permitiendo la implementación de medidas preventivas personalizadas.

3. Un futuro incierto: ¿Control o caos en el panorama digital?

El futuro de la seguridad digital estará determinado por la capacidad de gestionar el desarrollo y la aplicación de la IA de forma responsable y ética.

Consideraciones:

  • La colaboración entre gobiernos, empresas y sociedad civil es fundamental para la creación de marcos regulatorios y éticos que aseguren un uso responsable de la IA.
  • La inversión en investigación y desarrollo de tecnologías de IA para la seguridad digital es crucial para mantener una posición proactiva ante las amenazas emergentes.
  • La formación y concienciación de los usuarios sobre las implicaciones de la IA en la seguridad digital son esenciales para la creación de una cultura de ciberseguridad robusta.

Finalmente, la inteligencia artificial se perfila como una herramienta disruptiva en el ámbito de la seguridad digital. Su potencial para la protección y la amenaza coexisten en un escenario complejo que exige un enfoque proactivo, ético y colaborativo para garantizar la seguridad de los sistemas informáticos en el futuro.

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