Bachilleres archivos - El Pregonero del Darién https://elpregonerodeldarien.com.co/tag/bachilleres/ Periodismo con Responsabilidad Mon, 18 May 2026 16:11:44 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 https://elpregonerodeldarien.com.co/wp-content/uploads/2024/02/cropped-SolPregoneroRecurso-1.png Bachilleres archivos - El Pregonero del Darién https://elpregonerodeldarien.com.co/tag/bachilleres/ 32 32 228805209 ¡VIVA LA UNIVERSIDAD! https://elpregonerodeldarien.com.co/viva-la-universidad/ Mon, 18 May 2026 16:11:42 +0000 https://elpregonerodeldarien.com.co/?p=17222 Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/el Pregonero del Darién Fernando González decía que la universidad es como un gran árbol lleno de ramas, unas vitales con abundantes frutos, nidos y flores frescas, otras, mustias, con frutos descompuestos, nidos abandonados y flores marchitas, también plantas parásitas y enredaderas que lo debilitan, mientras usan su tronco para crecer y …

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Juan Fernando Uribe Duque/Opinión/el Pregonero del Darién

Fernando González decía que la universidad es como un gran árbol lleno de ramas, unas vitales con abundantes frutos, nidos y flores frescas, otras, mustias, con frutos descompuestos, nidos abandonados y flores marchitas, también plantas parásitas y enredaderas que lo debilitan, mientras usan su tronco para crecer y explayarse.

La realidad de la universidad pública en Colombia se siente amenazada por la tormenta privatizadora que un gobierno progresista como el actual no ha podido amainar, puesto que muchas de las amenazas vienen del interior mismo de la universidad con el pretexto de mantener un pretendido carácter público dentro de la pugna entre sus mismos estamentos, que si bien organizados, desconfían entre ellos e impiden concretar un movimiento en defensa de la institución.  Parece que el velar por las pretensiones salariales y de progreso económico para cada uno, fuera más importante que la misma universidad que los alberga. Ramas mustias, frutos descompuestos en verdad, más acordes con el accionar laboral de una empresa privada donde los ascensos y promociones salariales se dan con base al rendimiento económico. En el caso de los profesores universitarios, por la acumulación de puntos como vehículo de ascenso en el escalafón, o en la pretensión salarial a nivel de los sindicatos de trabajadores.

Más del 70% de los profesores en el caso de la Universidad de Antioquia, son llamados de “cátedra» puesto que obtienen su asignación salarial dependiendo de las horas contratadas para dictar clase en esta o en otras universidades, función en la cual al ser sus honorarios pactados por hora no generan sentido de pertenencia gremial y viven a la caza de más clases en otras instituciones para redondear una buena asignación. Estos docentes, aunque pueden pertenecer a la Asociación de Profesores, no se afilian, y en caso de presentarse algún movimiento reivindicativo no lo apoyan, o simplemente renuncian para “no perder tiempo”. El sentido de pertenencia es mínimo.

Otros estamentos como el estudiantado, anteriormente comprometido con la problemática social y política del país, ahora son en su gran mayoría exponentes de esa juventud individualista,  inculta y posmoderna, pendiente más de una pantalla, un celular o esperando la obtención de un cartón o un título para vincularse a la empresa privada o acceder a una especialización; o en la mayoría de los casos por ser estudiante de bajos recursos, sortear las necesidades que les genera la precariedad para pagar un crédito o emplearse por salarios mínimos al mejor postor, o en una agencia del Estado.

En Colombia cada año se gradúan casi 400.000 bachilleres y de ellos solo el 50% ingresa a la educación superior técnica o universitaria, siendo menos del 20% los que logran terminar sus estudios con el consiguiente aumento del desempleo juvenil y la posibilidad cada vez mayor de caer en el delito y engrosar las filas de los grupos armados de narcotraficantes y delincuentes bien sea urbanos o rurales. Quienes no sucumben a esta realidad pasarían a ser otros más de la franja de trabajadores informales precarizados por la esclavitud de la pobreza, o los supuestamente redimidos por la economía popular en tiendas o pequeños emprendimientos, aunque muchas veces dependientes del lavado de activos del narcotráfico: contrabando, casinos y comercio callejero o simplemente jornaleros.

Educar a la juventud es la meta impostergable y es con la política de gratuidad y tendiendo puentes que faciliten el ingreso y la culminación de sus estudios superiores, como el actual gobierno se ha planteado la situación con óptimos resultados en la construcción de nuevas sedes universitarias, colegios y facilidades de crédito diferentes al Icetex para más de 190.000 nuevos bachilleres que este año han ingresado a la educación superior, cifra que denota un franco aumento en comparación con el resultado obtenido en 2022. Los informes están a la vista y pueden ser consultados en las fuentes del Ministerio de Educación.

El tipo de estudiantes provenientes de los estratos populares y campesinos llegan a la universidad en condiciones muy precarias, pues además de su pobreza, las características intelectuales también son deplorables, así nos sorprenda que prácticamente sólo saben leer y escribir y alguna cosita de ciencias básicas y nada de humanidades, dada cuenta que del pensum de la educación secundaria fueron suprimidas asignaturas tales como historia, filosofía y cultura cívica muy acorde a los cánones obsoletos de tipo neoliberal  que imparte un gremio que ha sido lastimado y sometido a condiciones laborales y de capacitación francamente lamentables.

Una universidad que se define a sí misma como pública y en donde su competencia académica y funcional está en crisis y amenazada por la privatización toda vez que muchas autoridades departamentales y municipales apoyan en su intención a sectores del gran capital, es una institución que desconoce su propósito y el compromiso por educar a los más pobres en forma gratuita y de buena calidad. Así se evitaría el graduar profesionales mediocres sin espíritu crítico en un país que como el nuestro necesita desarrollar una conciencia nacional clara y comprometida con el momento histórico.

En esta coyuntura política y electoral hemos visto con tristeza que ya no existe ningún movimiento estudiantil que agite las banderas, tampoco en el estamento profesoral. En otras épocas estuvieran en las calles expresando un pensamiento comprometido con el bienestar de los más pobres, de esa franja de un millón de colombianos que apenas vive con cuatro mil pesos al día, o de aquellos siete que los hacen con ocho mil. Por fortuna este gobierno ha redimido a casi tres millones de compatriotas de este martirio creando fuentes de empleo y brindando a tres millones de viejos una ayuda mensual con la cual mitigar el hambre y obtener un poco de dignidad.

La universidad pública tiene que ser reforzada con un verdadero sentido de pertenencia y compromiso por parte de la juventud, en especial de aquellos muchachos que han crecido en la carencia y en la falta de oportunidades; que escasamente tienen para el pasaje y que permanentemente están esquivando el monstruo de la violencia, la drogadicción, el delito y el desespero.

Tanto profesores como estudiantes, egresados, trabajadores y pensionados, tienen que sentar su apoyo decidido a las propuestas en la elección de rectores que se avecinan como es el caso puntual de la Universidad de Antioquia, donde el gobernador neoliberal propone un candidato apoyado por una de las grandes firmas comerciales antioqueñas con quien pretende iniciar un proceso de privatización con propuestas de financiación y políticas curriculares y salariales muy acordes a las instituciones privadas. Por fortuna en los últimos tiempos se ha creado un espíritu de lucha en un gran sector del profesorado, que con la ayuda del gobierno que termina, sabrá sortear el impase y conservar el carácter público, nacional, científico y de masas de nuestra querida Alma Máter.

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