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Desde la UdeA analizan Fenómeno del Niño

Esos datos hacen prever situaciones difíciles en países americanos como Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, México y hasta en Argentina o Estados Unidos, entre otros.

(Foto de portada/Planta de tratamiento de aguas Francisco Wiesner, cerca de Bogotá, durate una sequía en 2024. El país seguramente enfrentará situaciones como esta. Foto: Wikimedia Commons / Camilo 24CH)

Carlos Olimpo Restrepo S. Periodista de la Dirección de Comunicaciones UdeA/Ciencia El Pregonero del Darién

Se prevé que el evento climático que apenas está empezando sea muy fuerte y alcance su pico máximo entre diciembre y enero próximos. La profesora e investigadora Paola Arias, de la Escuela Ambiental de la Facultad de Ingeniería de la UdeA, explicó cómo se está desarrollando el actual ciclo climático en el Pacífico Tropical y llamó a estar informados siempre en canales oficiales y medios confiables.Las primeras informaciones surgieron en marzo, se incrementaron en mayo y ya para finales de julio se confirmó la inminente ocurrencia, en el segundo semestre de 2026 y comienzos de 2027, de un fenómeno El Niño muy fuerte, en alusión al evento climático natural que se presenta periódicamente en el océano Pacífico tropical, y el impacto que tendrá sobre Colombia y países vecinos.
Las advertencias se sustentan en datos de organismos científicos como el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales —Ideam— en Colombia, la Oficina de Meteorología de Australia —BoM, por sus siglas en inglés—o la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos —Noaa—, entre otros. 
La velocidad con la que se está configurando este ciclo Enso —El Niño-Oscilación del Sur, como se conoce al proceso natural que altera la temperatura del Pacífico Tropical— ha sorprendido a los expertos, pues está rompiendo los márgenes habituales de predicción climática. Según Paola Andrea Arias Gómez, investigadora y docente de la Escuela Ambiental de la Facultad de Ingeniería de la UdeA, «ha sido un evento que se ha desarrollado más rápido de lo que típicamente estos fenómenos evolucionan, este año el Pacífico se calentó de forma más acelerada que en otras ocasiones». 
En su más reciente boletín , del pasado 24 de julio, el Ideam advirtió que la temperatura superficial y subsuperficial marina presenta valores por encima de lo normal en la franja ecuatorial del océano Pacífico donde se genera El Niño y que existe un 97 % de probabilidades de que las condiciones del fenómeno se mantengan hasta el primer trimestre de 2027.
En el mismo sentido, el BoM, en un reciente informe  de actualización climática, confirmó que el indicador Relative Niño 3.4 muestra una anomalía de temperatura de +2.20 °C, lo cual supera el umbral de +0.5 °C establecido por la ciencia para determinar la ocurrencia del evento. A esto se suman lo modelos de la Noaa, que proyectan que este ciclo se extenderá de forma prolongada y atípica hasta el primer semestre de próximo año.
Esos datos hacen prever situaciones difíciles en países americanos como Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, México y hasta en Argentina o Estados Unidos, lo mismo que Australia, Indonesia y otros estados ubicados en el Pacífico y el Índico.
Estos efectos no se manifiestan de manera uniforme en el planeta. En Colombia, por ejemplo, se proyecta un déficit de precipitaciones que se extenderá a sus periodos tradicionalmente húmedos, no solo a la época seca. Por el contrario, en Argentina los pronósticos apuntan a un incremento en el volumen de lluvias. Y todo esto traerá afectaciones sobre cultivos, ganado, embalses, personas y, en general, sobre los ecosistemas.

Prepararse sí, pero no alarmarse

Por lo anterior, más los antecedentes de situaciones similares en el país, en los últimos meses se repiten frases como «desastre anunciado», «desastre nacional», «El Niño más intenso», tanto en titulares de medios de comunicación masivos e incluso de boletines de organismos gubernamentales colombianos, para informar sobre este fenómeno meteorológico.
La docente Arias Gómez aclaró que «eso del súper El Niño o El Niño Godzila es la manera como los medios de comunicación lo nombran, pero entre los organismos especializados existen unas categorías que son El Niño débil, El Niño moderado, El Niño fuerte y El Niño muy fuerte y lo que dicen esas entidades científicas en este momento es que hay un 81% de probabilidad de que se presente un fenómeno de esta última categoría».
Para esta científica de la UdeA, quien también hace parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático —IPCC— de la ONU, la situación actual en el Pacífico también puede verse como «una señal adicional de calentamiento, que no es solo el que se da durante años El Niño, sino que es una señal de que la temperatura ha aumentado a lo largo de las últimas décadas. Y a eso es a lo que llamamos calentamiento global». 
Según la investigadora, la combinación de El Niño con aumento de temperaturas por otras causas, ya se ha registrado, con efectos sobre toda la Tierra. «El 2024 es el año que ha sido más cálido hasta el momento a escala planetaria, desde que se tienen registros, y en parte tuvo que ver con que el océano Pacífico, al haberse calentado entre 2023-24, ayudó a que todavía se calentara más el planeta (…) e independiente de lo que pase este año con El Niño, se espera que 2027 sea el año más cálido en los últimos milenios», advirtió.
Al aterrizar estas proyecciones globales en el territorio colombiano, el Ideam prevé que las regiones Caribe, Andina y Pacífica sean las de mayor vulnerabilidad ante el desabastecimiento hídrico. Ante la inminencia de sequía, altas temperaturas y niveles históricamente bajos de los embalses de generación de energía, el pasado 25 de julio el Gobierno Nacional declaró la situación de desastre nacional, para agilizar la ejecución presupuestal ante las emergencias que se presenten. Con anterioridad, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres —UNGRD— había emitido Circular 028 de 2026, mediante la cual se ordena a alcaldes y gobernadores la activación inmediata de planes de contingencia contra incendios forestales y desabastecimiento de agua potable. 

Para la profesora Arias, aunque estas respuestas gubernamentales se dan con aparente antelación, en realidad evidencian que el país reacciona ante la emergencia en lugar de prepararse con debida antelación. «Sabemos que hay vulnerabilidades en las poblaciones y ecosistemas, pero si tuviéramos una institucionalidad más fuerte, que trabajara más en la prevención, seguramente las personas y los diferentes entornos no se verían tan impactados por un evento como este», recalcó. En este sentido, destacó que «la vulnerabilidad de nuestros países viene desde muchos lados (…) pero hay algo muy fuerte y es la debilidad institucional, muestra de ello es que hay agencias e institutos estatales que funcionan con recursos y capacidades muy limitados».
Además de invitar a la ciudadanía a estar atenta a las recomendaciones de las autoridades nacionales y locales, la científica y docente de la UdeA también hizo un llamado a verificar siempre la información sobre este evento climáticos en canales confiables. «Aunque es evidente que nos enfrentamos a un evento de El Niño muy fuerte, debemos evitar el alarmismo y recurrir a las fuentes oficiales, dándole legitimidad a las instituciones que producen conocimiento. En un entorno saturado de noticias falsas en redes sociales, es vital tener criterio. Por eso, el llamado principal es a informarnos con rigor».

El fenómeno de El Niño de 1991-1992 llevó al Gobierno Nacional de la época a ordenar un cambio en la hora oficial colombiana. Imagen: Ideam.
 

 
 

Para entender mejor el evento climático

El ciclo Enso ocurre en el Pacífico Tropical, una inmensa masa de agua oceánica, que se extiende por más de 13 000 kilómetros entre Australia y Papúa-Nueva Guinea y las costas suramericanas de Colombia, Ecuador y Perú. Se trata de un fenómeno de ciclos irregulares de aumento o disminución de temperaturas, que se dan entre dos y siete años.
Cuando el océano se calienta —como en el fenómeno de El Niño— o se enfría —como en La Niña—, la atmósfera y el sistema climático terrestre responden. Durante El Niño, el calentamiento del océano actúa como una fuente masiva de energía que se transfiere a la atmósfera, lo cual provocando un aumento global de la temperatura planetaria. Sin embargo, los impactos no son iguales en todas las regiones.
El área costera de Suramérica se calienta considerablemente y esto altera la Zona de Convergencia Intertropical, una banda de nubosidad y lluvia que usualmente se ubica sobre Colombia en ciertas épocas del año. Al desplazarse esta zona hacia el suroeste del continente, las precipitaciones se concentran sobre el suroriente del país y en Perú y Ecuador, dejando el resto de nuestro país bajo condiciones más secas. Argentina o Alaska, que están muy lejos del Pacífico Tropical, también experimentan mayores lluvias durante El Niño, porque la energía extra en la atmósfera genera ondas que viajan y propagan señales climáticas hacia esas regiones.
Lo anterior muestra que los efectos de Enso, ya sea en su fase cálida o fría, no se limitan a la circulación atmosférica directa sobre el área calentada, porque el fenómeno opera mediante «teleconexiones», que son mecanismos que conectan regiones remotas. 

Wilmar Jaramillo Velásquez

Comunicador Social Periodista. Con más de treinta años de experiencia en medios de comunicación, 25 de ellos en la región de Urabá. Egresado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

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